Saturday, February 19, 2011

POR FIN, JUSTICIA


Carla acabó de componer su poemario un viernes, pero el lunes ya lo tenía preparado para enviarlo a sesenta y siete editores de poesía distintos. Se había pasado todo el fin de semana buscando direcciones de editores de poesía (aunque uno era de gastronomía y otro de viajes exóticos, pero también aquellos tendrían su lado poético, pensaba Carla) y el lunes tenía listos los sobres con etiquetas y el manuscrito dentro.
Se dejó mucho dinero en el envío, pero no le importó. Por si eso no bastase, hizo un envío de su poemario en PDF a unas setecientas direcciones de correo electrónico.  Estaba convencida de que "quien la sigue, la consigue".
Ya el miércoles, dos días después, Carla comenzó a tener noticias. Ocurrió muy temprano, hacia las siete de la mañana, cuando ella aún dormía. Un grupo de policías de operaciones especiales, fuertemente armados, irrumpieron en su piso. A ella se la llevaron detenida a los juzgados y los agentes se incautaron de su ordenador y de una caja de galletas danesas de marca desconocida, por si acaso aquel producto de importación provocaba alucinaciones.
En cuestión de horas Carla fue juzgada en juicio rápido acusada de atentar contra la salud mental de casi un millar de personas por escribir unos versos que incitaban a la desesperación y en el caso concreto de un editor, a una tentativa de suicidio.
Como no tenía antecedentes, se le impuso una pena de 7.500 euros y orden de alejamiento del ordenador durante seis meses.


© Frantz Ferentz, 2011 

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