Sunday, October 02, 2011

EL CONSEJO


Ella descubrió por casualidad que su marido era un asesino en serie. Se dedicaba a esperar a los ciudadanos latinoamericanos a la salida de la sede de la multinacional telefónica y los mataba rebanándoles el cuello.
— ¿Por qué haces eso? —le preguntó ella apenada.
— Porque me jode que me llamen y me llamen todos los días para que cambie mi compañía de móvil.
Ella lo miró con ternura, como si fuese un niño grande. Luego le dijo:
— Mira que eres gilipollas: basta que al número desde el que siempre te llaman le asignes un tono de silencio. Así ya no lo oirás más.

© Frantz Ferentz, 2011

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