Wednesday, June 15, 2011

LA ÚLTIMA SIMIENTE


Dimitri Ribeyra se sabía en las últimas. Por eso convocó a sus fieles seguidores, un puñado de nazis que confundían izquierda con derecha y arriba con abajo, para darles su último mensaje en aquella campa perdida:
— Amigos, hermanos, sé que hoy será mi último discurso ante vosotros. Gracias por haberme seguido en este amor a nuestra patria, por haber entendido que el Estado opresor quiere arrancarnos nuestras señas, aunque infelizmente tantos de nuestros paisanos viven cómodamente bajo las faldas de ese Estado opresor. Por eso, hoy voy a dejar mi simiente en esta tierra que tanto amo, para que permanezca en ella por siempre.
Y sin más, Dimitri Ribeyra, conocido como el Profeta de la Patria por sus fieles y como "el iluminado" por el resto de sus paisanos, se bajó la bragueta, hizo un agujero en el suelo y comenzó a copular con la tierra. Eyaculó enseguida (era un defectillo de toda la vida). Se alzó con dificultad, tapó el agujero con el pie, se ajustó la pajarita y se retiró para siempre del mundanal ruido.
Algunos de sus acólitos aún volvieron por allí de vez en cuando con la esperanza de que hubiera brotado algo, quizás un ciruelo, una secuoya o al menos un zarzal, pero nunca vieron nada de eso, tan solo una extraña planta espinosa que en vez de flores daba condones.
© Frantz Ferentz, 2011

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