Sunday, December 11, 2011

MEDIO EURO


Eladio, cuasi-mileurista de larga duración, comprobaba con envidia cómo el grupo de ricas colombianas cincuentonas vaciaban el carrito de productos dutifrí del avión de Iberia. Nunca había visto tantos billetes de doscientos y quinientos euros juntos en su vida. Él mismo no podía ni permitirse comprar unas patatas fritas aunque le devoraba el hambre, pero ellas gastaban sin contemplaciones. Le dio por pensar que tal vez eran esposas de narcotraficantes, que podría ser que necesitasen un gigoló ocasional —un momentito en el baño, algo rapidito—, pero enseguida rechazó la idea ante la posibilidad de la venganza de un narcotraficante celoso… Se jodería con su hambre.
Entonces descubrió aquel medio euro tirado en el suelo bajo el asiento delante del suyo. Sí, medio euro de mierda que se le había caído a una de ellas. Estiró el pie y lo atrajo hacia sí. Luego lo recogió con disimulo. Justo medio euro era lo que le faltaba para unas míseras patatas fritas, que costaban tres euros y él solo tenía dos y medio.
— Azafata, por favor, unas patatas fritas…
— ¿Y agua? —preguntó ella.
Él bajó la mirada.
— No déjelo, no quiero nada —dijo entonces Eladio.
Apretó la moneda cincuenta céntimos con ganas de tirársela a la cara a las colombianas, pero sabía que ni se agacharían a recogerla. En vez de eso, se mantuvo firme en su decisión de usar la moneda para alimentarse. Se la llevó a la boca y se la tragó.



© Frantz Ferentz, 2011

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