Wednesday, March 16, 2011

DE PROFESIÓN, POETA



— Perdone, pero al copiar el título del libro que se va a presentar ahora, ha escrito el título mal. No es Sin dosis de lejía, sino Simbiosis de lascivia —dijo una voz femenina.
— ¿Y usted quién es? —preguntó el viejo librero, miope como un topo.
— Yo soy la autora del libro, la poeta, la gran Nika Horninoha.
El viejo librero se giró con dificultad y comenzó a moverse hacia otro lado de la librería.
— Pero oiga, ¿a dónde va? ¿No piensa arreglar este desaguisado? —inquirió ella indignada.
El viejo librero se detuvo. Volvió a dirigirse a la poeta y le ofreció una botella vacía. Luego le dijo:
— Para que un libro adquiera valor, tiene que viajar muchos, muchos años en una botella como esta. Meta su libro en esta botella y luego láncelo al mar.
La poeta, indignada, le replicó:
— Usted está loco, si ni siquiera cabe el libro por la boca de la botella.
El viejo librero sonrió. La insigne y cretina poeta no había pensado ni por un instante en extraer los poemas, esto es, arrancar las páginas al libro y meterlas en la botella. Pero lo peor era que él ni siquiera le había dado un corcho para cerrarla.

© Frantz Ferentz, 2011

3 comments:

Gemma said...

Curiós !

Xafrico said...

Només cal conéixer uns quants poetes. No tots són així. N'hi ha de pitjors :-D

Laura Frost said...

Justo y necesario!!!
Lo mejor que he leído hoy.