Wednesday, March 16, 2011

LAS APARIENCIAS CONFUNDEN

— Suena como un pavo —me dije—. Como un pavo-pavo.
Me refería a la tipa que hablaba al teléfono como una descosida en el despacho de al lado, quizás una colega mía. No sabía exactamente de qué sección era el despacho en cuestión, porque no me interesa nada de lo que se cuece a mi alrededor, pero la voz de aquella tipa, durante toda la mañana, hablando pero sobre todo riéndose como un pavo, atrajo mi curiosidad hasta un límite inusual en mí. Por eso, salí del edificio (estábamos en una planta baja) y, como cuando jugaba al escondite de crío, me asomé con cautela a la ventana del despacho de al lado, pero el visillo echado solo me permitía distinguir siluetas.
Lo que vi —más bien intuí allí me dejó pensativo. La silueta podía ser tanto de un pavo como de una señora, no sabía si tenía pico o nariz, si culo o cojín. Para una vez que me sentía curioso, me iba a quedar con las ganas de averiguar si existían o no los pavos gigantes.

© Frantz Ferentz, 2011

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