Friday, May 13, 2011

AL FINAL DEL PASILLO


Antes de salir del centro comercial, le dijo a su mujer:
— Anda, espera, que tengo que orinar.
— Eres como un niño —le dijo ella contrariada.
Él echó a andar por aquel larguísimo pasillo al final del cual debían estar los servicios. Pero no esperaba que fuese tan largo. ¿Cómo era posible? ¿Podía acaso medir un kilómetro? Estaba llegando a la extenuación, no estaba acostumbrado a caminar tanto y menos para ir al baño. Ya casi sin aliento, vio la puerta con el letrero «Gentlemen». Encima en inglés. Abrió la puerta. Entró. Una densa niebla lo envolvió. Perdió el aliento. Cayó al suelo. Murió en el acto.
Lo siguiente que vio fue un túnel, con luz al fondo. Caminó hacia allá. Recordó lo que había oído del tránsito de la muerte. Salió al otro lado del túnel. Se oyó a sí mismo llorar porque alguien le daba unos cachetes en las nalgas. De repente, su memoria se limpió completamente. Su propia mujer acababa de parirlo a escasos 900 metros de donde él había muerto. Con el disgusto de reconocer el cadáver de su marido, el parto se le había adelantado y él se había encarnado en su propio hijo.
Todo ello, pese a lo extraño que pudiera parecer, era totalmente normal, dado que ella no hacía más que repetirle a él: «eres como un niño». A partir de entonces, se lo podría repetir cargada de razón.


© Frantz Ferentz, 2011

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