Thursday, March 31, 2011

LA DENUNCIA


— Buenas tardes, ¿doña María Lecumberri?
— Sí, soy yo.
— Verá, soy representate de la Sociedad General de Autores, la SGAE. Tiene usted una denuncia de su hijo.
— ¿De mi hijo, de mi hijo Gabriel de siete años?
— Sí.
— ¿Y por qué?
— Por haber contado la vida de su hijo a la psicóloga del centro y publicado en su blog personal varios dibujos sin antes haber pagado los derechos de autor al propio Gabriel.
— Hijo puta, el niño...
— Señora, ándese con ojo, que podría acusarla además de injurias a la madre del artista.

© Frantz Ferentz, 2011

OFERTA



Por incompatibilidades psicológicas, individuo con doble personalidad regala su otra personalidad a persona con poca o ninguna personalidad.

© Frantz Ferentz, 2011

Wednesday, March 30, 2011

CAMBIO DE PAPELES



La activista se acercó a la pareja.
— Señora, como mujer le hablo, apoye nuestra causa, nosotras tenemos los mismos derechos que ellos —dijo la feminista señalando al marido—. Si está a favor de acabar con la discriminación que sufrimos, tome este folleto.
La activista le alargó el folleto a la esposa, que no hizo ademán de cogerlo. En cambio, el marido alargó la mano.
— Deja eso, Amalio, o te parto el cráneo —le dijo ella.
Él retiró la mano inmediatamente y clavó la vista en el suelo.
La pareja siguió su camino; mientras, la activista sintió unos deseos irrefrenables de salir corriendo detrás de ellos y darle un par de guantazos a la esposa de Amalio. Pero, eso sí, serían guantazos solidarios.

© Frantz Ferentz, 2011

Tuesday, March 29, 2011

MÁS QUE UN MOCO


Aunque estaba tan enamorada de él, Lenka no podía soportar que, a veces, a Boris le colgase un moco de la nariz como si tal cosa. Por eso, pensando que su  relación ya era lo suficientemente madura, se permitió enganchar la punta del moco con un trozo de papel higiénico, lo único que tenía a mano. Boris no reaccionó, lo cual era buena señal. Lenka siguió tirando del moco, pero aquello era etrañísimo, era largo como un hilo. Por más que sacaba, no se acababa. Extrajo y extrajo durante al menos diez minutos, pese al asco que ya le daba aquella especie de hilo pegajoso. Finalmente, se acabó.
— ¿Te he molestado? —le preguntó ella envolviendo toda aquella porquería en casi un rollo de papel higiénico y preparándose para tirarla por el váter.
Pero él no respondió, se quedó hierático. De hecho, se había quedado como un vegetal. Lenka, entonces, comprendió lo que había pasado: le había sacado, a través del dichoso moco, todas las ideas a Boris.
Pero ya era tarde para intentar recuperarlas. Ya se habian perdido todas por el inodoro.


© Frantz Ferentz, 2011

Monday, March 28, 2011

PRUEBAS DE EMBARAZO



Rebuscando en la guantera del coche, ella se encontró un predíctor escondido.
— ¿Qué esto?
— ¿No lo reconoces? Un predíctor.
— O sea, que tienes una querida y se ha hecho pruebas de embarazo. Eres un hijoputa. Si ya sospechaba yo desde hace tiempo que te veías con alguien, cabronazo. Aunque es lógico, hace tres años que tú y yo ni nos tocamos.
Él se rió.
— ¿Y todavía te ríes?
— Tienes razón, tengo pareja. Pero no es ella, es él. Se llama Manolo.
— ¿Pero qué me estás contando?
— Que estos predíctores son muy raros —explicó él—. No entiendo cómo Manolo se ha quedado embarazado, si siempre tomamos precauciones...

© Frantz Ferentz, 2011

Saturday, March 26, 2011

MÁS QUE COMPRENSIVO


Elia se despertó avergonzada. La primera noche que había pasado con Adrián, el director de cine, había tenido su típica sesión de ruido de tripas infernales. Toda la noche su intestino había cantado, galopado y hasta insultado. Elia sabía que Adrián lo había oído, era imposible dormir con aquello.
— Buenos días —saludó él con el flequillo cayéndole por la frente.
Ella solo se miraba el vientre.
— No te preocupes por lo de tu intestino —le dijo él.
Ella alzó la vista.
— Lo he grabado todo —siguió diciendo Adrián—.Gracias a tu intestino ya tengo el fondo sonoro para todas las batallas, terremotos y escenas de destrucción de mi próxima película.
Elia pensó que Adrián muy romántico no era, pero sí sabía hacerla sentir bien.


© Frantz Ferentz, 2011


EL POLITICO


—Si yo miento, que me quede sin habla —pronunció solemne el político. 
Y su sonrisa se congeló cuando la cagada de paloma le entró directa por la boca. Lógicamente el político se quedó sin habla, pues no podía hablar con mierda en la boca. 
Aquel evento fue visto como una gigantesca casualidad por el público. En cambio, el político lo atribuyó a una maniobra astuta de sus adversarios. Pero la realidad fue que el Espiritu Santo se había cabreado de verdad y, por una vez, había intervenido para hacer callar a un cretino.

© Frantz Ferentz, 2011

Friday, March 25, 2011

EL ANUNCIO


A pesar del accidente no le dolía nada, abolutamente nada. Solo recordaba haberse distraído atendiendo al móvil. Nada más. De repente sonó el móvil. Lo cogió, respondió. 
— Diga.
— Hola, soy tu ángel de la guarda. Estás muerto.
— ¿Y cómo es que puedo hablar por el móvil? No me cuentes cuentos.
— Tú y tu móvil llegasteis a ser uno —dijo el ángel—. Y ahora, él, como tú, está muerto.
© Frantz Ferentz, 2011

Thursday, March 24, 2011

LÁGRIMAS IRREDENTAS


Se sentía inmensamente triste. Aquel vuelo significaba dejar atrás una parte fundamental de su vida. Sentada en el asiento, contemplaba el fascinante mar de nubes. Y comenzó a llorar. Era un llanto prolongado y silente. De pronto sintió unos golpes en el hombro. "Será la azafata", pensó. Pero no. Era su propia sombra. Estaba mojada. 
— Me estás empapando —le recriminó la sombra.
— ¿Con mis lágrimas? —inquirió ella.
— No, imbécil, que como no te fijas, me has tirado toda la cerveza encima.

© Frantz Ferentz, 2011





UN LUGAR EN LA INTIMIDAD


El jefe de personal no acababa de entenderse. No reconocía en sí mismo al ejecutivo implacable que era capaz de abroncar a su padre. Sin embargo, a aquel cretino mal afeitado se sentía incapaz de echarle la menor reprimenda. ¿Por qué? ¿Qué le estaba pasando? Quizás estaba perdiendo facultades. Era para él un misterio insondable aquel de su repentina suavidad y comprensión. 
Al salir del despacho fue directo al baño. Siempre orinaba en el mismo urinario, el que estaba pegado a la pared, donde se sentía más protegido en aquel momento tan vulnerable. 
Por un minuto no se había cruzado con aquel empleado díscolo al que no había podido llamar la atención. Quizá si hubiese sabido que ambos llevaban compartiendo más de quince años su preferencia por el mismo urinario, habría comprendido que le era imposible enfrentarse a alguien con quien compartía algo tan íntimo: el lugar donde se mea.

© Frantz Ferentz, 2011

Wednesday, March 23, 2011

ÁVIDO LECTOR



— Yo solo leo poetas, nada de narradores.
— ¿O sea, que le gusta leer poesía?
— No, me gusta leer poetas.
— Pues no entiendo.
— Está claro: soy oraculista. Leo las entrañas. Por eso, cuando abro poetas en canal, me gusta leer sus tripas.



© Frantz Ferentz, 2011

Tuesday, March 22, 2011

LA VOLUNTAD


Desde que me había mudado a aquella pequeña ciudad de provincias o pueblo grande, según se mire, no hacía más que recibir visitas para sacarme dinero del club del libro, de la hermandad del Niño de las Cadenas, de los jehovitas esos haylos en todas partes, del rastrillo para las misiones, de vendedores a domicilio (y yo que creía que se habían extinguido)... Pero cuando aquel día el repartidor de pizza me dijo: "Once euros y la voluntad", he de reconocer que me quedé de piedra. Nunca un pizzero me había pedido la voluntad, normalmente yo les daba algo suelto, si lo tenía, pero jamás me habían pedido propina con tanto descaro. Por eso, eché mano de la estampita de la Virgen de la Ermita Blanca, que había dejado justo en el mueble de las llaves al lado de la puerta tras la visita de dos caritativas damas de la parroquia que querían convencerme de no sé qué. Le entregué la estampita junto con los once euros justos al pizzero y le dije todo serio:
— La voluntad de Dios está detrás de la estampa de la Virgen. Ve en paz, hermano.
Lo que se fue diciendo el repartidor no sonaba, precisamente, a plegaria. Ingrato.

© Frantz Ferentz, 2011

EL JARDINERO



La llegada del nuevo jardinero revolucionó a toda la familia. Aquel cuerpo escultural no dejó indiferente primero a la madre, que comenzó a tener fantasías sexuales después de verlo con el torso desnudo. Después fue la hija adolescente, que se imaginaba que él la besaba apasionadamente y le sorbía el aparato de ortodoncia. También la abuela sesentona, que se palpaba los pechos para ver si aún podían ser un reclamo. Pero... hasta el padre se fijó en aquella tableta, hasta hacerlo dudar de sus tendencias sexuales, obligándolo a preguntarse si sería activo o pasivo. 
El jardinero lo sabía, lo leía en sus miradas, en sus labios, en lo que no decían. Pero no iba a enamorarse de ninguno de ellos. Él ya era fiel a alguien, a aquel que veía al otro lado del espejo y que lo hacía enloquecer. No por casualidad, el jardinero se llamaba Narciso.

© Frantz Ferentz, 2011

Monday, March 21, 2011

SI YO FUERA TÚ (3)



— Y es que la caza —concluyó Jiménez— es un deporte fiel, de combate entre la bestia y el hombre. Nada más bonito que eso. Y ecologista, ¿eh? Que nosotros los cazadores conservamos el medio ambiente, no como otros.
— Ya, pero para que fuera igualitario, los animales deberían poder defenderse —observó el adolescente piojoso con dos aros y tres pírsines en los labios, amigo del hijo de Jiménez, parte del grupo al que Jiménez quería salvar del salvajismo de la calle. Para ello, se había propuesto atraer a aquellos chicos a los viejos valores.
— Es igualitario —replicó Jiménez, que ya tenía la respuesta preparada—. El animal puede huir, escapar, salvarse.
Al amanecer del día siguiente, al raso pero dentro de su saco de dormir de plumón, Jiménez se despertó con el aliento de un jabalí en sus propias narices. Lentamente quiso echar mano de la escopeta. No estaba a su lado. Sin embargo, oyó una voz desde encima de su cabeza (una hermosa encina donde no podría escalar un jabalí). Era la del adolescente piojoso:
— Señor Jiménez, ahora sí que es deporte... Ahora, sin su fusil, pelee con el jabalí o corra, corra, corra... ¡Eso sí que es deporte!

© Frantz Ferentz, 2011

Sunday, March 20, 2011

LA APUESTA



Hacía una tarde espléndida. Era la primera de la primavera. Como había llovido, el valle del Tajo antes de llegar a Aranjuez estaba espléndido. No había visitado el río desde finales de otoño. Me emocioné al reencontrarme con mi viejo amigo. Charlamos un rato. Me senté a su vera, él me contó infinidad de susurros. Discutimos sobre lo divino y lo humano, sobre todo de lo humano. Al final, cuando ya me marchaba, me dijo:
— ¿Aceptas la apuesta?
Yo sonreí.
— Claro. ¿Hasta cuándo?
— Hasta pasado mañana.
Dos días después volví hasta él, hasta el Tajo, descendiendo por la carretera de Noblejas hasta Torrique. 
— De acuerdo —le reconocí—, has ganado.
— Lo sabía dijo él.
Me fascina este río. Se había apostado conmigo que, si cambiaba su curso, aunque fuera veinte metros en distintos sitios, la pregunta inmediata en los periódicos sería si la frontera entre Madrid y Toledo, entre España y Portugal sería el lecho seco o si, por el contrario, debería ser el nuevo cauce del río en vez de preguntarse en primera instancia qué había pasado con el río. Él había acertado, había intuido que lo más importante para los hombres era dónde trazar la frontera. Conocía al hombre mejor que yo, ese viejo zorro, más humano que yo mismo.

© Frantz Ferentz, 2011

Saturday, March 19, 2011

DESPUÉS DE LA PASIÓN


Había sido una noche perfecta. El sexo, increíble; los aromas, casi tangibles; la fascinación, inconmensurable. Ella observaba entonces como aquel cuerpo perfecto masculino, apolíneo, se levantaba de la cama. Querría retener a aquel desconocido para sí para toda la eternidad. Pero aquel marinero recogió sus ropas de faena y empezó a ponerse lentamente los calzoncillos mientras la miraba, haciéndole muecas con la boca, observando el cuerpo desnudo de ella en la cama.
— Oye, marinero —le preguntó ella entonces—. ¿Eres tan guarro que te pones los mismos calzoncillos de ayer?


© Frantz Ferentz, 2011

SI YO FUERA TÚ (2)



El papá entró por la puerta de casa el domingo por la tarde. Venía pertrechado con su escopeta de caza, su traje de camuflaje y su tajada de infelices perdices y conejos, la mitad de los cuales acabarían en la basura, colgando miserablemente del cinto.
El hijo corrió a su encuentro, contento de verlo.
— Papá, papá, de mayor quiero ser como tú —le dijo el crío.
El papá se emocionó. Miró a la madre que seguía a lo suyo, haciendo punto sentada en la butaca.
— ¿Por qué, cariño? ¿Porque soy un gran cazador? —preguntó el padre.
— No, papi —dijo el hijo recordando la confusa conversación con su madre de aquella misma mañana sobre frustración e impotencia de muchos hombres, porque veo que lo arreglas todo a tiros.


© Frantz Ferentz, 2011

SI YO FUERA TÚ





Lo tenía a tiro. El ciervo, impresionante, majestuoso, estaba a tiro. Con el frío de la mañana, su aliento se convertía en vaho que se expandía alrededor del hocico. Se iba a cobrar la pieza. Apuntó y, cuando estaba a punto de apretar el gatillo, un susurro, quizás de brisa o de conciencia o de fantasma,  dijo al oído al cazador:
— Te reencarnarás en ciervo...
El cazador se quedó paralizado unos instantes, los suficientes para que el ciervo saltase y quedase fuera de su alcance. El cazador, impotente, tan solo disparo un «hijoputa» gritando.

© Frantz Ferentz, 2011

Friday, March 18, 2011

CUANDO FLUYEN LAS LETRAS


— Explíquemelo, doctor. Mi marido está en esta clínica para no escribir ni una línea más, para que no pueda seguir creando novelas como churros y me dice usted ahora que, por un fallo, ha sido capaz de publicar una... ¿cómo lo ha llamado...? ¿nanonovela?
El médico se secó el sudor con el pañuelo. Sabía que se jugaba no solo su reputación, sino también su puesto como director del psiquiátrico.
— Verá, señora Smith —explicó el psiquiatra, su marido descubrió que el vigilante se iba a tomar un café todas las noches entre las 4 y las 4 y 10. En ese tiempo, él se colaba en el ordenador, abría su cuenta de Twitter y cada día enviaba un nanocapítulo.
La señora Smith lo fulminó con la mirada. Si su marido no era declarado incapaz, ella no podría administrar su inmensa fortuna. Era claro que si él escribía y ganaba premios, no estaba loco, o no lo suficientemente loco. Al menos ahora le habían cortado el acceso al ordenador.
Lo que la señora Smith ignoraba era que su previsor y astuto marido había conseguido un móvil inteligente y seguiría escribiendo nanonovelas por SMS.

© Frantz Ferentz, 2011

Wednesday, March 16, 2011

LEYENDA URBANA CONFIRMADA


Existe una leyenda urbana que dice que durante la noche no están puestas las calles, ni las carreteras. Nadie, después de las 12, había estado en la calle para comprobarlo, hasta que el valiente LP salió de su casa una noche a las 12:45 y se paseó en su coche hasta las 6:05, hora en que la vida volvía a la normalidad. LP confirmó que la leyenda era cierta, que entre las 12:10 y las 5:55 las calles no están puestas, pero los radares de tráfico y los peajes son permanentes. A él le llegó una multa.

© Frantz Ferentz, 2011

DE PROFESIÓN, POETA



— Perdone, pero al copiar el título del libro que se va a presentar ahora, ha escrito el título mal. No es Sin dosis de lejía, sino Simbiosis de lascivia —dijo una voz femenina.
— ¿Y usted quién es? —preguntó el viejo librero, miope como un topo.
— Yo soy la autora del libro, la poeta, la gran Nika Horninoha.
El viejo librero se giró con dificultad y comenzó a moverse hacia otro lado de la librería.
— Pero oiga, ¿a dónde va? ¿No piensa arreglar este desaguisado? —inquirió ella indignada.
El viejo librero se detuvo. Volvió a dirigirse a la poeta y le ofreció una botella vacía. Luego le dijo:
— Para que un libro adquiera valor, tiene que viajar muchos, muchos años en una botella como esta. Meta su libro en esta botella y luego láncelo al mar.
La poeta, indignada, le replicó:
— Usted está loco, si ni siquiera cabe el libro por la boca de la botella.
El viejo librero sonrió. La insigne y cretina poeta no había pensado ni por un instante en extraer los poemas, esto es, arrancar las páginas al libro y meterlas en la botella. Pero lo peor era que él ni siquiera le había dado un corcho para cerrarla.

© Frantz Ferentz, 2011

LAS APARIENCIAS CONFUNDEN

— Suena como un pavo —me dije—. Como un pavo-pavo.
Me refería a la tipa que hablaba al teléfono como una descosida en el despacho de al lado, quizás una colega mía. No sabía exactamente de qué sección era el despacho en cuestión, porque no me interesa nada de lo que se cuece a mi alrededor, pero la voz de aquella tipa, durante toda la mañana, hablando pero sobre todo riéndose como un pavo, atrajo mi curiosidad hasta un límite inusual en mí. Por eso, salí del edificio (estábamos en una planta baja) y, como cuando jugaba al escondite de crío, me asomé con cautela a la ventana del despacho de al lado, pero el visillo echado solo me permitía distinguir siluetas.
Lo que vi —más bien intuí allí me dejó pensativo. La silueta podía ser tanto de un pavo como de una señora, no sabía si tenía pico o nariz, si culo o cojín. Para una vez que me sentía curioso, me iba a quedar con las ganas de averiguar si existían o no los pavos gigantes.

© Frantz Ferentz, 2011

Tuesday, March 15, 2011

SIN PAR


La niña iba siempre hecha un desastre. Por alguna extraña razón, su lado izquierdo era siempre distinto del derecho: el color de pelo, la ropa (hecha de dos mitades), cada cristal de las gafas tenía un tamaño diferente...
La maestra preguntó a la niña:
— Anna Kaffak, por qué siempre vienes tan extrañamente vestida?
La niña se limitó a encoger los hombros.
La maestra no podía ni imaginarse que la madre de la niña, después de que le hubieran impuesto el nombre junto con el apellido a su hija, había jurado que jamás en la vida su hija sería un palíndromo humano.


© Frantz Ferentz, 2011

HONOR E INTIMIDAD


Durante años, Victoria había sido la líder de los empleados, su voz, su aliento. Había conseguido doblegar a la empresa, a sus directivos, a los clientes. Era imposible vencerla, se sabía apoyada y no había manera de despedirla. Por eso, un directivo cualquiera propuso nombrarla coordinadora de proyectos.
— Absurdo —le dijeron. Pero era tan crítica la situación (y no había ninguna otra propuesta) que Victoria fue nombrada coordinadora de proyectos.

Victoria aceptó el puesto sin rechistar. Y como aquel anónimo directivo había previsto, tan pronto como tuvo poder, se convirtió en el azote de sus antiguos compañeros.
— Victoria —le dijo una antigua compañera a la que estaba a punto de despedir—, tú no eras antes así.
— ¿Me estás diciendo que me he cambiado de chaqueta?
— No, más bien de bragas y sostén... Nunca creí que te llegase a gustar tanto el satén.


© Frantz Ferentz, 2011

Monday, March 14, 2011

SIN TÍTULO, PARA QUÉ...


El oficial del ejército de ocupación, Benjamín N., disparó a la cabeza al árabe maniatado y con los ojos vendados. Al estallarle el cráneo, sus sesos salieron disparados contra la pared creando una imagen abstracta, una especie de cuadro multicolor de formas imprecisas que querían representar algo.
Dos días después, la foto de la sesera convertida en litografía lucía en la sala de oficiales. Era arte, arte a costa del enemigo, puro arte. Nadie podría afirmar que los ocupantes no eran superiores a los ocupados, aquellos cochinos árabes. ¿O es que acaso aquellos perros sabían transformar una ejecución en algo hermoso?

© Frantz Ferentz, 2011



SIN RENCOR


— Mamá —dijo Cristina en la penumbra del cuarto, justo antes de dormir—, no creo que pueda perdonarle a papá que nos abandonara cuando yo era aún bebé.
La mamá le acarició la cabeza con ternura y le dijo:
— Yo siempre lo perdono, cariño.
— Tú eres muy buena, mamá...
A la mente de la mamá volvieron los recuerdos de la carta de la verdadera madre de la niña diciéndole que ahí se quedaba con aquel bebé nauseabundo y cómo él, sin pensárselo, se sometió a una operación de cambio de sexo y se convirtió no solo en el papá, sino también en la mamá de Cristina.

© Frantz Ferentz, 2011

MÁS QUE UN BESO


Ella se había enamorado de él cuando lo vio trabajar como intérprete. Era el mejor, cambiando de lengua constantemente, dominándolas todas, sin equivocarse nunca. Y lo conquistó.

La primera vez que ella lo besó, sintió que su lengua era envuelta en la boca de él por varias lenguas, que la buscaban por todos los bordes, hasta que ella sufrió una especie de orgasmo bucal.
Ella retiró sus labios de los de él y se lo quedó mirando sonriendo.
— ¿En qué piensas? —preguntó él.
— Que ya entiendo —respondió ella— lo que significa «don de lenguas».


© Frantz Ferentz, 2011

LA REALIDAD MÁS INMUNDA


— Lo haces a posta —le dijo su mujer fuera de sí—. ¡Tus pies huelen así de mal a posta!
Él la miró por encima del periódico. Tenía los pies descalzos encima del reposapiés. Ciertamente el olor que emanaba de ellos era asqueroso. Ella, después de largarle la perorata, se volvió a la cocina. Él, cuando ella ya no estuvo, metió en una caja bajo el sofá aquellos calcetines especiales bañados en aguas de cloaca que intensificaban el hedor de pies. Cuánta razón tenía ella, pero qué poco se podía imaginar que él era un cabrón diplomado, de hecho dirigía una escuela virtual de maridos cabrones sofisticados.

© Frantz Ferentz, 2011