Friday, March 25, 2011

EL ANUNCIO


A pesar del accidente no le dolía nada, abolutamente nada. Solo recordaba haberse distraído atendiendo al móvil. Nada más. De repente sonó el móvil. Lo cogió, respondió. 
— Diga.
— Hola, soy tu ángel de la guarda. Estás muerto.
— ¿Y cómo es que puedo hablar por el móvil? No me cuentes cuentos.
— Tú y tu móvil llegasteis a ser uno —dijo el ángel—. Y ahora, él, como tú, está muerto.
© Frantz Ferentz, 2011

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