Friday, April 22, 2011

GAJES DEL OFICIO


Cuando el forense abrió el cadáver por encima del esternón, descubrió una extraña clase de gusanos. Nunca había visto nada igual. Además, emitían una especie de chillido. El forense grabó aquel sonido y lo analizó con los programas más sofisticados de tratamiento de sonido, hasta que al final, para su sorpresa, descubrió que los gusanos hablaban —más bien chillaban— en lenguaje humano. Por eso su sorpresa fue mayúscula cuando entendió lo que le gritaban:
— ¡Cierra ya el cadáver y déjanos comer tranquilos, coño!


© Frantz Ferentz, 2011

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