Tuesday, April 19, 2011

LA FUERZA DEL CARIÑO


Cuando la policía entró en el almacén de Ricardo Lavinia, encontró todo tipo de máquinas, todas robadas y todas en funcionamiento: un distribuidor de gasolina, una máquina de tabaco, una máquina de pago automático de peajes, una máquina expendedora de bebidas...
— ¿Por qué ha robado todas estas máquinas, si luego ni las vende, señor Lavinia? —preguntó el inspector Jiménez.
Ricardo Lavinia, a punto de llorar, dejó caer la cabeza antes de responder:
— Porque son las únicas voces de mujer que me hablan con amabilidad...


© Frantz Ferentz, 2011

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