Monday, December 12, 2011

EN MITAD DE LA NIEBLA

Ella salió con el perro a pasear, como todas las tardes. El animalito tenía que hacer pipí, quisiera o no. Pero aquel día la niebla en la calle casi se cortaba con cuchillo. Se dejó guiar por el perro, él tiraba, tiraba, tiraba de ella. Ella se sentía perdida, como ciega. La cuerda se mantuvo tensa, el animal no aflojaba. Tras tres horas caminando, llegó a preocuparse. ¿Dónde la llevaba el perro? Estaba perdida, la niebla no levantaba y ella no sabía dónde estaba, aunque no había dejado de oír música, una extraña música. ¿Habría viajado en el tiempo y en el espacio? Había oído historias sobre eso. 
Finalmente, tras seis horas y media, la niebla acabó levantando. Y allí estaba, con la correa del perro atada a la baranda de un carrusel decadente y oxidado que giraba y giraba con ella detrás, en mitad de la nada, después de la media noche, mientras el perro, sin atar, la contemplaba moviendo el rabo, entre divertido y satisfecho por haber llevado a cabo su venganza…

© Frantz Ferentz, 2011


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