Friday, February 25, 2011

OLVIDAR

Álex quería olvidar. Pero no quería olvidar cualquier triste experiencia pasada, no, lo que Álex quería olvidar era un idioma. Precisamente conocer el alemán le había traído problemas, muchos problemas. Desde que había comenzado a estudiarlo, todo habían sido esfuerzos, pero sobre todo desde que una vez alcanzado cierto nivel, había empezado a hacer traducciones de ese idioma. 
Ganaba poco, porque estaba mal pagado, pero se tiraba horas y horas traduciendo con todos los medios a su alcance delante del ordenador, incluso pidiendo favores a conocidos para que lo ayudasen en momentos concretos, que a veces requerían llamadas de madrugada.
Por eso, Álex había llegado a la conclusión de que saber alemán tan solo le había causado problemas, muchos problemas. Ni siquiera dominaba el idioma, pero además se gastaba un dineral en materiales para su estudio.
Mientras paseaba por la vera del río recordó cómo había empezado a aprender aquel idioma cuando se enamoró (más platónica que realmente) de una espectacular alemana de Berlín (¿o era de Dresden?). Tanto esfuerzo para nada.
Sin embargo, Álex no sabía cómo se podía olvidar un idioma. Había leído que cuando una lengua no se usa, esta se acaba olvidando, pero lo cierto es que eso le había pasado con el francés, que a fuerza de no usarlo se le iba olvidando, pero a un ritmo tan lento que calculó que necesitaría doscientos cincuenta años para olvidar el alemán.
Mientras se rompía la sesera intentando pensar en el modo de olvidar aquel maldito idioma, de sacarlo de su cabeza, contemplaba la corriente del río, un tanto sucia, seguir su sempiterno recorrido hacia el mar, hacia una lejana ciudad en otro país. Y justo en ese momento, una idea vino a su mente: la hipnosis.

* * *

Cuando Álex se despertó de la sesión, el hipnotizador se lo quedó mirando con su perilla y sus ojos aumentados por las lentes de hipermétrope.
– ¡Che, Álex! ¿Recordás por qué estás acá?
Pero Álex no respondió, solo miraba.
El hipnotizador, un experto psicoanalista, le explico:
– Te hice una limpieza cerebral. Fue como borrar y reformatear el disco duro, ya me entendés, ja, ja, ja...
Pero Álex no entendía lo que le decían. De hecho no entendía el lenguaje humano, fuere el que fuere. Aquel hipnotizador, que previamente había sido técnico informático, había hecho una limpieza a conciencia, tanto que Álex, cuando se levantó del diván comenzó a aullar como un mono, a correr a cuatro patas como un simio y saltar por las lámparas de la consulta del psicoanalista buscando un árbol en que iniciar una nueva vida.

© Frantz Ferentz

2 comments:

Gemma said...

Dios !!! qué necesidad hay de olvidar? Olvidar es "morir"

Xafrico said...

Bueno, a parte de la ficción, creo que sí se puede (y se debe a veces) olvidar. Pero en fin, como dicen los portugueses: "cada quem é cada qual".