Monday, March 14, 2011

SIN RENCOR


— Mamá —dijo Cristina en la penumbra del cuarto, justo antes de dormir—, no creo que pueda perdonarle a papá que nos abandonara cuando yo era aún bebé.
La mamá le acarició la cabeza con ternura y le dijo:
— Yo siempre lo perdono, cariño.
— Tú eres muy buena, mamá...
A la mente de la mamá volvieron los recuerdos de la carta de la verdadera madre de la niña diciéndole que ahí se quedaba con aquel bebé nauseabundo y cómo él, sin pensárselo, se sometió a una operación de cambio de sexo y se convirtió no solo en el papá, sino también en la mamá de Cristina.

© Frantz Ferentz, 2011

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