Monday, June 20, 2011

EL VICIO DE FUMAR


— Carmina, bajo a comprar tabaco a la calle.
Ramiro se lo tomó con calma. Fue al bar, compró tabaco, pero también se tomo una caña, bueno dos. Cuando volvió a casa se encontró la cerradura cambiada. Llamó. Le abrió un señor en batín, con _su_ batín.
— ¿Qué desea? —preguntó el extraño.
— Oiga, que yo vivo aquí...
El extraño gritó:
— Carmina, hay aquí un señor que creo que se equivoca de piso.
Carmina acudió secándose las manos en el mandil.
— Ramiro...
— Explícame esto.
— Verás, como siempre que alguien dice que va por tabaco, tarda años en volver o, simplemente, ni vuelve, yo ya había rehecho mi vida.
— Pero, coño —exclamó Ramiro—, ¿tú estás loca o qué? Solo he tardado hora y media en volver.
Ella acabó de secarse, puso las manos en jarras y le espetó:
— Culpa tuya por no haber dejado de fumar, majadero.

© Frantz Ferentz, 2011

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