Wednesday, March 09, 2011

ÚLTIMA VENGANZA

El viejo luchador estaba en su lecho de muerte. Nadie sabía si todavía percibía lo que había a su alrededor o no. La noticia de su inminente fallecimiento había movilizado a la opinión pública y hasta los miembros del gobierno autónomo, sus más acérrimos enemigos, se querían apuntar un tanto. 
El conselleiro se acercó al anciano. Sacó expresión de condolencia, pues sabía que estaba siendo observado. Quiso coger la mano huesuda del viejo luchador, estrecharla, despedirse. El viejo luchador pareció intuir las intenciones del ministro. Su último esfuerzo consistió en sacar la mano derecha de debajo de la manta y dejarla a la vista. El conselleiro, sin dudar, la cogió entre las suyas y la apretó. Casi nadie notó el gesto de asco que empezó a dibujarse en el rostro del conselleiro
Y es que el luchador había conseguido vengarse. En su último aliento, fue capaz de orinarse en su propia mano y luego tendérsela a aquel hipócrita cabrón que tanto lo había jodido.

© Frantz Ferentz, 2011

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