Sunday, March 20, 2011

LA APUESTA



Hacía una tarde espléndida. Era la primera de la primavera. Como había llovido, el valle del Tajo antes de llegar a Aranjuez estaba espléndido. No había visitado el río desde finales de otoño. Me emocioné al reencontrarme con mi viejo amigo. Charlamos un rato. Me senté a su vera, él me contó infinidad de susurros. Discutimos sobre lo divino y lo humano, sobre todo de lo humano. Al final, cuando ya me marchaba, me dijo:
— ¿Aceptas la apuesta?
Yo sonreí.
— Claro. ¿Hasta cuándo?
— Hasta pasado mañana.
Dos días después volví hasta él, hasta el Tajo, descendiendo por la carretera de Noblejas hasta Torrique. 
— De acuerdo —le reconocí—, has ganado.
— Lo sabía dijo él.
Me fascina este río. Se había apostado conmigo que, si cambiaba su curso, aunque fuera veinte metros en distintos sitios, la pregunta inmediata en los periódicos sería si la frontera entre Madrid y Toledo, entre España y Portugal sería el lecho seco o si, por el contrario, debería ser el nuevo cauce del río en vez de preguntarse en primera instancia qué había pasado con el río. Él había acertado, había intuido que lo más importante para los hombres era dónde trazar la frontera. Conocía al hombre mejor que yo, ese viejo zorro, más humano que yo mismo.

© Frantz Ferentz, 2011

1 comment:

Gemma said...

Molt bo !!