Monday, March 13, 2017

ARSENIO Y LA LUNA

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Aquella noche, Arsenio se echó en la arena y se quedó mirando fijamente a la luna. Después le dijo:
– Quiero conocer al amor de mi vida. Concédeme ese deseo.
Todo seguía igual. Arsenio volvió a dirigirse a la luna:
– Envíame una señal de que me concederás ese deseo.
Pasaron unos segundos. Después, una estrella fugaz atravesó el firmamento. Arsenio se quedó lleno de dudas y dijo a la luna:
– Y ahora, envíame una señal de que lo anterior era una señal…


Frantz Ferentz, 2017

Tuesday, March 07, 2017

VENDETA DE LABIOS

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Carlota y yo nos miramos frente a frente. Estábamos en el baño, donde, por casualidad habíamos acudido ambas por sendas necesidades fisiológicas. Desde el viernes (estábamos a lunes), yo había estado rumiando el correo que ella me había mandado en que me echaba en cara no haber acabado con dos presupuestos. Había sido uno de los peores fines de semana del año. Y ella lo sabía, la zorra inmunda. Entonces miré al váter. Ella supo interpretar mi mirada.
— No lo hagas, no sé nadar —me dijo, pues había adivinado que yo quería meterle la cabeza en el váter.
Lo cierto es que me desarmó. Pero yo tenía que vengarme, necesitaba vengarme, ansiaba vengarme. 
— Venga, dame un abrazo y todo olvidado —le dije.
Ella accedió. Por eso, cuando salió del baño, no entendía por qué se había convertido en el hazmerreír de toda la oficina. Lo cierto es que Carlota nunca comprendió cómo había salido del baño llevando escrito en la frente con lápiz de labios "soy una huevona descerebrada" sin haberse dado cuenta. Mejor así, yo siempre he negado tener nada que ver con ese episodio vindicativo.

© Frantz Ferentz, 2017

Sunday, February 26, 2017

LA REUNIÓN

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A Lorena Zeggane
Cuando Alexandra acudió a la entrevista de trabajo, quiso saber de entrada si aquel era un empleo en que tendría que acudir a innúmeras reuniones. Estaba harta de participar en reuniones y reuniones, varias por semana, que no servían para nada, salvo para robarle tiempo.
— No señorita, aquí solo hacemos una reunión —le dijo el jefe de personal.
Alexandra firmó el contrato y fue invitada a participar inmediatamente en esa única reunión.
Cuando Alexandra murió, treinta y siete años después, la reunión aún no había acabado. Durante la misma, aún había visto morir a setenta y cuatro compañeros. Lo triste fue que no tuvo ni tiempo de despedirse de nadie antes de fallecer, sobre todo de un nieto que había tenido una semana antes, según había sabido por un mensaje de su hija.

Frantz Ferentz, 2017

Friday, February 24, 2017

LA PESADILLA

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Aquella noche, Ana tuvo el más extraño sueño que recordaba de los últimos años. Estaba sentada a la cena con su madre, quien le sirvió una especie de patata de un tamaño descomunal. Ana sabía que tenía que comérsela, pero no le cabía en la boca. Su madre la ayudó empujando. A Ana le vinieron ganas de vomitar, pero no podía. Finalmente, tras una angustia inconmensurable y gracias a los empujones de su madre, aquel extraño alimento se lo tragó.
Despertó sobresaltada, sudando. Todo había sido una pesadilla. Se levantó, se puso las zapatillas y fue a la cocina. Su madre la esperaba con el desayuno encima de la mesa. Ana se sentó sin más, mientras su madre aún freía algo.
— Mamá, ¿qué me has puesto para desayunar? —inquirió al ver aquella especie de enorme patata que flotaba en el plato con un extraño caldo y que, curiosamente, era igual que la que había tenido que tragarse en sueños.
Su madre, sin rostro, se giró hacia ella y le dijo:
— Eso se llama orgullo. Así que cómetelo ya antes de que se enfríe...

Frantz Ferentz, 2017

Thursday, February 23, 2017

EL APRENDIZ DE SPIDERMAN

Resultado de imagen para caja juegos spidermanBernhard había arrastrado aquel maldito juguete de Spiderman, una caja de juegos, con un álbum de cromos incluido más una careta del superhéroe por medio planeta, desde su Wolfsburg natal hasta Bogotá. El regalo, además de salirle bastante caro, se le comió una tercera parte del equipaje y le impidió llevarse su chaqueta de cuero preferida. 
El regalo de Spiderman era para el hijo de aquella mujer con que se había estado mensajeando durante casi un año por internet, alguien a quien ansiaba conocer. Se había encaprichado de ella y había cedido a sus peticiones de un regalo traído de Europa. Sin embargo, aquel no era el Spiderman-Potato que el niño quería. Simplemente, no lo había. Pero aquel era el juguete más educativo de Spiderman, de hecho era el único juguete educativo de Spiderman.

***

El encuentro con la mujer no fue todo lo afectuoso que él se esperaba. Se había traído al niño a recogerlo al aeropuerto.
— Es que yo sin mi Michael Jackon no voy a ningún lado —le explicó ella.
Michael Jackson resultó ser un salvaje que enervó a Bernhard en cuestión de minutos. Arrebataba el celular a su madre, la obligaba a llevarlo en brazos con cinco años, se sentaba entre los dos asientos del carro, gritaba como si Belcebú lo poseyera, comía con los pies en la mesa, se tiraba por el suelo y hacía el ángel, pero sin nieve, además boca abajo...
Bernhard intentó imaginarse la vida con aquella mujer al lado de tamaña criatura mal criada. Por un instante pensó que no había sido buena idea precipitarse en volar a Colombia para conocerla.
— Dale ya el regalo —dijo ella entre susurros en el parqueadero de un centro comercial del centro de la ciudad.
Bernhard accedió. Sacó el regalo de su mochila. Michael Jackson lo cogió con avidez.
— ¿Cómo se dice? —inquirió la mamá.
— Gracias...
En cuanto el niño hubo desenvuelto el regalo, sin llegar a abrirlo, dijo:
— No me gusta, no lo quiero. Esto no es lo que yo pedí.
Ahí ya Bernhard abandonó los buenos modales y se quedó mirando al niño todo serio, Una voz con marcado acento alemán, muy enojada, le dijo al niño que era un malcriado, un consentido, un pequeño tirano y que no se merecía ni ese ni ningún regalo.
La mamá se asustó ante aquel tono de voz que había dejado a su hijo quieto y en silencio:
— No te consiento que abronques a mi hijo, aunque tengas razón en lo que dices —se explayó ella.
Bernhard se volvió hacia la mujer y le dijo:
— No he sido yo, ha sido el propio juguete. Es un juguete educativo de Spiderman, por eso está realizando su papel, educa a tu hijo, así que le regaña...
Dicho lo cual, Bernhard salió del auto, besó a la mujer en la mejilla, llamó a un taxi y pidió al conductor que lo llevase de vuelta al aeropuerto.

Frantz Ferentz, 2016

Tuesday, February 21, 2017

EL TAXISTA

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Cada vez que el taxista pasaba por delante de una iglesia, se santiguaba. El centro de Quito estaba lleno de ellas, por tanto, no sé la cantidad de veces que el buen hombre se santiguó durante el trayecto a la calle La Gasca desde la plaza Grande. Todo ello me hizo pensar en esa herencia española que unos tanto ponderan y otros tanto critican, pero que es evidente en lo religioso y que también funciona a la hora de dirigir la vida de tanta gente.
Cuando llegamos al destino, el taxímetro marcaba algo más de dos dólares, pero el taxista me dijo:
— Son tres dólares con veinte, señor.
No había motivo que justificase aquel aumento. Me pareció un robo, por eso le dije:
— ¿Eso también es herencia española?
El taxista no entendió, lógicamente. Le di lo que me pedía y salí del taxi sintiendo la mirada del taxista taladrándome la nuca, mientras oía sus pensamientos gritarme "español de mierda", aunque él era, sin saberlo, mucho más español que yo.

Frantz Ferentz, 2017

EL MALTRATADOR

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Estaba atravesando Brandýsek como atajo a la autopista a Dresde. El día era cálido, agosto se manifestaba en su esplendor. Había conducido por aquella travesía urbana ya tres veces aquella semana, pero solo entonces vi a aquel tipo tirando del pelo de la mujer, obligándola a seguirlo. Además, le gritaba, mientras ella lloraba de dolor, de rabia, de desesperación o de todo a la vez. No pude evitarlo, me lancé hacia él con el auto. El golpe que propiné al hombre fue brutal, con el choque cayó hacia atrás, por un puentecillo donde, tal vez, aún corriera agua. Salí del auto y me acerqué a la mujer. Le pregunté:
— ¿Está bien?
Ella estaba en choque, pero no sé si por lo que estaba viviendo, si por cómo arrollé a su maltratador o por todo junto. Cuando, al cabo de unos segundos, pudo reaccionar, me dijo:
— Le has hecho daño, animal —me espetó—. Él me ama. ¿Qué voy a hacer yo ahora sin él?
Era lo que me faltaba. Me di la vuelta y volví a dirigirme al auto, no sin antes aún decirle:
— No te preocupes, a los hijos de puta los fabrican en serie. Verás como enseguida encuentras otro igual o mejor que este.

Frantz Ferentz, 2017

Monday, February 13, 2017

LA CALLE 12


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El probo ciudadano descendía en su bicicleta por la calle 12 de Bogotá en dirección a la plaza de Bolívar, cuando, de repente, vio aquellas dos jóvenes abrazadas, caminando embelesadas por la acera en la contemplación mutua. El probo ciudadano, hombre de bien y de sanas costumbres morales, no dejó de mirarlas mientras les recriminaba aquellas muestras de amor contra natura, gritándoles que parasen, soltando para ello una de sus manos del manillar de la bicicleta a fin de poder gesticular. Las jóvenes sonreían divertidas. Y también la calle, La calle 12 sonreía a su manera, por eso la tapa de alcantarillado no estaba puesta y se tragó la bicicleta. Y el probo ciudadano ciclista le gritó ya sin dos dientes a la calle que se equivocaba, que no era él quien merecía ser castigado, pero es que a la calle 12 aquello le hacía tanta gracia...

© Frantz Ferentz, 2017

Tuesday, January 31, 2017

POESÍA Y CIENCIA


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Cuando a Alžběta Skočdopolová, eminente hispanista checa, le pidieron que investigara cuál era el verdadero problema de la poesía española de inicios del siglo XXI, le bastó con visitar los primeros grupos poéticos de las redes sociales para comprender cuál era dicho problema. El primer grupo de poetas tenía más de 370.000 miembros. El primer grupo de lectores de poesía tenía 567 miembros. Fue consciente, no obstante, de que era mejor no contárselo a nadie, no fuera que la tachasen de carecer de rigor científico y fingir que seguía investigando el asunto. Al fin y al cabo, le habían concedido una beca para eso.

© Frantz Ferentz, 2017

Monday, January 30, 2017

TRES ERAN TRES LAS AMIGAS


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Fue una de tantas sugerencias de amistad que surgen en las redes sociales, aparentemente al azar, pero quién sabe qué las motiva. Ella se llamaba María Celia Rosa. En la foto de perfil salía con dos amigas. Eran tres divertidas cabezas sonriendo. 
Gonzalo se sintió atraído por la chica del medio. Algo en su interior le decía que podría tener buen sexo con ella. Era imposible averiguar quién de las tres era la dueña del perfil. No es que hubiera muchas fotos personales, pero en todas salía ella con sus dos amigas. Incluso una de ellas podría ser su hermana, pues se le parecía mucho.
Decidió pedirle amistad. Le gustaba mucho la chica del medio. Enseguida le texteó. Ella reaccionó rápido, se mostraba abierta. A Gonzalo le divertía aquella especie de lotería, pues de las tres chicas, dos eran más que decentes y la tercera era francamente fea. Lo importante para él era tener sexo pronto, quizá, quién sabe, hasta podría montarse un cuarteto. Por tanto, iba a arriesgarse, tenía un 66,66% de posibilidades de acabar con una de las guapas. 
Finalmente quedó con ella en un café del centro. Gonzalo llegó antes de la hora prevista. Buscó una mesa agradable. A las 4 en punto, la puerta giratoria del café se puso en movimiento. En ese momento, Gonzalo vio entrar las tres cabezas... en un solo cuerpo. Ella, o ellas, enseguida divisaron a Gonzalo. Se dirigieron hacia él. Gonzalo no podía esconderse. Además, todas las miradas del café estaban dirigidas hacia aquella criatura extraña.
— Hola, tú eres Gonzalo, ¿verdad? Nosotras somos María, Celia y Rosa —dijo la cabeza de enmedio—, hermanas triamesas. Encantadas de conocerte...

© Frantz Ferentz, 2017

Wednesday, December 28, 2016

EL CONCEJAL Y SU KARMA


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El concejal se disponía a abandonar su despacho en el ayuntamiento, cuando, ya en el pasillo, tropezó con una anciana gitana mal vestida. Ella llegó a caerse, pero él tan solo la miró con desprecio. Sin embargo, la mirada de la anciana desde el suelo se clavó en la retina del concejal, quien no pudo evitar recibirla. Además, la mujer le dijo:
— Tras una esquina, te las verás con la peor especie de karma...
El concejal, hombre hecho a sí mismo, curtido en lides políticas, ambicioso, sin cortapisas morales, amante del dinero, no habría hecho caso a aquellas palabras, pero con la compañía de aquella mirada no pudo evitar sentir un escalofrío. Salió a la calle. Intentó que el aire fresco lo aliviase, pero no. Estaba temblando. ¿Temblando él? Siguió caminando. Iba a girar a la izquierda. Pero alto, aquella era una esquina. Aquella vieja le había metido el miedo en el cuerpo. ¿Acaso no podría aquella maldita gitana haberle echado un mal de ojo, como le habían ya echado tantas veces, sin resultado alguno? Pero no, la gitana le auguraba mal karma.
Por eso siguió siempre por la calle adelante, sin tomar ninguna esquina. No se atrevía. Si seguía así, acabaría saliendo de la ciudad, o topándose con un muro infranqueable. Tenía que romper con su miedo. El karma era una pantomima. En cuanto llegó a la primera esquina, giró.
Y no pasó nada.
El concejal sonrió. Suspiró y se apoyó en la pared. Se encendió un cigarro y se aflojó el nudo de la corbata. Su barrigón comenzó a soltar gritos que sonaban como "hurra, hurra". Prosiguió andando, ensimismado en sus pensamientos, medio satisfecho pero también medio enfadado consigo mismo. Por eso, precisamente, no vio a la hermosísima mujer que surgió de repente tras una esquina. Se golpeó con ella. Ambos cayeron al suelo, rodaron. Él notó el olor a jazmín que emanaba de ella. Un perfume caro, sin duda. Quiso ser caballeroso. La ayudó a levantarse. Le pidió disculpas, lo hacía con la misma gracia que pedía el voto) y le preguntó:
— ¿Está bien, señorita? 
— Sí, sí, gracias —dijo ella con un marcadísimo acento catalán.
— Espero que nos volvamos a ver —dijo el concejal todo galante, mientras se alejaba de la mujer, sin darse cuenta de que, en la caída, la mujer le había robado con total limpieza la cartera, las llaves, el móvil, la tableta y los cuarenta mil euros en efectivo que llevaba en el bolsillo de la americana, aunque, a cambio, le había dejado un sugerente tanga en el bolsillo de la americana que la esposa del concejal no tardaría en descubrir, con una nota que decía: «Saludos de la Carme, justiciera del universo».
Y entonces, solo entonces, el concejal se daría cuenta quién era realmente aquella Carme, cuyo nombre, como todo el mundo sabe, se pronuncia "karma" en catalán. 

© Frantz Ferentz, 2016

Monday, December 26, 2016

DE PECADORES Y OTRAS BESTIAS


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Basado en palabras reales (cómo no)

El señor arzobispo se atusó la vestimenta. Quería salir radiante en la fotografía. Sus ropajes burdeos brillaban intrépidos. Puso su mejor sonrisa, aquella que en su juventud había cautivado tantas mujeres, pero que luego reservó en exclusiva para su dios.
— Es así —empezó a decir el monseñor en su declaración institucional, controlando los lógicos nervios de ser grabado por tantas cámaras y micrófonos—. Los creyentes de mi diócesis que se hayan divorciado y contraído matrimonio una vez más por el registro civil son bienvenidos a aceptar la sagrada comunión, siempre y cuando se abstengan de tener sexo y vivan su relación como si fueran hermanos. El señor dice que las parejas que se casaron te nuevo, así como los homosexuales, ya no deberían tener sexo porque eso podría hacer llorar al niño dios.
Tras aquellas palabras, su sonrisa brillaba más, su sotana burdeos brillaba más y hasta la gota de sudor que le caía por la sien derecha brillaba. Estaba orgulloso de su discurso. 
Por suerte, el señor arzobispo tuvo además los reflejos suficientes para notar que su cerebro volvía a salírsele por la oreja izquierda. Hubiera quedado muy mal que tal imagen la captase una cámara, pero su dedo meñique llegó a tiempo de taponarse el oído para así evitar que un trocito de su propia masa encefálica le manchase su impoluta sotana burdeos.

Frantz Ferentz, 2016

Thursday, July 07, 2016

MI PATRIA, MI COLMENA

Al orador se le quebraba la voz al hablar con tanta pasión de la patria. Sí, la patria, aquel pedazo de tierra que era más que tierra, era tierra sagrada, la tierra donde había nacido él y todas las generaciones que lo habían precedido, aquel polvo con rocas y vegetación que compartía con aquel enjambre de patriotas que seguían su discurso sin pestañear, que se emocionaban con él, que hacían coro a sus suspiros y gritos. La patria, sí, la patria, la mejor patria del mundo tocada por la mano de Dios.
No, no iban a permitir que un puñado de refugiados mancillaran aquella sacrosanta patria, que una manada de desharrapados atravesara sus fronteras y respirasen el mismo aire que ellos, los patriotas, respiraban. El orador no odiaba al diferente, simplemente no lo quería en su patria. No hablaba de matarlos, solo decía que debían quedarse fuera, donde los matarían, ah, mala suerte, que hubiesen sabido elegir a sus gobernantes. Problema suyo si sus niños solo podían comerse los mocos, pero la patria era la patria. Y los patriotas expulsaron a los refugiados, porque no eran parte de su patria ni estaban tocados por la mano de Dios, ni siquiera hablaban su lengua, ah, su lengua…
El apicultor se sintió un dios, se quitó los lentes de protección y sonrió satisfecho mientras observaba con placer cómo sus propias abejas expulsaban sin miramientos a aquellas abejas errantes que llegaban de fuera a la colmena de sus abejas. Por suerte, no miró al cielo, ni se preguntó si no habría allí arriba un hominicultor que lo observaba sonriente a él y a toda su especie de compatriotas.

© Frantz Ferentz, 2016

Monday, June 13, 2016

EL ALMA DE KEVIN


A Karen y su celular

Me encontré a Carla taciturna ante un café ya frío, extrañamente vestida de colores oscuros y con ojeras que quedaron a la vista en cuanto se quitó las gafas de sol.
— Kevin ha muerto —me dijo entre susurros.
Yo no sabía quién era Kevin. Pero sin duda era alguien importante para ella.
— Se ha suicidado...
Ahí el corazón me dio un vuelco. 
— O al menos eso creo —añadió a continuación.
En ese momento pensé que Kevin quizá no era una persona, sino una mascota, pero también a los animales de compañía se los quiere como a personas.
— ¿Quieres contarme cómo fue? —le pregunté con la voz más cálida que fui capaz de producir.
Ella se enjugó una lágrima y me dijo:
— Verás, creo que se hartó de mí. Ya no me soportaba...
Yo le acaricié la cabeza. Su pelo olía a camomila.
— Por eso, en un descuido mío, saltó desde mi mano. Quizá no era consciente de a dónde saltaba, pero cayó y se ahogó.
— ¿Dónde se ahogó?
— En el váter... Es que estos celulares modernos son tan inteligentes que ya hasta se hartan de sus dueños y toman sus propias decisiones, pero aún los fabricantes no los ha programado para entender que los móviles pueden morir... 

* * *

Una semana después me enteré de que Kevin había vuelto con su dueña. Un cartero y una nota de envío contrarreembolso devolvían a Kevin a las manos de mi amiga. Lo que ella ignoraba era que su celular era sumergible y que, en cuanto se perdía, aparecía un mensaje en la pantalla con la dirección de ella y un mensaje que decía: «Si me devuelves a mi dueña, ella te recompensará con 200$, gastos de envío aparte».

Frantz Ferentz, 2016

Saturday, June 04, 2016

CUESTIÓN DE NEURONAS

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Pasó un coche a nuestro lado dando bocinazos y con el copiloto sacando medio cuerpo por la ventanilla haciendo gestos obscenos a los viandantes.
— Hay gente que, efectivamente tiene una sola neurona y la pobre se deprime y se estresa… —comenté a mi amiga Paloma.
— Un amigo mío psiquiatra afirma que nadie tiene una sola neurona, que al menos todo el mundo tiene dos como mínimo —me dijo ella.
Me quedé pensativo. Sí, aquello tenía sentido. La gente como aquellos del coche tenían solo dos neuronas, pero dos neuronas enfrentadas, dos neuronas que se odiaban, dos neuronas que la mayoría del tiempo se ignoraban. Sí, eso explica por qué hay tanta estupidez en el mundo, por dos neuronas… no era culpa de la gente, era culpa de sus dos neuronas. Eso me quitó un peso de encima. Eso y que cincuenta metro más adelante, el copiloto se llevó una señal de ceda el paso los dientes y ya no podría seguir insultando. ¡Jodeos, neuronas!
Frantz Ferentz, 2016

Wednesday, April 20, 2016

LA ABOGADA



A Palomichu

Cada vez que P. Bordes tiene la sensación de que se va a ver fea en el espejo o le viene un asomo de depresión, reacciona al instante diciendo: 
— ¿A que te meto una querella criminal, eh?
Y eso no hay espejo ni mente que lo resista. Para algo ha de servirle ser la abogada más temida de este país, aunque pese eso, ella, P. Bordes, no consigue que alguien la quiera sin que medie una demanda judicial.

Frantz Ferentz, 2016

Thursday, April 14, 2016

EN VERSIÓN ORIGINAL


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P.A.C. había decidido que su libro poemas tuviese el título en inglés. Había múltiples motivos para eso, sobre todo para dejar claro que el posesivo, es decir, el destinatario de los poemas, era una mujer. De ahí que el libro se titulase Her Odes, porque si fuera Sus Odas, el matiz de género femenino no sería apreciable.
El poemario funcionó como suelen funcionar la mayoría de los poemarios, es decir, no funcionó. En dos semanas se vendieron cinco copias del libro en toda la ciudad. Hasta ahí todo normal, pero en el barrio más religioso de la ciudad las cosas fueron distintas. No es que se vendieran libros, no, fue más bien que la librería apareció el primer día llena de pintadas que decían: «Infieles» «Blasfemos». Como el librero no pareció enterarse de qué iba aquello, al día siguiente un fiel rompió el escaparate de la librería y lanzó un cóctel molotov, con lo cual la librería ardió por los cuatro costados.
El librero, hombre de bien, siguió sin entender el motivo de aquel ataque y llorando en mitad de la calle, preguntó al aire:
— ¿Por qué, por qué, por qué?
A lo que una pía señora del barrio de toda la vida le dijo:
— ¿Y usted qué se esperaba, incitando al odio?
El librero paró de gimotear, miró a la señora y preguntó:
— ¿Qué quiere decir, señora?
— Pues está muy claro —dijo ella mientras palpaba otro cóctel molotov en su bolso, a buen recaudo—. Usted vendía un libro sobre un hombre que incitaba al asesinato de niños inocentes… Y Dios lo ha castigado.
Y entonces, solo entonces, el pobre librero se dio cuenta que el título del poemario de P.A.C, para aquella gente no eran “sus odas”, sino simplemente “Herodes”, sin espacio entre el posesivo y el nombre.

Frantz Ferentz, 2016

Monday, March 07, 2016

DESHACERSE DE RECUERDOS

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El viejo encontró un modo de acabar con tantos recuerdos que lo hacían infeliz, recuerdos dolorosos, nostálgicos, que lo hacían sentirse un miserable en su soledad actual.
Lo que el viejo descubrió fue el modo de fumarse los recuerdos. Así, uno tras otro, se los fue fumando. Los recuerdos se iban consumiendo y acababan siendo humo.
Hubiera sido un método estupendo de acabar con los recuerdos si no fuera porque acabo con cáncer de memoria.
© Frantz Ferentz, 2016

Thursday, March 03, 2016

LA MUJER DEL BUEN NOMBRE

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Nuska era la mujer más buena que he conocido nunca. Era tan buena que a veces parecía ingenua o simplemente tonta. Ella misma era consciente de que la gente abusaba de su buena fe, pero ella no hacía nada por evitarlo. Quedarse de brazos cruzados antes el sufrimiento ajeno era lo peor que podía hacer.
En una ocasión, leyó en las redes sociales que su nombre significaba "la que da todo a cambio de nada". Lo malo es que ella se lo creyó. Me comentó en más de una ocasión que su problema estaba en su nombre, más bien en el significado de su nombre, pero Nuska no era sino el resultado de una borrachera de su padre, un butanero polaco emigrado a Madrid, que había querido que la niña se llamase Agnezka, en su lengua natal, el polaco, pero como no se le entendía, se quedó como Nuska, por lo que era imposible que aquel portal sobre el significado de los nombres tuviese razón.
Pero no, lo cierto es que aquel maldito portal tenía razón. Mi amiga venía marcada por su nombre, más bien por las siglas de su nombre y apellidos: Nuska Giménez Ortiz, que visto en inglés era NGO, y en español ONG. En efecto, ella era una ONG andante.

Frantz Ferentz, 2016

Sunday, February 28, 2016

EL PRESENTADOR DE LIBROS



El joven autor agradeció al viejo autor la presentación de su libro:
— Señor Gilmore, gracias por la espléndida presentación de mi libro que acaba de hacer. Me maravilla cómo ha sabido captar su esencia. Me alegro de que le haya gustado la novela.
— De nada, muchacho —respondió Gilmore encendiéndose un cigarro en la puerta del bar ya saliendo del local de la presentación—. En cuanto a tu novela, ya te diré si me gusta o no cuando me la haya leído…

© Frantz Ferentz, 2016

Saturday, February 20, 2016

EL DESEO



En cuanto el genio salió de la lámpara, Armán quiso pedirle tres deseos:
— Solo uno —le corrigió el genio.
— ¿Por qué?
— Porque estamos en crisis, también los genios.
— Está bien. Verás, como lo que más me gusta en esta vida es el fútbol, daría mi vida por poder estar siempre viéndolo en primera fila, mejor que nadie, sin pagar, sentir las emociones del deporte en mis propias carnes. ¿Me consigues un carné de socio de…?
Pero el genio no dejo acabar a Armán formular su deseo. Antes de que el hombre se diera cuenta, este ya era un balón de fútbol en un estadio cualquiera y acababan de pitar el inicio del partido. 
Y es que el genio odiaba el fútbol con toda su alma.

Frantz Ferentz, 2016

Friday, February 19, 2016

OTRA VEZ UN PRÍNCIPE AZUL



Ella se enjugó las lágrimas ante el espejo y se colocó la corona que tenía a su lado de cartulina y papel charol amarillo.
— Soy una princesa —le dijo a su imagen—. Pero no necesito ningún príncipe azul.
Toda decidida, salió a la calle, con la corona en la cabeza. Fuera ya era de noche. Paró el primer taxi que se encontró y dijo al taxista:
— Al centro.
— Donde tú quieras, mi linda, y si quieres, te acompaño, que puedo ser tu príncipe azul...
Ella no lo pudo evitar. Le salió su auténtica naturaleza. Otra vez. Ella aulló y a la vista quedaron dos colmillos a ambos lados de su boca. Luego, la garra de su dedo meñique derecho sesgó limpiamente el cuello del huevón del taxista, que empezó a sangrar y chillar a partes iguales. Ella no tuvo más remedio que bajarse del taxi, se estaba llenando todo de sangre y aquel cretino no paraba de gritar. Ya fuera, se dijo mirándose en el espejo retrovisor del carro:
— Soy una princesa, pero no necesito un príncipe azul. Pero ellos solo quieren que saque a la loba que llevo dentro, solo eso. Soy una princesa, soy una princesa…
Consiguió tranquilizarse y hacer desaparecer sus rasgos de licántropa, se volvió a ajustar la corona de cartulina y papel charol y se fue caminando en dirección al centro de la ciudad, otra vez enjugándose las lágrimas, otra vez odiando a los príncipes azules. ¿Por qué habría tantos?

Frantz Ferentz, 2016

LA MÁS QUE LOABLE LABOR DEL TRADUCTOR



Durante meses estuve recibiendo textos literarios cuya calidad lingüística era nefasta. Aunque echaba pestes sobre cómo escribía aquel cliente, un tal P.D.F., pero lo cierto es que me pagaba muy bien por mis traducciones, pues lo cierto es que mejoraba sustancialmente el texto de origen con mi traducción.
Probablemente podría haber seguido haciendo aquella labor durante años sin saber que realmente estaba lanzando la carrera literaria de P.D.F., quien, con el tiempo, se convirtió en un escritor consagrado. Descubrí por casualidad, en un congreso de traductores literarios, que yo traducía los textos de P.D.F. del español al inglés. Pero mis textos en inglés pasaban luego a una colega, quien, a su vez, los volvía a traducir al español. Aquella colega era, como yo, minuciosa en las traducciones y con un exquisito gusto literario.
De ese modo, P.D.F. se limitaba a entregar al editor los textos que le devolvía mi colega ya retraducidos. Así, con una doble traducción-recreación ES > EN > ES, aquel maldito P.D.F. conseguía un lenguaje literario extraordinario a costa de nosotros, los traductores…
Hasta aquel día en que, ya harto…

Frantz Ferentz, 2016

Sunday, February 14, 2016

¿Y ESO SE PUEDE?

— Abrázame antes de irte, ¿quieres?
— No. Si lo hago, después tendré nostalgias de ese abrazo.
— Pues no me abraces.
— Eso tampoco, porque después me sentiré como un tonto por no haberte abrazado.
— ¿Y qué vas a hacer?
— Parar el tiempo.
— ¿Y eso se puede?
(…)
— ¿Y eso se puede?
(…)
— ¿Y eso se puede?
(…)
— ¿Y eso se puede?
(…)
© Frantz Ferentz, 2016

Friday, February 12, 2016

PREDICAR CON EL EJEMPLO

Resultado de imagen de confessionDurante la homilía, el señor obispo insistió en que era voluntad de Dios que las mujeres prescindiesen de aquello que no necesitaban, es decir, de trabajar fuera y de su independencia, que era lo que Dios les pedía, que fueran sumisas y obedientes a sus maridos, que se ocupasen del hogar con entrega absoluta. ¿Igualdad entre hombres y mujeres? Nunca, eso no era lo que Dios les pedía.

Después de la misa, Amina fue a ver al señor obispo para pedirle consejo. Se coló en la sacristía evitando a los guardaespaldas del eclesiástico y lo alcanzó cuando ya estaba vestido de riguroso negro, salvo por el alzacuello.

— Señor obispo —se atrevió a murmurar Amina, que solo veía por el ojo derecho, porque el izquierdo lo tenía inflamado después de la bofetada de su marido—, ¿cree de verdad en eso de que las mujeres tenemos que prescindir de lo que necesitamos?

El obispo, hombre campechano, sonrió. Pese a que no aceptaba visitas inesperadas, aquella mujer menuda y maltratada no suponía una amenaza. De todos modos, en cuanto acabase, la mandaría echar, no fuera que se corriese la voz de que él era accesible.

— Sí, hija —dijo el eclesiástico alargando la mano para que la mujer le besase el anillo.

— ¿Y eso es aplicable a los hombres también?

Demasiadas preguntas, pero el obispo estaba de buen humor esa mañana.

— Los hombres, también. Así que di a tu esposo que deje de beber porque no lo necesita… Tenemos que corregir a nuestros hermanos, así lo quiere Dios.

Pero antes de que el hombre pudiera reaccionar, la mujer se abalanzó sobre él. Por un instante pensó que querría tener una aventura carnal, pero no. Tan solo unos segundos después, la mujer se separaba de él y abandonaba la sacristía, al tiempo que ella decía:

— Predique con el ejemplo, deshágase de lo que no necesita…

Y entonces, solo entonces, el obispo vio la mancha de sangre en su entrepierna, más bien una hemorragia. En el suelo, inerte, yacía su pene limpiamente cortado con un cúter en un charco de sangre.

Frantz Ferentz, 2016

Wednesday, February 10, 2016

EL DICTADOR



El dictador se atusó su robusto bigote negro que destacaba en su cuerpo de leño inexpresivo. 
— Presidente —le comentó su consejero—, no sé si se da cuenta que ya no es solo un presidente.
— ¿Qué estás insinuando? Mira que te mando ejecutar por contrarrevolucionario.
— Mi presidente, usted ya no es solo un presidente, es un superpresidente.
— ¿Eso es que soy como un superhéroe pero en presidente?
— Más o menos…
El presidente respiró profundamente, tan orgulloso de sí que su cuerpo superinflado de superego iba a hacer estallar su chaqueta militar.

***

El pueblo se levantó con la noticia de que su querido dictador había muerto. Corrían rumores de que se había suicidado, pero solo unos cuantos testigos sabían que el presidente había saltado desde la ventana de su palacio con una capa roja mientras gritaba: «Soy un superpresidente y puedo volaaaaaar!»

Frantz Ferentz, 2016

Tuesday, February 09, 2016

LA MUCHACHA QUE SE ALIMENTABA DE POESÍA

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Florencio Iglesias sonrió después de oír a aquella muchacha decir:
— Yo me alimento de poesía.
Era imposible de creer, pero ella le resultaba tan tierna que decidió ponerla a prueba.
— A ver si es verdad —dijo él—. Toma estos poemas y me dices que te parecen. Nos vemos aquí mañana a esta misma hora, ¿te parece?
Ella aceptó. Recogió la carpeta con poemas sin saber que eran del propio Florencio. 
Al día siguiente Florencio esperaba a la muchacha, pero esta no llegaba. Entonces recibió un mensaje en el celular. Decía:
«Estimado señor: perdone que no acuda a nuestra cita. Ayer por la noche me puse con los poemas que usted me dio y por la mañana amanecí con diarrea. Eran de pésima calidad. Estoy en la cama reposando. Saludos cordiales. K.»

Frantz Ferentz, 2016

Tuesday, January 12, 2016

¿ES QUE NO TE GUSTO?




— ¿Por qué no quieres salir conmigo? —preguntó ella—. ¿Es por mis rizos, por mi modo de vestir, por mi acento, por mi estatura, por mi modo de ser…? ¿Es porque fumo? ¿Es que no te gusto?
Él se pasó la mano por la boca. Masculló:
— Claro que me gustas, pero es imposible explicártelo…
Él tecleaba con los dedos en la mesa mientras pensaba que le resultaba imposible salir con ella porque confundía a ver con haber en todos y cada uno de los mensajes que ella le enviaba.

Frantz Ferentz, 2016

Friday, January 08, 2016

LA REACCIÓN


“Ten cuidado con las redes sociales, pues se volverán contra ti”, habían avisado a la diputada conservadora, pero ella, que había decidido seguir las directrices del partido y mostrarse moderna, se lamentó de la política de la alcaldesa progresista, acusándola de haber acabado con las ilusiones de su hija de seis años por poner una reina maga en la cabalgata de los Reyes Magos.
Fueron seis días de infierno en que las redes sociales se mofaron de ella sin piedad. Pero ella, la diputada moderna por convicción, escribió una columna periodística en que acusaba de basura intelectual a todos los que se movían por las redes sociales.
Y las redes reaccionaron nuevamente. La pregunta unánime fue: “Y si las redes sociales son basura, ¿tú por qué las usas?”, sin siquiera utilizar un respetuoso usted.
Pero ahí la diputada perdió, llena de iras, su compostura moderna y le salió el ramalazo tradicional, el de hija de terratenientes, el de señorita de clase alta y más, y respondió: “Yo no he escrito nada de eso. Es todo culpa de mi mayordomo, que me ha cogido el móvil sin permiso”.

Frantz Ferentz, 2016

Thursday, January 07, 2016

LA ÚLTIMA FIRMA


El último presidente conservador había perdido las elecciones, iba a tener que dejar el cargo, pero aun así, se iba contento, había privatizado todo lo privatizable en el país: el transporte, la industria, la energía, la educación, la sanidad, la investigación… Había incluso privatizado las relaciones humanas y la religión (las confesiones en el confesionario eran administradas por una empresa que cobraba dos euros por confesiones de cinco minutos). Sin embargo, antes de abandonar el cargo, iba a hacer la mayor privatización que nunca ningún presidente conservador liberal de toda la Unión Europea se había atrevido a hacer.
Momentos antes de abandonar el cargo, el presidente saliente firmó su último decreto: la privatización del Reino de España, que desde ese momento pasaría a llamarse España S.A.

Frantz Ferentz, 2016

Tuesday, January 05, 2016

UN HOMBRE TIERNO



Desde que habían empezado la relación tres semanas atrás, él no había hecho más que mostrarse como un hombre extremadamente sensible, atento, mimoso. Parecía que a ella le gustaba aquel modo suyo de ser.
– ¿Te gusta que sea tierno? –le preguntó él con ojos exageradamente tiernos.
– Ni te imaginas cuánto –respondió ella, al tiempo que le golpeaba con la sartén en la cabeza de repente.
Pero ahí ya él dejo de sentir nada. Ella, en cambio, se puso a preparar el horno y las salsas inmediatamente, porque sabía que un hombre tierno se ha de cocinar enseguida, antes de que, con el rigor mortis, la ternura haga que su carne se ponga dura.

Frantz Ferentz, 2016

Sunday, January 03, 2016

MAESTRO YODA EN LA PLAZA DEL CALLAO


El hombre estatua vestido de maestro Yoda en la plaza del Callao de Madrid atraía la atención de todos los viandantes. Todos se preguntaban cómo podía levitar en el aire, tan solo sostenido con un bastón. Hasta los policías municipales lo dejaban estar, intentando averiguar cómo conseguía realizar aquel truco. Todos se preguntaban si se sujetaba con hilos de nailon o si una corriente de aire del metro lo sostenía en el aire. Lo cierto es que se trataba de un complejo pero eficaz sistema de tubos de acero que entraban por su mano, seguían por su brazo y lo sostenían por los hombros. Sin embargo, la vieja chaqueta de cuero que debía aguantar todo el peso, ya comenzaba a dar señales de debilidad, señales de querer rendirse a la fuerza de la gravedad.
El falso Yoda sintió el crac de la túnica al rasgarse. Se vio en el suelo. Se vio perdido. Pero no. Lo cierto es que siguió flotando. No entendía cómo. Se mantuvo así hasta las dos de la madrugada, cuando ya decidió retirarse. Desmontó el andamiaje sin parar de preguntarse cómo había seguido levitando, levitando de verdad, pese a que su vieja túnica de cuero se había desgarrado. Y solo entonces lo vio. Vio a aquel tipo que probablemente había estado frente a él todo el tiempo que él había pasado convertido en hombre estatua, oculto por los peatones que formaban círculo a su alrededor. Parecía otro como él, otro actor de la calle que se ganaba la vida con un espectáculo callejero. Iba disfrazado de un jedi cualquiera de Star Wars, con espada láser incluida, pero no hacía nada, solo permanecía en pie, con la espada desenvainada brillando. Cuando el falso Yoda acabó de recoger sus bártulos, el jedi se le acercó y le dijo:
"No vuelvas a dudar del poder de la Fuerza. Ella es la que te ha sostenido en el aire. Que la Fuerza te acompañe".
Y empuñando la espada láser, el jedi se fue por la calle Preciados en dirección a Sol, perdiéndose en la noche.

Frantz Ferentz, 2016

Monday, August 03, 2015

ALGUIEN QUE ENCUENTRA TRABAJO



━ Hola, Eleonora, cuánto tiempo sin verte.
━ Hola, Petri.
━ ¿Y qué es de tu vida? ¿Al final encontraste trabajo?
━ Sí, sí, un trabajo estupendo gracias a las redes sociales.
━ Cuenta, cuenta.
━ Pues verás, un día recibí este mensaje: «Soy el capitán Murphy Usman de Canadá.Por favor, se puede saber su nombre real y de dónde eres, si no te importa? Pero en la actualidad en el mar Pacífico en Hungría trabajando bajo las Naciones Unidas.». Respondí al mensaje.
━ ¡Ah! y era un capitán de verdad con dinero y barco, ¿no?
━ Qué va, eran unos timadores rusos, pero eso ya lo noté yo desde el primer momento por cómo estaba redactado el mensaje. La cosa es que les mandé mi CV y les dije que yo podía ayudarlos a redactar sus mensajes en diez lenguas y evitar que escriban tonterías en los mensajes, como esa del Pacífico. Lo cierto es que me han contratado y gano un montón de pasta porque a ellos les va estupendamente.
━ Jo, no sabes cuánto me alegro. Fíjate, hasta yo me había dado cuenta de lo de Hungría y el Pacífico, porque todo el mundo sabe que el mar que pasa por Hungría es el Atlántico.

Nota: El mensaje reproducido es real.

Frantz Ferentz, 2015