Sunday, December 11, 2011

EL TATUAJE


— Nadie le hará un tatuaje tan único como este —le anunció el tatuador al cliente, un tipo recio de musculatura de gimnasio.
En relativamente poco tiempo, el tatuador le hizo una rama de olivo que parecía flotar en el brazo, desde el bíceps hasta la muñeca.
— Y ya verá qué milagro se produce cuando llegue el otoño… —dijo en plan misterioso el tatuador.
— ¿Qué? ¿Qué se caerán las hojas? —preguntó entre incrédulo y fascinado el tipo de la musculatura impoluta.
— Los olivos no pierden la hoja —dijo el tatuador decepcionado ante aquel cretino; por eso, optó por no contarle que en otoño su tatuaje mostraría aceitunas.

© Frantz Ferentz, 2011


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