Tuesday, March 22, 2011

LA VOLUNTAD


Desde que me había mudado a aquella pequeña ciudad de provincias o pueblo grande, según se mire, no hacía más que recibir visitas para sacarme dinero del club del libro, de la hermandad del Niño de las Cadenas, de los jehovitas esos haylos en todas partes, del rastrillo para las misiones, de vendedores a domicilio (y yo que creía que se habían extinguido)... Pero cuando aquel día el repartidor de pizza me dijo: "Once euros y la voluntad", he de reconocer que me quedé de piedra. Nunca un pizzero me había pedido la voluntad, normalmente yo les daba algo suelto, si lo tenía, pero jamás me habían pedido propina con tanto descaro. Por eso, eché mano de la estampita de la Virgen de la Ermita Blanca, que había dejado justo en el mueble de las llaves al lado de la puerta tras la visita de dos caritativas damas de la parroquia que querían convencerme de no sé qué. Le entregué la estampita junto con los once euros justos al pizzero y le dije todo serio:
— La voluntad de Dios está detrás de la estampa de la Virgen. Ve en paz, hermano.
Lo que se fue diciendo el repartidor no sonaba, precisamente, a plegaria. Ingrato.

© Frantz Ferentz, 2011

1 comment:

Laura Frost said...

Me encantaaaaaaaaaaa!!
Buenísimo, buenísimo!!!