Monday, July 18, 2011

LA APUESTA


Mientras mi compañera y yo comíamos en la cantina de la facultad, en un extremo de la mesa, en el opuesto, a unos siete metros, un colega al que no conseguíamos ver se pasó tres cuarto de hora hablando. No entendía cómo podía comer sin dejar de hablar.
— Te apuesto lo que quieras —le dije a mi compañera, sabiendo ambos a quién me refería— a que el tipo de allá no ha comido nada y ha estado hablando todo el tiempo.
Ella sonrió y me guiñó el ojo. Luego me dijo:
— Yo, en cambio, te apuesto a que tiene dos bocas.
No pude evitar soltar una carcajada. Cuando acabamos de comer, mi compañera y yo pasamos por delante del colega charlatán. Ciertamente ella ganó la apuesta, aunque la realidad es siempre más sorprendente a la fantasía: el tipo en cuestión tenía un agujero probablemente causado por una navaja que le atravesaba toda el maxilar derecho. Lo cierto es que funcionaba como una segunda boca. El tipo hablaba con la boca normal y comía con aquella especie de boca anexa. No, no perdía el tiempo en comer o hablar, lo podía hacer todo a la vez.



© Frantz Ferentz, 2011

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