Sunday, December 25, 2011

EL PRÍNCIPE DE FIN DE SEMANA

Recogió a su hija de 14 años en la puerta de la casa de la madre como solía hacer uno de cada dos fines de semana. La madre, previamente, ya le había dado órdenes de echarle la bronca porque las notas de la hija habían sido un desastre aquella evaluación: seis suspensos. Le recordaba que su obligación como padre era abroncar a la hija y meterla en vereda. 
La cría vino cabizbaja, abrió la puerta del coche y saludó con un hola que auguraba marejada. Sin embargo él le acarició la mejilla y le dijo en un tono jovial: 
— Este finde hay pasta para comer, ¿quieres? 
La hija levantó la mirada y sonrió. 
Él solo pensó en que si tenía a la hija cuatro días de cada veintiocho, porque la madre así lo había querido con la aquesciencia del juez, pues que se jodiera ella haciendo de ogro y que lo dejase a él vivir con su hija como le diera la gana. 
El padre arrancó el motor del coche y rescató a su hija, convertido en un efímero príncipe de fin de semana.



© Frantz Ferentz, 2011

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