Sunday, August 14, 2011

LA GITANA DE LOS MALACATONES


— Malacatone, vendo malacatone...
John Smith se enamoró a los diez años de aquella gitanilla malagueña que vendía fruta. La palabra malacatone quedaría para siempre grabada en su mente, porque, con once años, sus padres se lo llevaron de vuelta a Boston, donde creció y se formó. Con veintitrés años volvió a Málaga dispuesto a encontrar a la gitana de los malacatones. Volvió al barrio de la infancia y buscó a todas las gitanas que vendieran malacatones.
Encontró una hermosa muchacha descalza, de aire salvaje y mirada penetrante que en el mercadillo anunciaba:
— Melocotones, vendo melocotones... 
Era ella. Pero era ya no decía malacatone.
— ¿Por qué ya no dices malacatones? —le preguntó John Smith con su marcado acento norteamericano.
Ella, sonriendo, le dijo:
— Es que ya soy estudiá...
John Smith se dio la vuelta y se volvió a Boston. Él hubiera querido a la muchacha de los malacatones.

© Frantz Ferentz, 2011

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