Saturday, March 12, 2011

DESPEJANDO INCÓGNITAS

Los gritos que salían del supermercado chino atrajeron enseguida la atención de los dos agentes de policía. El de mayor rango entró en el local primero. Allí se encontró al dueño del negocio, un chino enjuto que solo repetía "no entiendo, no entiendo", y a un adolescente español con dos pendientes más propios de folclórica. Era precisamente este segundo el que gritaba como un poseso, sin vocalizar, solo vociferando.
— A ver, ¿qué pasa? —preguntó el primer agente.
El adolescente, aún gritando, explicó:
— Que este gilipollas no entiende nada, que se vaya a su país.
El agente pidió al adolescente más explicaciones.
— Muy sencillo, solo le dije: "dame un cacharro para echar eso ahí". Y el gilipollas de él me dice "no entiendo, no entiendo".
— Normal —dijo el agente—. Yo tampoco te entiendo.
El adolescente lo miró de reojo con una media sonrisa y dijo al agente:
— Oye, colega, ¿no serás chino tú también, no?
© Frantz Ferentz, 2011

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