Monday, March 21, 2011

SI YO FUERA TÚ (3)



— Y es que la caza —concluyó Jiménez— es un deporte fiel, de combate entre la bestia y el hombre. Nada más bonito que eso. Y ecologista, ¿eh? Que nosotros los cazadores conservamos el medio ambiente, no como otros.
— Ya, pero para que fuera igualitario, los animales deberían poder defenderse —observó el adolescente piojoso con dos aros y tres pírsines en los labios, amigo del hijo de Jiménez, parte del grupo al que Jiménez quería salvar del salvajismo de la calle. Para ello, se había propuesto atraer a aquellos chicos a los viejos valores.
— Es igualitario —replicó Jiménez, que ya tenía la respuesta preparada—. El animal puede huir, escapar, salvarse.
Al amanecer del día siguiente, al raso pero dentro de su saco de dormir de plumón, Jiménez se despertó con el aliento de un jabalí en sus propias narices. Lentamente quiso echar mano de la escopeta. No estaba a su lado. Sin embargo, oyó una voz desde encima de su cabeza (una hermosa encina donde no podría escalar un jabalí). Era la del adolescente piojoso:
— Señor Jiménez, ahora sí que es deporte... Ahora, sin su fusil, pelee con el jabalí o corra, corra, corra... ¡Eso sí que es deporte!

© Frantz Ferentz, 2011

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