Monday, July 04, 2011

TURBULENCIAS


— Por favor, abróchense los cinturones, hay turbulencias —anunció la azafata.
Las turbulencias fueron extremadamente brutales, más de un pasajero creyó que llegaba su última hora.
Cuando el periodista de La Gaceta iba a descender ya del avión, una azafata se apresuró a devolverle una especie de esponja que, inexplicablemente, se le había caído al pasajero por la agitación de las turbulencias.
— Gracias —dijo él recogiéndolo—. Es mi cerebro, el pobre no soporta las sacudidas...


© Frantz Ferentz, 2011

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