Sunday, April 24, 2011

DEMASIADO TARDE



— Tienes una vida totalmente virtual —le dijo su marido a sus espaldas.
— No digas chorradas —le respondió ella—. Puedo salir de aquí en cuanto quiera. Ahora verás.
Ella se levantó, se giró, dio un paso al frente y se golpeó contra el vidrio. Empujó primero con las manos, luego con los hombros, finalmente dio patadas, pero el vidrio no cedió.
— ¿Lo ves? —le dijo divertido su marido—. No puedes salir del ordenador.


© Frantz Ferentz, 2011

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