Sunday, April 24, 2011

DEMASIADO TARDE



— Tienes una vida totalmente virtual —le dijo su marido a sus espaldas.
— No digas chorradas —le respondió ella—. Puedo salir de aquí en cuanto quiera. Ahora verás.
Ella se levantó, se giró, dio un paso al frente y se golpeó contra el vidrio. Empujó primero con las manos, luego con los hombros, finalmente dio patadas, pero el vidrio no cedió.
— ¿Lo ves? —le dijo divertido su marido—. No puedes salir del ordenador.


© Frantz Ferentz, 2011

Friday, April 22, 2011

GAJES DEL OFICIO


Cuando el forense abrió el cadáver por encima del esternón, descubrió una extraña clase de gusanos. Nunca había visto nada igual. Además, emitían una especie de chillido. El forense grabó aquel sonido y lo analizó con los programas más sofisticados de tratamiento de sonido, hasta que al final, para su sorpresa, descubrió que los gusanos hablaban —más bien chillaban— en lenguaje humano. Por eso su sorpresa fue mayúscula cuando entendió lo que le gritaban:
— ¡Cierra ya el cadáver y déjanos comer tranquilos, coño!


© Frantz Ferentz, 2011

Thursday, April 21, 2011

CUESTIÓN DE FE


La maestra agitaba la cabeza a derecha e izquierda negándose a aceptar lo que oía:
— ¿Me está diciendo que su hijo... y ya veo que usted tampoco, no se lava porque se lo prohíbe su religión? —preguntó a la madre.
— Así es —respondió la madre toda seria.
— ¿Y qué pasaría si se lavasen? —preguntó llena de curiosidad la maestra.
— Pues lo lógico —respondió aún más seria la madre—, que encogeríamos.



© Frantz Ferentz, 2011

Wednesday, April 20, 2011

MENSAJE EN LA BOTELLA (2)


Poco tiempo después de naufragar, sabiéndose solo en la isla, el único superviviente lanzó una botella al mar con un mensaje donde decía: «Necesito compañía». Usó una de las tantas botellas que se habían salvado del naufragio y la lanzó al mar. Tres días después, la botella reapareció frente a la cosa y, desde entonces, se quedó por allí. Qué fastidio. Además de ser una botella de lo más vulgar, encima tenía miedo a navegar, pensó el náufrago. 
La botella estuvo dando vueltas a la isla tres años sin ser recogida, hasta que, por fin, se golpeó contra unas rocas y el mensaje cayó en la playa. El náufrago, entre enfadado y desilusionado, recogió el mensaje. Pero no era el suyo. Nunca había sido el suyo, ni aquella había sido su botella. El escrito decía: «También yo estoy muy solo. Cuando quieras, nos encontramos».

© Frantz Ferentz, 2011

MENSAJE EN LA BOTELLA





Lanzó una botella al mar con un mensaje dentro. Sesenta años después, vino un cartero a su casa con aquella botella. El mensaje seguía dentro:

— Señora —le dijo el cartero—, la botella no ha llegado porque le falta el sello.


© Frantz Ferentz, 2011

MÁS QUE UN COCHE


Cuando el mecánico se disponía a abrir el capó de aquel extraño coche, se acordó de las palabras que le había dicho su aún más extraño propietario:
— Mire a ver qué le pasa a mi coche. Se queja bastante en cuanto paso de cien.
¿Que se queja? ¿Que se queja un coche? Vaya manera de hablar.
El mecánico abrió el capó. Entonces comprendió a qué se refería el propietario. En vez de un motor, allí dentro encontró un hígado, un cerebro, unos intestinos... todos órganos vivos.

© Frantz Ferentz, 2011

Tuesday, April 19, 2011

LA FUERZA DEL CARIÑO


Cuando la policía entró en el almacén de Ricardo Lavinia, encontró todo tipo de máquinas, todas robadas y todas en funcionamiento: un distribuidor de gasolina, una máquina de tabaco, una máquina de pago automático de peajes, una máquina expendedora de bebidas...
— ¿Por qué ha robado todas estas máquinas, si luego ni las vende, señor Lavinia? —preguntó el inspector Jiménez.
Ricardo Lavinia, a punto de llorar, dejó caer la cabeza antes de responder:
— Porque son las únicas voces de mujer que me hablan con amabilidad...


© Frantz Ferentz, 2011

TRAUMA ESCOLAR




— Mamá, en el cole no me quieren. No juegan conmigo, no me hablan, todos pasan de mí. Ni siquiera se meten conmigo aunque yo sea tan rarito...
— No te preocupes, cariño, algún día dejarás de ser invisible.



© Frantz Ferentz, 2011

Monday, April 18, 2011

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE


— Oye, tengo hambre —dijo ella tumbada en el sofá viendo la tele de noche.
— Pues en la nevera no hay nada —respondió él en una posición que lo hacía parecer un siamés de ella.
— Pues como no lo resuelva el perro...
— Pues eso.
El pastor alemán, que lo oyó todo, se levantó intentando pasar desapercibido. Se fue hasta la cocina, leyó un número de teléfono imantado en la nevera, descolgó el teléfono, marcó un número con la pata. Enseguida al otro lado sonó una voz:
— Teletienda, ¿dígame?
El perro gimió de fastidio. Vaya mierda, había vuelto a confundir teletienda con telepizza.

© Frantz Ferentz, 2011

ESPERANZAS ORGÁNICAS



Mientras se afeitaba, se cortó. Pero, en vez de sangre, le manó petróleo de la herida. Al principio se asustó, pero luego recapacitó. Por eso, se dispuso a orinar, porque, si en vez de pis, meaba gasolina, tendría la vida resuelta.

© Frantz Ferentz, 2011

Sunday, April 17, 2011

COMPAÑEROS DE JUERGA


— Ramón, ¿cómo llegas a estas horas? —preguntó la esposa al marido borracho que casi no se tenía en pie nada más poner un pie en casa.
— Bueno, porque estos amigos mis amigos se empeñaron en llevarme a dar una vuelta por la luna.
— ¡Borracho indecente!
— ¿No me crees? —preguntó él con voz etílica.
— Evidentemente no —dijo ella recordando que su madre, en su lugar, estaría blandiendo un rodillo.
— Pues pregúntales a mis amigos, que están todavía ahí fuera... Eh, chicos, entrad, que os presento a mi mujer.
Por la puerta entraron dos humanoides cabezones y de dedos largos. Ambos iban dando tumbos. Ambos apestaban a cerveza. 

© Frantz Ferentz, 2011

Friday, April 15, 2011

CARLITOS



— ¡Carlitos, deja de comerte los libros!
— Déjalo, mujer, tiene que experimentar con todo en la vida. Total, un poco de papel no le hará daño.
— Ya, pero lo malo es que son libros electrónicos y luego se le tatúan capítulos enteros por el cuerpo...

© Frantz Ferentz, 2011

FIJACIÓN CON EL MINIBAR


— Oye, qué fijación tienes con el minibar. Anda, ciérralo y vente a la cama —dijo ella.
— Espera, espera, es que nunca he tenido un minibar en la habitación, con mininevera y todo eso.
— Eres como un crío...
Él cogió una minibotella de vodka y le preguntó:
— Oye, ¿tú crees que si me bebo todo esto, solo me mini-emborracharé?
— No, solo te quedarás minigilipollas... pero muy minigilipollas.


© Frantz Ferentz, 2011

Thursday, April 14, 2011

LA MUJER MÁS RESPETADA


Irma Durango no entendía por qué cada vez que se miraba a un espejo se veía reflejada como un sapo horripilante lleno de pústulas. Quizás estuviera encantado el maldito espejo, vaya mierda. Era extraño, porque todos sus trabajadores la observaban con respeto, sí, ella era una mujer importante, temida y admirada al mismo tiempo. 
Aquella misma tarde, Irma Durango acudió por sorpresa a casa de una de sus subordinadas. Quería pedirle unos informes para ya. Aquel tipo de presión era la clave de su éxito, de ella, de la mujer emprendedora hecha a sí misma. Le abrió la puerta la hija de su empleada, quien en cuanto la vio gritó:
— ¡Mamá, mamá, ven, corre, que en la puerta hay un sapo que habla!

© Frantz Ferentz, 2011

CONVERSACIONES DE TABERNA


Los tres hombres estaban al fondo de la barra, bebiendo cerveza en silencio, en el ángulo más oscuro. No se conocían. El primero, aburrido, quiso tener algo de cháchara:
— Me gustaría beber vino porque es sangre de dioses... pero es un lujo tomarse un tinto bueno.
El segundo dijo:
— Yo también prefiero el vino... La cerveza no es sangre de dioses, debe ser pis de ángeles, qué mala está esta.
El tercero no dijo nada, pero se subió la bragueta y comprobó disimuladamente que sus alas estaban bien ocultas debajo del abrigo.

© Frantz Ferentz, 2011

Tuesday, April 12, 2011

TEMORES




— Tu cabello es lo que me ha enamorado de ti, Julia.
Ella sonrió tímidamente y hasta se sonrojó. Él lo notó y le dijo:
— Bueno, espero que tu cabello sea natural, nada de postizo, ni tus tetas, ¿eh? —y soltó una carcajada.
Ella mantuvo la sonrisa, mientras se repetía para sus adentros:
— "Por Dios, que no descubra que mi cerebro es postizo... que no lo descubra".



© Frantz Ferentz, 2011

SENTIMIENTOS




— Siempre me has gustado —le dijo ella a la estatua mortuoria de él, al tiempo que besaba la fría piedra en los labios.
De repente, la estatua tuvo una erección, pero ella no supo qué pensar, si era real o tan solo fruto de sus fantasías. Nunca lo había hecho con una.

© Frantz Ferentz, 2011

Monday, April 11, 2011

PRAHA || PRAGA


— Todo es posible en Praga —me dijo ella.
No entendí aquello. Sabía que el ex presidente Clinton había tocado allí el saxo, pero...
De repente me crucé con Franz Kafka de paseo hacia el castillo. Y luego me di cuenta de que el río Moldava no llevaba agua, sino tinta. Entonces lo entendí todo: Praga es un libro gigante.

* * *







"V Praze je vše možné", říkala mi ona.
Tomu jsem nerozuměl. Věděl jsem, že tam bývalý prezident Clinton hrál na saxofon, ale...
Najednou jsem uviděl Franze Kafku na procházce směrem k hradu. A pak jsem uviděl, že ve Vltavě nebyla voda, ale inkoust a pochopil jsem: Praha je obrovská kniha.





© Frantz Ferentz, 2011

Wednesday, April 06, 2011

OMNIPRESENCIA



Nadie entendía cómo J. V. podía estar presente en siete sitios a la vez en internet cada noche, ya fueran foros, chats o redes sociales. Pero ese era su gran secreto. Cuando J. V. se dejaba caer en su cama, por su boca salía una docena de gnomos internautas que se lanzaban a navegar por internet por los tres ordenadores de la casa e incluso invadían varios de los ordenadores de los vecinos.

© Frantz Ferentz, 2011


COSAS BONITAS


— Dime cosas bonitas... —le pidió ella a él.
Él se la quedo mirando. Enseguida le dijo:
— Una libélula vuela por tu pelo.
— ¡Oh, qué bonito, qué romántico! —exclamó ella emocionada.
— No, no es nada poético, tienes una libélula de verdad que se te va a enredar en el pelo.
— ¡Qué asco! ¡Quítamela, quítamela!


© Frantz Ferentz, 2011

Tuesday, April 05, 2011

AQUELLA NOCHE


Al amanecer, la estatua de Kafka estaba sentada delante del café A Brasileira en el Barrio Alto de Lisboa, mientras la de Pessoa dificilmente se sostenía en el pedestal del barrio de Josefov, en Praga. Nadie se explicaba cómo aquellas dos estatuas se habían intercambiado. Nadie, salvo Franz Kafka y Fernando Pessoa que hubieron de reconocer que, fantasmas como eran, aquella vez se habían pasado con la juerga.
© Frantz Ferentz, 2011

INCOMPATIBILIDADES



— Esa mujer no te conviene —lo avisó su madre—. Es una vampira.
— Tú siempre igual, mamá. ¿Y qué si me chupa la sangre? —preguntó él, ya que sabía que su sangre era tóxica por una rara enfermedad y si ella se la sorbía, acabaría en coma, como las otras.


© Frantz Ferentz, 2011

LA DESAPARICIÓN



— ¿Y desde cuándo falta de casa? —le preguntó la inspectora al marido.
— Desde ayer por la noche. Yo me fui a acostar y ella se quedó al ordenador. Le pregunté que si no venía a acostarse y ella me dijo que no, que cuando escribía se transformaba, que la dejase en paz. Yo me acosté y ya no la he vuelto a ver.
Al lado de ambos, ella, transformada en un manuscrito, intentaba gritar para hacer entender a su marido que sí, que se había transformado y que no quería volver a hacer gilipolleces.

© Frantz Ferentz, 2011

Monday, April 04, 2011

MISTERIO AL TELÉFONO



— ¿Te estás encendiendo un cigarro?
— Sí…
— ¿Pero no ibas a dejar de fumar?
— Bueno, ya… Pero, de todos modos, ¿cómo sabes que me he encendido un cigarro?
— Porque me llega el olor.
— ¿Y cómo puede llegarte el olor si estamos hablando por teléfono?
— Pues eso digo yo… Mira a ver si a ti te llega mi olor de pies.


© Frantz Ferentz, 2011

Sunday, April 03, 2011

PREGUNTA INESPERADA


Antes de ir a acostarse en aquel albergue de peregrinos del Camino de Santiago, Dan One dejó los pantalones colgando a los pies. Su compañero de litera no pudo menos que fijarse en ellos. Cómo no iba a hacerlo. Al instante le preguntó:
— Oye, tus pantalones tienen tres perneras. ¿Tú tienes tres piernas?
A decir verdad, él nunca se había fijado. Por eso, cogió el móvil y llamó a su madre en Oklahoma para preguntárselo.


© Frantz Ferentz, 2011

Saturday, April 02, 2011

EN MITAD DE LA NOCHE

En mitad de la noche se despertó sobresaltado. Inesperadamente, ante sus ojos vio pasearse un león por delante de los pies de su cama, allí en medio de la alcoba. Debía ser una alucinación, tenía que ser una alucinación. Se frotó los ojos con energía y volvió a abrirlos. Efectivamente, no era lo que parecía. Por allí no se paseaba un león. Se paseaban dos y se hacían arrumacos.



© Frantz Ferentz, 2011