Saturday, June 25, 2011

SALPICADURAS


León se levantó del sofá, dejó el periódico en la mesa y dijo a su mujer:
— Voy al baño —dijo él. Ella sonrió.
Pero justo antes de que él comenzase a orinar, ella le gritó:
— ¡Sube la tapa, no salpiques!
Él se quedó pensativo. Toda la vida con la misma cantinela. Le vino el momento filosófico. ¿Por qué las mujeres no salpican cuando orinan? Evidente, porque orinan sentadas. Le pareció que valía la pena probarlo. No estaba entre amigos que pudieran reírse de él por verlo orinar sentado. Lo hizo, incluso más cómodamente. Quizás en los aviones debería orinar sentado para evitar aquel chorro fuera de control (pobre del que viniera después).
Al acabar, antes de que fuera a salir, su mujer aún le gritó:
— ¿Te has lavado las manos?
Qué dolor. Se lavó las manos y volvió al salón. Al momento, su mujer se levantó para hacer la inspección de rutina. Enseguida, un grito femenino de desesperación.
— ¡Cacho guarro! ¿Cómo has meado hoy? ¡Está peor que nunca!
León volvió a reflexionar. No bastaba orinar sentado, el problema era que las mujeres no tienen un pene caprichoso que apunta para donde le da la gana. Y la verdad, él no tenía intención de caparse para acercarse a la perfección.

© Frantz Ferentz, 2011

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