Una o dos veces por semana, Juan García acudía a su cita con los árboles. Se pasaba horas abrazado a uno, hasta que se sentía aliviado. Después, se volvía a casa.
Mientras tanto, los servicios de jardinería del jardín de la isla seguían sin encontrar la causa de aquella enfermedad que causaba depresión en los árboles.
© Frantz Ferentz, 2011



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