Wednesday, March 09, 2011

SOLO MADRE

— Señora, no se preocupe, su hijo está bien, el accidente no ha sido grave... —sonaba una voz de hombre al otro lado de la línea.
La anciana no podía reprimir las lágrimas. Su hijo, su hijo. Tenía que hablar con él como fuese.
— Déjeme hablar con él, déjeme hablar con él... —porfiaba la anciana mezclando voz y llanto.
— Hay que dejarlo descansar, señora, pero créame que no ha sido nada grave.
— Por favor, déjeme, déjeme...
La anciana, tras varios minutos, acabó convenciendo al médico, enfermero o lo que fuere para que le pasasen a su hijo.
— Patricio, ¿estás bien?
— Sí, madre —sonó la voz del hijo medio adormentada, probablemente a causa de los tranquilizantes.
— Y dime, tesoro, ¿te acordaste de cambiarte esta mañana los calcetines y los calzoncillos? Mira que te tengo dicho que si alguna vez te llevan al hospital, tienes que llevar toda la muda cambiada...


© Frantz Ferentz, 2011

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