Sunday, February 20, 2011

LA ÚLTIMA FRONTERA

— ¿Y dice usted que, cuando abrió el emilio, es cuando recibió el golpe en el ojo que le ha provocado ese hematoma? —preguntó el agente de policía al denunciante. 
— Efectivamente —aseveró el segundo. 
El policía se le quedó mirando mientras jugueteaba con un bolígrafo que hacía botar sobre la mesa. Era evidente que no se lo creía. La víctima se dio cuenta de que el policía no lo tomaba en serio. 
— ¿No me cree? 
El policía solo sonrió levemente. 
— ¿Me permite acceder a mi correo electrónico desde aquí, desde su ordenador? —preguntó la víctima. 
El policía, aún sonriendo, giró el monitor y puso el teclado ante el denunciante, el cual, sin perder un momento, entró en su correo electrónico y en cuestión de segundos tuvo a la vista el correo que, desde Argentina, le había enviado un desconocido con un poema. 
— Ábralo, abra este emilio. —pidió la víctima. 
El policía, divertido —era domingo y, por tanto, tenía poco que hacer—, obedeció. Pinchó en el emilio que le indicaban. Y entonces apareció un poema escrito en fuente 140 puntos que saltó fuera de la pantalla materializado en un flujo de letras negro, como un chorro a presión, y que golpeó al agente en la frente, haciéndolo caer al suelo tirándolo de la silla. El flujo, después, se fue desvaneciendo en el aire, aunque algunos grupos de palabras se quedaron pegados a la pared. 
— ¿Me cree ahora? —preguntó el denunciante al policía que comenzaba a recuperarse del golpe intentando ponerse en pie—. Es lo que llaman poesía agresiva… Ya ve usted por qué, ¿verdad?


© Frantz Ferentz 

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