Thursday, June 02, 2011

LA CRIATURA


Durante toda la visita al centro Niemeyer de Avilés, junto a Pepe y a mí iba una pareja con cochecito de bebé con capota, pero lo extraño es que iba cubierta la boca de la capota, de manera que a la criatura solo se le veían las piernas por encima de las rodillas. Parecía que el crío se ahogaría. Nos preguntamos si tendría bacilos contagiosos, dos cabezas o cuerpo de coliflor. Era un misterio demasiado atrayente para turistas ociosos como nosotros. Mientras Pepe preguntaba la hora a los padres, yo me acerqué al carrito y levanté el abrigo que cubría la capota por un rincón. Casi me caí al ver lo que había dentro.
Cuando Pepe se reunió conmigo, ya sobre la ría, me preguntó:
— Al final, ¿qué era: infección extraña, bicefalia, fotofobia...?
— Nada —le dije.
— ¿Cómo que nada?
— Pues eso, nada, que de cintura para arriba, no había nada. Que el niño solo llegaba hasta la cintura... pero estaba vivo.

© Frantz Ferentz, 2011

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