Saturday, March 19, 2011

SI YO FUERA TÚ





Lo tenía a tiro. El ciervo, impresionante, majestuoso, estaba a tiro. Con el frío de la mañana, su aliento se convertía en vaho que se expandía alrededor del hocico. Se iba a cobrar la pieza. Apuntó y, cuando estaba a punto de apretar el gatillo, un susurro, quizás de brisa o de conciencia o de fantasma,  dijo al oído al cazador:
— Te reencarnarás en ciervo...
El cazador se quedó paralizado unos instantes, los suficientes para que el ciervo saltase y quedase fuera de su alcance. El cazador, impotente, tan solo disparo un «hijoputa» gritando.

© Frantz Ferentz, 2011

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