— Que placer me causa el que me acaricies…
— ¿Que te acaricie? —respondió ella preocupada retirando la mano de detrás de él tras haber recogido un vaso sucio—. Si yo no te he acariciado…
Él acabó entonces de enviar el SMS. Inmediatamente la sensación de placer desapareció, hasta que le llegó, tres segundos después, la confirmación de recepción del SMS. Luego sí, luego volvió la sensación efímera de caricia.
© Frantz Ferentz, 2011



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