Monday, December 12, 2011

INYECTÁNDOSE

Carla notó que le llegaba el síndrome de abstinencia. Le faltaba su droga. Sí, su droga… Tendría que inyectarse inmediatamente. ¿Dónde rayos estaba su droga? Rebuscó por el salón como una posesa. Finalmente encontró lo que buscaba. 
Cogió su teléfono móvil, extendió la antena y se la clavó en la vena del brazo. Enseguida sintió un gran alivio al empezar a sentir que los SMS, las conversaciones y los mensajes del buzón de voz corrían por su torrente sanguíneo…


© Frantz Ferentz, 2011


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