Monday, January 08, 2018

LA FLOR DE LA BURUNDANGA

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— Esa es la flor de la burundanga —dijeron a Fernando cuando ya se acercaban a la cima del Monserrate en Bogotá.
Era una flor hermosa. Él bien conocía los efectos de la droga que se preparaba con ella: anulaba la voluntad de quien la tomaba. Buscó por internet cómo se preparaba la droga. Tenía suficientes conocimientos de química y de cocina como para prepararse una buena dosis.
Aquella misma noche, en el hotel, Fernando se echó a sí mismo polvo de burundanga en cacao. Quería anular su propia voluntad, dejar de ser el pánfilo hiperreligioso y reprimido que había sido toda la vida. Quería desreprimirse en la noche bogotana, con mujeres calientes y bebida sin límite.
Recuperó la conciencia muchas horas después, no sabía ni cuántas. Vestía turbante y chilaba, y se había dejado crecer la barba. Estaba sentado ante una cámara y ante él había un micrófono. Los focos lo cegaban, no veía nada salvo el micro. Segundos después, sintió un ligero toque en el hombro y Fernando empezó a jurar su cargo, aparentemente en pastún, de líder supremo de algún califato de Asia Central.

© Frantz Ferentz, 2018

Sunday, January 07, 2018

FREUD Y EL AMIGO INVISIBLE

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— Doctor, ya estoy preocupado. Todos mis amigos, familiares y colegas me han dado la espalda porque digo que tengo un amigo invisible. Me siento fatal, me hundo.
El psiquiatra carraspeó un momento y dijo:
— ¿Sabe lo que decía Freud? Que antes de autodiagnosticarse depresión u otras cosas, era necesario comprobar que uno no estaba rodeado de gilipollas.
El paciente sonrió y dijo aliviado:
— Tiene toda la razón, doctor. Ellos no entienden nada. Muchas gracias.
— No hay de qué. Viva su vida...
En ese momento el doctor recibió un mensaje en su celular. Lo abrió y lo leyó en voz alta:
— «Doctor, es usted un genio. Un saludo, Guido». ¿Pero quién es este Guido?
— ¿Guido? —respondió el paciente—. Guido es mi amigo invisible.  

© Frantz Ferentz, 2018

Saturday, January 06, 2018

LA IMAGEN DE LA EX

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Ella lo miró con pena cuando él le dijo:
— Pese a todo, no consigo olvidarla. Cada vez que cierro los ojos, la veo... Y me duermo viendo su rostro, aun con los ojos cerrados.
A él se le escapó una lágrima y cerró los ojos.
A ella le vino la idea de que quizá ya alguien debería decirle a aquel desgraciado que llevaba tatuada la imagen de su ex en ambos párpados.

© Frantz Ferentz, 2018

Thursday, January 04, 2018

EL SECRETO DEL CINEASTA


Resultado de imagen de FILMmakerHans Kabatek había convocado una cena en su casa con periodistas para hablar de su última película. Todos los reporteros insistían en preguntarle por el origen del sonido paralizante que había usado para reproducir el modo de hablar de aquel ser espeluznante que era la razón de ser del guion. Pero no señor, ante los periodistas que lo acosaban a preguntas, él solo indicaba que era un sonido real, que no era nada digital, pero se negaba a indicar de dónde había salido. Todos coincidían que aquel sonido gutural era uno de los grandes éxitos de la cinta y que se podría llevar por eso un premio, precisamente porque hacía saltar de su asiento al espectador al escucharlo. 
Justo entonces, el hijo pequeño de Kabatek, de tres años, se escapó de la cama aprovechando un descuido de la niñera. Corrió en pijama hasta su papá y se sentó en el regazo de su progenitor. Los periodistas contemplaron embelesados aquella tierna escena. El padre, pese a todo, no desatendió su promoción de la película y volvió a reproducir aquel sonido que congelaba la sangre.

Y solo entonces, el niño, sonriente, dijo:
– Esa es mamá... ella ronca así...

© Frantz Ferentz, 2018

Saturday, December 09, 2017

EL CELULAR MÁS INTELIGENTE

Resultado de imagen de smartphoneMe dicen que mi nuevo celular es lo más perfecto que existirá en décadas, que borra de manera inteligente. Me hace gracia, pero, como es un teléfono del trabajo, no digo nada. Escucho al técnico decir ante mi jefe que el celular inteligente borra todo aquello inncesario, que basta apretar un botón azul de la pantalla con un ícono de papelera. «Púlselo», me dice el técnico. «Claro, púlselo», insiste mi jefe. Pienso que ambos son estúpidos, pues aún no he empezado a usar el teléfono, de modo que no puede tener datos basura. Pero no voy a contrariar a mi jefe, así que pulso. Y entonces noto que el celular empieza a absorberme, me diluyo, mi cuerpo se borra, quiero gritar, pero no puedo, aunque aún puedo escuchar al hijo de puta del técnico decirle a mi jefe: «¿Ve lo inteligente que es este celular? Él solito decide lo que es basura y lo que no. Y actúa en consecuencia...»

© Frantz Ferentz, 2017

Friday, December 08, 2017

UN ALÓFONO LETAL

Resultado de imagen de chinese bazaarEntro apurado en el bazar chino. Son las once de la noche. Está a punto de cerrar pero, por suerte, no lo ha hecho aún. El dueño se ríe en animada conversación con su esposa y tres chinos más que están en el bazar. Me alegro de que aún no haya cerrado. "Una garrafa de agua y una barra de pan", le digo. Él me sonríe y luego mira a sus conciudadanos. "¿Una galafa y una bala?", me pregunta. "Sí", respondo yo. "¿Segulo?", insiste él. Vuelvo a decir que sí. Entonces el pone la garrafa de cinco litros encima del mostrador y dice "galafa". Luego se agacha y saca un arma. Creo que es un revólver. No entiendo de armas. A continuación me dispara una vez mientras pronuncia "... y bala". Entonces siento una quemazón indescriptible en el pecho, pero antes de desvanecerme para siempre, recuerdo a aquel otro chino que, años atrás, señalaba el paquete de churros que acababa de comprarme para el desayuno, y por fin entiendo que cuando aquel pronunciaba "chulo" no me llamaba "chulo", sino que me preguntaba dónde había comprado el paquete de churros, pero aquel chino, como este, conscientemente o no, implementaba conmigo su lengua mortífera, pero ya es demasiado tarde para echar la culpa de nada a la fonética, pero la cuestión es que me muero a causa de un alófono de mierda...

© Frantz Ferentz, 2017

Monday, November 20, 2017

VIOLETA Y EL KARMA

Resultado de imagen de arpiaVioleta calculó cada uno de sus pasos con toda la frialdad que pudo (y que era mucha). Las venganzas, le decía su abuela muerta, se tienen que hacer siempre en frío. Por eso, ella había esperado tantos meses para su venganza, justo hasta que él regresó por un tiempo al país, aunque solo ella supiera de qué y por qué se vengaba, porque él, después de tantos meses, seguía ignorando el porqué de aquel silencio de ella.
A través de una amiga común, Violeta le hizo llegar una caja embalada. Ya se imaginó la cara de él al abrirla y no encontrar sus objetos personales, aquellos que él, indirectamente, por medio de terceras personas, le había pedido. Visualizó cómo él se percataría de que aquellos objetos personales no estaban (Violeta los había vendido, era parte de su venganza) y, en cambio, estarían todos los libros que él le había regalado, que eran muchos. Casi creyó oír el gemido de él al abrir la caja y encontrarse todos sus libros devueltos, pero no los objetos personales. Sabía que un libro regalado con el corazón que es posteriormente devuelto era una puñalada en ese mismo corazón.
No oyó el gemido desgarrador, pero sí un sonido suave que anunciaba un correo en su celular. Pensó que, pese a su total silencio, él quizá fuese capaz de escribirle y pedirle explicaciones. Ella no lo haría. Con todo, el correo no era de él, en cambio, tenía un remitente extraño: karma@karma.kr.
Violeta no pudo evitar la curiosidad. Lo leyó.
Estimada Violeta:
Supongo que sabes quién soy. Solo quería decirte que tu venganza se ha convertido en una bendición. Verás, los libros que enviaste a quien vos ya sabes, han acabado en las manos de personas que se han alegrado de recibirlos.
Tuyo:
El Karma.
Aquello tenía que ser una broma, una maldita broma, quizá hasta un tipo de venganza de él. Aunque no había visitado su perfil en las redes sociales desde hacía meses, lo visitó. Se creó un perfil falso y vio que el contenido del mensaje era cierto. En uno de los mensajes, él decía:
«Gracias al karma, recuperé mis libros y pude compartirlos con quien realmente quería leerlos».
Aquel comentario enojó profundamente a Violeta. Su venganza se había convertido, efectivamente, en una bendición, en un regalo. Sin pensárselo dos veces, respondió al mensaje del supuesto karma pidiéndole que se explicase.
Apenas unos segundos después, el karma le respondió:
Mi querida niña, 
Para que me entiendas cómo funciono, te lo explicaré en términos sintácticos, porque vos trabajas como profe de lengua: la venganza es una oración activa como "Violeta ha jodido a su amigo", que yo, el karma, transformo en pasiva y te sale: "Violeta ha sido jodida", o mejor aún, en ergativa: ·"Violeta se ha jodido".
Tuyo.
El Karma
© Frantz Ferentz, 2017

CELIA Y SUS POESÍAS O LAS POESÍAS Y SU CELIA


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Celia se desveló en medio de la noche por un dolor abdominal. De repente a su mente volvieron las imágenes de la tarde anterior cuando defendió con vehemencia la base de la amistad para poder escribir poesías, tanto que hasta habló de ello tres horas: sin amistad no hay poesías. Recordó igualmente la cara de incredulidad de aquellos que se las daban de poetas, pero que no entendían un carajo de poesía, aquellos que hablaban de estilo, de técnica, ¡paparruchas!. Ella sí que sabía, ella podría dar lecciones de poesías a toda España. Ella sabía, además, que las poesías era la mejor terapia para el alma y, cómo no, para el cuerpo.
Celia se levantó, tomó un bolígrafo, su cuaderno íntimo y compuso unos versos.

Ah, voces de la antipatria
que profanáis la rojigualda con vuestras palabras. 
¡Canallas!
Las poesías
son mis armas, ¡escuchadlas! 
Malditos seáis separatistas
que os colgáis medallas como butifarras...

Y entonces sí, después de componer aquella patriótica poesía, el cuerpo de Celia se tranquilizó y la mujer menuda puso en práctica su principio de que las poesías son terapéuticas. Entonces ya sí pudo, por fin, ir al baño y hacer de vientre.

© Frantz Ferentz, 2017

Friday, August 25, 2017

DE ESCOTES Y POESÍA

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Ella siempre destacaba en todos los recitales poéticos. Al final de las lecturas, en las sesiones de fotos, se colocaba al lado de los poetas hombres (ignoraba a las mujeres) y se fotografiaba del brazo de ellos, con una sonrisa cogida con pinza y con un escote de vértigo. Debo reconocer que siempre me fijé en ese escote, que nunca conseguía asociar con la poesía. Cuando, al cabo de algún tiempo, al final de un recital, llegué a entablar conversación con ella y posteriormente cierta confianza, le pregunté si ella escribía también poesía:
«Sí, escribo poesía, pero no he tenido mucha suerte como poeta».
Me mostró algunos de sus versos. Eran francamente malos. Solo entonces se me ocurrió asociar su poesía con sus escotes. No me mordí la lengua, por eso le comenté:
«Ya, y por eso lo de tus escotes en los recitales... Promueves tu poesía por el escote».
Ella estaba acostumbrada a aquel tipo de comentarios, así que me respondió:
«Tú no sabes nada», dijo muy digna. «Mis pechos hacen rima».
A lo cual yo le repliqué:
«Ya, pero ¿asonante o consonante?».
Ella frunció el ceño y se alejó de mí no sin antes aumentarse el escote... poéticamente, imagino.

© Frantz Ferentz, 2017

Saturday, July 22, 2017

SIN FIN

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A Lorena Zeggane

Lorena había perdido totalmente la noción del tiempo. Abrió un momento su celular y vio que tenía 12.780 mensajes sin leer, 3.346 correos sin abrir y 1.927 llamadas perdidas. No era posible, en pocas horas no podía haber acumulado tantas llamadas. Se disculpó y salió de la sala de reuniones. Primero marcó el número de su casa. Enseguida llamó a su hijo, que se había quedado con unas décimas de fiebre antes de ella ir al trabajo. En cuanto oyó la señal, dijo:
«Hola, mi amor, soy mamá...», pero enseguida una locución le dijo que aquel número estaba fuera de uso.
Inquieta por no saber qué hacer, se fue al baño. Allí se miró al espejo. Le costó reconocerse. Se vio al menos diez años mayor. ¿Qué estaba pasando? ¿Había perdido la noción del tiempo? Descolgó el espejo del baño y se lo llevó a la sala de reuniones. Lo colocó en frente de su jefe, para que se viera bien reflejado y le gritó:
«Pero no se da cuenta que esta reunión ya dura al menos diez años?».
El jefe no se inmutó. Interrumpió su exposición de ventas, llamó a su asistente y le dijo:
«Por favor, relaje a la señorita Medina...».
Lorena recibió un halo de luz que la hizo caer al suelo. Lentamente se levantó. Su jefe la miró con una sonrisa paternal y le dijo:
«Cálmese, no tiene nada mejor que hacer. Todas las personas que usted conocía hace ya cien años que murieron. No hay nada como vivir en este bucle de reuniones...»
Lorena perdió los nervios. Se lanzó sobre su jefe. Cogió a un cúter y le rebanó la garganta, pero en vez de sangre, solo le salieron ceros y unos, ceros y unos, ceros y unos, ceros y unos...

*  *  *

«Señorita Medina, despierte». La voz del jefe hizo despertar a Lorena. Sí, se había quedado dormida.
«Mire, como se vuelva a dormir en una reunión como esta, tan importante, la boto a la calle, ¿me entendió? Que parece que nuestras reuniones duren cien años», añadió después ya dirigiéndose al resto de empleados, buscando la risa cómplice de estos.
Y entonces Lorena agarró la cuchilla, se abalanzó sobre su jefe y le rebanó el pescuezo. Y entonces sí, entonces salió sangre, a borbotones, no muy roja, porque un animal de despacho como aquel probablemente tenía anemia.

© Frantz Ferentz, 2017

Friday, June 23, 2017

VIOLETA ENAMORADA

Resultado de imagen de black violetPavel conoció a Violeta de una manera fortuita, en un recital de poesía que él había organizado a mediados de marzo y al cual había faltado una poeta invitada por un inoportuno accidente de tráfico. Otro de los poetas, Antón Kirchen, se la presentó. «¿Vos escribís poesía?», le preguntó él. «Sí», respondió ella tras dudar un instante. «¿Querés hoy leer poesía acá con nosotros?». Ahí ella ya no dudó. «Sí». Desde ese momento, fueron dos meses de una relación intensa que se inició al ladito mismo de la avenida Corrientes y que transcurrió casi toda en Reconquista, en el apartamento que él había alquilado para su estancia en Buenos Aires. Fueron dos meses en los que ella escribió en su diario que aquel extranjero se había enamorado de ella y de su poesía, que creía que nunca iba a salir de aquel agujero que sus parejas anteriores se habían ocupado de cavar concienzudamente, donde le contaba algunas de sus intimidades, de sus traumas (no todos), y le confesaba que su abuela muerta siempre la acompañaba, que de hecho ella le hablaba y gracias a ella lo había conocido a él, a Pavel, aquella noche de marzo, pues ella fue quien la había inspirado para acercarse al recital. Dos meses después, él le publicó un libro y le pidió participar en otro. Aquel extranjero la llevó a recitar poesía a un local de la calle Viamonte y la dejó en la cresta de la ola. «Me has hecho sentir mejor que nunca. Sos un milagro, un ser superior, mi alma gemela...», le dijo Violeta. Aquel centroeuropeo se derretía ante aquella mujer morena, hubiera dado cualquier cosa por ella, de hecho lo estaba arreglando para que ella fuera a vivir con él en Europa. Sabía que, a través de la literatura, había reconstruido la autoestima de Violeta. Él, para ella, era un ángel y así se lo hizo saber en varios poemas que le escribió.
    Y de repente, nada. Ella fue silencio. Violeta no respondió más a sus llamadas. No hubo lecturas de mensajes. No hubo nada. Hasta los boletos pagados a Europa fueron papel mojado. Ella desapareció. Él la esperó inútilmente en el aeropuerto y regresó sin ella a Europa. Pavel no obtuvo respuestas. Pensó en ataques de locura, en presiones de la familia, en un secuestro, en malinterpretaciones de algo que no alcanzaba a entender... cualquier cosa, pero nunca obtuvo una respuesta, pues nunca llegó a saber la mañana antes de la partida que, de repente, a Violeta se le caía el mundo encima. Su abuela muerta la esperaba sentada en el sofá del salón, con sonrisa de niña pícara, cuando ella ya iba a salir por la puerta con la maleta, y le dijo: «A ver si encuentras tu pasaporte». 

© Frantz Ferentz, 2017

Thursday, June 01, 2017

EL GRAN EMPRENDEDOR

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"Harold", le gritaba su madre, "deja de morderte las uñas".
Pero Harold, al que castigaban impunemente por morderse las uñas, tanto en casa como en el colegio, decidió que todos los chicos del lugar se mordiesen las uñas como él. Para conseguirlo, inventó un elixir que, a modo de pintaúñas, daba sabor a las uñas. Podían saber a fresa, melocotón, albaricoque, arándano... incluso maracuyá. Fue todo un éxito, todos los chicos de la villa se mordían las uñas con fruición. En una semana ganó 500 dólares y fue el inicio de su meteórica carrera empresarial... Y precisamente esa había sido la clave de su éxito: la rebeldía llevada al extremo...
Harold Smith es actualmente uno de los mayores emprendedores del planeta. Y la rebeldía ¿la ha perdido? No, no la ha perdido, eso nunca, hoy en día la aprovecha sabiamente financiando grupos de rebeldes armados que se dedican a derrocar gobiernos que no le dejan hacer negocios libremente.

© Frantz Ferentz, 2017


EL COMPLEJO DE PENÉLOPE


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– ¿Por qué vos te identificas con Penélope? –preguntó Marisa.
– Pues porque a mí, como a ella, no me duran casi nada los amantes. Es que los pruebo y a la final ninguno me convence.
– Ya, qué vida tan triste... Por cierto, tienes restos de carne entre los dientes –comentó Marisa.
– Huy, sí perdona, ahorita me limpio. Son restos de mi último amante. Este casi me convence, pero me pasé con el ají, aunque él ya era bastante picante.

© Frantz Ferentz, 2017 

Sunday, April 09, 2017

LA SENSIBILIDAD DEL SICARIO

Resultado de imagen para killerCada vez que Norberto Miguel, sicario de profesión, soltaba dos balazos en la sien de su víctima y lo veía caer, improvisaba en la piel del muerto unos versos de su invención. Luego los fotografiaba y se los mandaba al cliente para que comprobase que el objetivo había sido abatido. Cada vez que completaba cincuenta asesinatos, publicaba un poemario, pero no en papel, sino en piel humana, para lo cual mataba gratis, al primero que se le cruzaba, solo por poesía...

Frantz Ferentz, 2017

Monday, March 13, 2017

ARSENIO Y LA LUNA

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Aquella noche, Arsenio se echó en la arena y se quedó mirando fijamente a la luna. Después le dijo:
– Quiero conocer al amor de mi vida. Concédeme ese deseo.
Todo seguía igual. Arsenio volvió a dirigirse a la luna:
– Envíame una señal de que me concederás ese deseo.
Pasaron unos segundos. Después, una estrella fugaz atravesó el firmamento. Arsenio se quedó lleno de dudas y dijo a la luna:
– Y ahora, envíame una señal de que lo anterior era una señal…


Frantz Ferentz, 2017

Tuesday, March 07, 2017

VENDETA DE LABIOS

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Carlota y yo nos miramos frente a frente. Estábamos en el baño, donde, por casualidad habíamos acudido ambas por sendas necesidades fisiológicas. Desde el viernes (estábamos a lunes), yo había estado rumiando el correo que ella me había mandado en que me echaba en cara no haber acabado con dos presupuestos. Había sido uno de los peores fines de semana del año. Y ella lo sabía, la zorra inmunda. Entonces miré al váter. Ella supo interpretar mi mirada.
— No lo hagas, no sé nadar —me dijo, pues había adivinado que yo quería meterle la cabeza en el váter.
Lo cierto es que me desarmó. Pero yo tenía que vengarme, necesitaba vengarme, ansiaba vengarme. 
— Venga, dame un abrazo y todo olvidado —le dije.
Ella accedió. Por eso, cuando salió del baño, no entendía por qué se había convertido en el hazmerreír de toda la oficina. Lo cierto es que Carlota nunca comprendió cómo había salido del baño llevando escrito en la frente con lápiz de labios "soy una huevona descerebrada" sin haberse dado cuenta. Mejor así, yo siempre he negado tener nada que ver con ese episodio vindicativo.

© Frantz Ferentz, 2017

Sunday, February 26, 2017

LA REUNIÓN

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A Lorena Zeggane
Cuando Alexandra acudió a la entrevista de trabajo, quiso saber de entrada si aquel era un empleo en que tendría que acudir a innúmeras reuniones. Estaba harta de participar en reuniones y reuniones, varias por semana, que no servían para nada, salvo para robarle tiempo.
— No señorita, aquí solo hacemos una reunión —le dijo el jefe de personal.
Alexandra firmó el contrato y fue invitada a participar inmediatamente en esa única reunión.
Cuando Alexandra murió, treinta y siete años después, la reunión aún no había acabado. Durante la misma, aún había visto morir a setenta y cuatro compañeros. Lo triste fue que no tuvo ni tiempo de despedirse de nadie antes de fallecer, sobre todo de un nieto que había tenido una semana antes, según había sabido por un mensaje de su hija.

Frantz Ferentz, 2017