Wednesday, December 26, 2012

LECCIONES DE PATRIA

Doña Carmen, mujer patriota como pocas, de 60 años de edad, entró en la panadería. Había cola. Husmeó para ver quién estaba en ella. Exacto, tal como ella sospechaba, en la cola había extranjeros. Estaba aquella chiquita danesa, aquella odiosa treintañera que vivía en el barrio y cuyo trabajo ella conocía tan bien. Tocaba dar una lección de patriotismo a la parroquia:
— Si no fuera por gente como tú, bonita —soltó de repente dirigiéndose a la muchacha danesa—, mi hija tendría trabajo. Los extranjeros como tú, quitáis el trabajo a los de aquí...
La joven danesa se le quedó mirando y le replicó en un su idioma sin prácticamente acento:
— ¿Su hija sabe danés? ¿Puede atender a los turistas de mi país que vienen aquí? Gracias a gente como yo, tienen ustedes turistas aquí cada año, señora —y la joven volvió a mirar al frente
Ahí doña Carmen tuvo que callarse. Su hija ni chapurreaba inglés, como buena patriota, pero doña Carmen tenía que tener la última palabra, porque notaba las sonrisas maliciosas en la parroquia:
— Tú no tendrías trabajo aquí —añadió doña Carmen toda digna— si los turistas daneses supieran hablar nuestra lengua, qué vergüenza que vengan aquí sin saberla, qué vergüenza...


Frantz Ferentz, 2012

Y DE REPENTE, LA LUZ

— A ver —insistió la mujer—. ¿Quién te ha acompañado desde hace tantos y tantos años, ha estado siempre a tu lado, te ha escuchado con paciencia tus confesiones de borracho durante horas en la noche, sin que hayas tenido que oír un reproche de sus labios, quién tiene el tacto más suave que conoces y del que siempre te acuerdas cuando estás lejos, en los ojos de quién te reflejas cuando vuelvas a casa y no tienes que dar ninguna explicación? ¿Quién te quiere a ti sin condiciones, dime, quién?
El hombre suspiró. Estuvo a punto de dejar caer una lágrima. La mujer pensó entonces que por fin el hombre iba a reconocerle su mérito, su heroicidad.
— Ahora lo veo claro —dijo él—. Has descrito perfectamente a Mariana, mi osa de peluche, Mariana...

Frantz Ferentz, 2012

Thursday, December 20, 2012

SOSTIENE SU EMINENCIA...

El señor obispo, por su responsabilidad ante el rebaño, leía también las noticias de los periódicos de izquierda, los hijos de Satán. Pero precisamente por su papel de pastor del rebaño, tenía que replicar a aquellos mal nacidos que acusaban a la banca de causar suicidios entre los desahuciados. Había suicidios porque no había fe, fue su conclusión. Y publicó en su cuenta de tuíter aquel pensamiento que lo dejó henchido de paz con su dios.

En mitad de la noche, el obispo se despertó empapado en sudor. Había soñado que Dios se había indignado con él por sus palabras y lo había castigado a convivir con los sintecho. Menos mal que había sido una pesadilla, era obra de Satán quien, por supuesto, era de izquierdas. Pero entonces se dio cuenta de que no había sido una pesadilla, sino que compartía su cama con dos sintecho que apestaban...

Y entonces se despertó de que soñaba. Y vio que en su cama dormían tres sintecho que apestaban...

Y entonces se despertó de que soñaba que soñaba. Y vio que en su cama dormían cuatro sintecho que apestaban...

Y entonces se despertó de que soñaba que soñaba que soñaba que soñaba. Y vio que en su cama dormían cinco sintecho que apestaban...

Y entonces se despertó de que soñaba que soñaba que soñaba que soñaba que soñaba. Y vio que en su cama dormían seis sintecho que apestaban...

Frantz Ferentz, 2012

Friday, December 07, 2012

SIN SU MUSA

De repente, el gran poeta anunció:

— Dejo de escribir para siempre. He perdido a mi Musa.

Tras cuatro matrimonios e innumerables escarceos amorosos, todos los críticos del gran poeta rebuscaron en su vida para intentar descubrir quién era realmente su musa, porque nunca, nunca, habían sabido a ciencia cierta quien había inspirado al gran poeta aquellos versos de amor salvajes, desgarradores e irrepetibles.
Por eso, nadie, absolutamente nadie, reconoció al gran poeta en el entierro de aquel estribador de origen iraní en las afueras de Londres, bajo el rito musulmán, en una tarde lluviosa y gris melancólica. Nadie supo, pues, que el gran poeta había ido a despedir a su musa, Musa Alizadeh.

Frantz Ferentz, 2012

Friday, November 30, 2012

LA CULPA ES DE LOS GALOS

— Abuelo, en el colegio, los niños mayores dicen que yo soy negro porque mamá es una ninfómana. ¿Qué quieren decir?
El abuelo comprendió que había llegado el momento de coger el toro por los cuernos. Adoraba a su nieto. Le acarició los rizos como alambres y le dijo:
— ¿Te acuerdas de la historia de Obélix, que de pequeño se cayó en una marmita llena de poción mágica y sus efectos son permanentes en él?
— Sí.
— Pues tú, al nacer, te caíste en un perolo de chocolate. Por eso eres negro, porque los efectos del chocolate son permanentes en ti. Y ahora, saca tus propias conclusiones.
Y el niño las sacó. Salió corriendo hacia la habitación de su hermana Emilia para explicarle su teoría: que ella era china porque al nacer se había caído en un perolo lleno de zumo de limón y sus efectos eran permanentes en ella.


Frantz Ferentz, 2012

SOBREVIVIR A LA TELEOPERADORA

Me sonó el móvil. Justo en ese momento tenía la boca llena.
— ¿Sí?
— Caballero, ¿es usted el titular de esta línea telefónica...?
— Sí...
— Lo llamo de Aquaphone, tenemos una oferta de wifi....
La tipa habló durante diez minutos mientras yo me acababa las magdalenas bien mojadas en el café. Sonaba simpática, tenía labia. Yo entendía que ella se ganaba así la vida.
— ¿Qué le parece? —me preguntó al final.
Pero yo ya tenía la respuesta preparada:
— Verá, es que yo no necesito wifi. Se la pirateo a mi vecino, ¿sabe usted? Me sale totalmente gratis.
— ...
No le salió nada. Al otro lado de la línea sonó un suspiro. Casi me dio pena... casi. Colgó sin más.
Pero el que no entendió nada fue mi vecino de al lado, quien al día siguiente se encontró con que le habían cortado el suministro de internet y sin que nadie le hubiese dado una triste explicación. Pero no era de él de quien yo me aprovechaba, sino de la vecina de abajo... Menos mal que no había dado detalles.


Frantz Ferentz, 2012

Saturday, September 01, 2012

LITERALMENTE


— Me fascina que puedas ser el hombre más encantador del mundo cuando estás conmigo y luego, cuando sales por la puerta de casa, seas una bestia despiadada —dijo Maribel en tono divertido a su novio, policía antidisturbios.
Él le dio un trago a su cerveza, acarició tiernamente el cabello de ella y le dijo:
— Es fácil, solo hay que dejar la conciencia en casa... —respondió él lleno de ternura hacia ella.
— No, en serio, dime cómo lo haces —insistió ella mimosa.
— No es ninguna metáfora, cuando salgo de casa, dejo la conciencia aquí... ¿Ves esa cajita de ébano en el taquillón de la entrada? Pues cada vez que salgo, dejo allí la conciencia y cuando vuelvo la recojo... 
Ella se rio a carcajadas. Qué encanto de novio. Pero su curiosidad se la comía. Maribel, al día siguiente por la mañana, después de que su novio saliera a trabajar, fue a ver qué había en la cajita de ébano. La abrió, pero no vio nada. Volvió a cerrarla. Cuánta fantasía tenía. Podía haber sido cuentista...
Por la tarde, el novio antidisturbios volvió del trabajo. Había sido una jornada dura de pegar a manifestantes furibundos. Un rato después de entrar, Maribel oyó desde la cocina los gritos histéricos de su novio que le decía en un tono totalmente desacostumbrado, más propio de su trabajo:
— Pero so cabrona, ¿qué has hecho? ¿A qué has abierto la cajita de la conciencia? Pues se ha escapao. Ahora me pasaré toda la puta noche buscándola por casa.

© Frantz Ferentz, 2012

Tuesday, August 28, 2012

MI ÚLTIMA PALABRA


Harto, ¿entiendes? Estoy harto de todo, de ti, de la gente, de los gilipollas que me rodean, de los que se dicen mis amigos, de tener que bailarles el agua a una panda de cabrones que me dan consejos envenenados, estoy harto de oír comentarios, estoy harto, sí, hartísimo, harto, harto, harto... Por eso he decido lo que he decidido, si te gusta, bien; sino, que te den, a ti y a todos los que me aburrís con el "si es por tu bien", los que os habéis erigido en mis salvadores aunque a mí me importe una mierda lo que penséis, pero que sepas, que sepan, que esta es mi última palabra: no me da la gana cortarme las uñas de los pies.


© Frantz Ferentz, 2012




Sunday, July 15, 2012

FELIZ CUMPLEAÑOS


La madre preguntó a su hijo adolescente varios días antes del cumpleaños del chaval:
— ¿Qué te gustaría comer el día de tu cumpleaños, cariño?
— Mamá, sabes que me encantaría comer carne, solo eso, pero ya sé que papá y tú estáis en el paro, que vivimos con la pensión de la abuela y que es posible que nos echen del piso por no pagar la hipoteca... Me bastará con que pasemos el día juntos, no quiero nada.
A la madre conmovió la sensatez de su hijo y una lágrima se le escapó furtivamente mejilla abajo.
El día del cumpleaños, para sorpresa del hijo, hubo carne. Olía deliciosa, bien guarnecida con patatas. 
— Pero mamá, ¿y esto? —preguntó el hijo sorprendido.
— Todo por ti cariño. Es la carne más cara del mundo.
El chaval se quedó sin palabras mientras la madre, el padre y la abuela sonreían picaronamente
— Pero no tenemos dinero... —quiso aún justificarse el chaval.
— No te preocupes, mi amor —le explicó la madre—. Esta mañana me topé por aquí, por el barrio, con uno de esos futbolistas a lo que tanto admiras...
— ¿Y él te ha dado el dinero? —preguntó incrédulo el chaval.
— No, simplemente le corté una pierna. Por eso te digo que estamos comiendo la carne más cara que existe, carne de futbolista... Este creo que cuesta 130 millones de euros todo él.



© Frantz Ferentz, 2012

Friday, July 13, 2012

MUJER SENTADA EN EL BANCO DE UNA IGLESIA


La mujer entró en aquella iglesia con lágrimas en los ojos. La iglesia estaba vacía, aunque permanecía abierta. Se acercó lentamente hasta el altar, con las lágrimas rodando por su mejilla. Veía borroso, solo percibía manchas a causa de la inundación de sus ojos por el llanto. Quería orar, necesitaba orar en aquella penumbra arropada de silencio. Se sentó en el primer banco e invocó a Dios... Y enseguida notó el aliento del extraño a su lado. No lo había notado antes, pero a su lado había alguien. Quizás ya estaba allí cuando ella llegó pero ni se había dado cuenta. Percibió que vestía una especie de albornoz con capucha, quizás otra alma rota como la suya. La mujer, por algún motivo incomprensible, hizo la oración súplica llanto lamento en voz alta, contándole al extraño a su lado su impotencia de ver a aquellos representantes de la Iglesia llevarse millones y mancillar de aquella manera el mensaje del Evangelio. No podía evitar la rabia que laceraba su corazón, su impotencia por aquella camada de hipócritas vestidos de púrpura que le había vaciado la vida, le había deshilachado su fe, engañándola en su ser más íntimo.
— ¿Y nadie puede pararlos? —preguntó ella a Dios y al extraño a su lado.
Y el extraño, que en todo el tiempo no había dicho una palabra, solo meneó la cabeza de derecha a izquierda negando. Ella se lo quedó mirando. Poco a poco iba recuperando la vista al tiempo que sus lágrimas se secaban. El extraño, entonces, le acarició tiernamente la cabeza y se acercó al altar. Entonces, y solo entonces, ella se dio cuenta de que la cruz estaba vacía. El extraño se quitó el albornoz y subió a la cruz y enseguida quedó crucificado. Y antes de quedar inmóvil, como una estatua, le susurró a la mujer:
— Ni yo los puedo cambiar a esos obispos, ni yo...



© Frantz Ferentz, 2012

Thursday, July 12, 2012

CUÁN INOPORTUNO


— Perdona, ¿tienes fuego? —preguntó ella, bellísima, ángel hecha mujer, mirándolo a él a la cara con una sonrisa con luz propia y un cigarro entre los labios.
Y él, tragafuegos de profesión en un circo, de baja momentánea por ingesta de alcohol accidental durante su último espectáculo, hombre capaz de lanzar fuego por la boca hasta una distancia de diez metros, tuvo que confesar allí sentado en el banco del parque:
— Lo siento. Hoy no. Estoy de baja.
Ella perdió la sonrisa. Él bajó la mirada y pensó que desperdiciaba una oportunidad de oro, aunque prefirio no imaginarse cómo sería darle fuego a aquella belleza en plan dragón, lanzando llamas por la boca.



© Frantz Ferentz, 2012

Tuesday, July 10, 2012

DE ESA GENTE QUE A PRIMERA VISTA TE INSPIRA CONFIANZA


— ¿Le importa si me siento aquí a mirar la catedral a su lado?
— (...)
— Gracias. Hoy en día no queda gente amable, ¿sabe? Es muy posible que otra persona me hubiera puesto mala cara, me hubiera gruñido o incluso empujado...
— (...)
— Yo no vengo mucho por aquí, ¿sabe? Pero ahora visito a un psiquiatra por aquí cerca, porque acabo de salir de una relación tormentosa con un hombre, una bestia, un mal nacido que me ha amargado la existencia. Me dejó la autoestima por los suelos, me hizo creer que sobraba en esta vida, ¿sabe? pero al final conseguí echarlo de mi vida, con la ayuda de mi mejor amiga... De hecho empiezo a pensar que estoy enamorada de ella, que soy lesbiana... Huy, fíjese, eso no se lo había dicho a nadie. Oiga, no sé qué tiene usted que me hace abrirme como no lo había hecho en toda mi vida, si parece que nos conociéramos de siempre.
— (...) 
— Oiga, usted no será por casualidad don Ramón María del Valle Inclán, ¿verdad?
— (...)
— Ya me lo suponía. Mire, ahora tengo que irme, pero le dejo esta tarjeta con mi número de móvil y mi dirección de correo electrónico. No deje de contactar conmigo, ¿eh? Gracias por su paciencia
La mujer se alejó por la Alameda camino de la Praza do Toural, dejando a sus espaldas la estatua de bronce de Valle-Inclán sentado en un banco, siempre mirando a la catedral, siempre ascético ante las cagadas de paloma.


© Frantz Ferentz, 2012

Monday, July 09, 2012

CUANDO LA POLÍTICA ES COSA DE DIOSES

La ministra acudió solemne a la capilla que albergaba la imagen de la virgen de los Solitarios. Ante los flashes de los periodistas y de decenas de curiosos, soltó un discurso protocolario, de marcado carácter político, que culminó diciendo:
— Y de esta crisis económica brutal saldremos con la ayuda de la virgen, ea...
De repente se oyó un relámpago que parecía querer hacer crujir la capilla y al instante una lluvia torrencial comenzó a castigar la tierra sin piedad.
— Ministra —comentó uno de los periodistas—, ¿no cree que abusa de la intervención divina para resolver los problemas del país?
La ministra, siempre sonriendo, respondió al incrédulo y descreído periodista:
— Ea, ¿pero no lo ve? Si la virgen ya nos envía agua en cantidad para evitarnos la próxima sequía.

© Frantz Ferentz, 2012


Sunday, July 08, 2012

LA MUJER DEL ESTE



Yoni recibió de repente un correo intrigante. Decía:
Hello dear
   How are you doing in life, I want to introduce myself to you before I could go further, I am a woman, Christy by name. I came across your email which really sounds so interesting of you so I decided to drop a note to let you know that I am intrested in you for friendship. Please if you are interested I will like you to email me back, so that we can get to know each other. I am waiting to get a reply from you.
                 From Christy.
                           THANKS.
Yoni había oído hablar de aquellos mensajes engañosos de falsas mujeres rusas que buscaban que les pagasen pasajes a Europa occidental, pero que solo buscaban el dinero de ingenuos... como él. Cuánto le hubiera gustado tener una pareja rubísima, joven, bella, casi medio metro más alta que él. Pero como estaba seguro de que era un mensaje engañoso, fraudulento, respondió en español (sabía que el idioma no sería una barrera):
Hola Christy
No sabes cuánto me halaga tu mensaje. Ojalá de verdad quisieras conocerme y ser mi amiga, pero en cuanto vieras que produzco un hedor insoportable de pies y que mi casa es una especie de cochiquera, quedarás defraudada. Aún así, si quieres conocerme, te espero.
Tuyo
Yoni
Christy recibió el mensaje e inmediatamente lo pasó por el traductor automático. Entendió lo que Yoni le decía. Y en ese momento, una lágrima empezó a resbalar por la mejilla de Christy, quien hubiera jurado, porque así se lo había asegurado la gitana, que aquel, precisamente aquel, era el hombre de su vida.

© Frantz Ferentz, 2012
Nota: el correo en inglés es real.



EL ARQUEÓLOGO

Los arqueólogos descubrieron una botellita de plástico al lado del cadáver en la cámara mortuoria como una de las pertenencias más queridas del difunto. Debía datar de, al menos, tres siglos atrás. El jefe de la expedición, Dick Smith, se llevó la botellita de color rojizo a su propio estudio, el de casa. La dejó allí, junto al microscopio. Aquella misma noche pretendía comenzar su análisis, pero antes se fue a dar una ducha.
Al acabar la ducha, su mujer ya lo esperaba con la cena preparada, un delicioso arroz al curry con salsa. El olor delicioso del plato hizo que Dick olvidase sus empeños científicos y acudiese a cenar.
— Delicioso como siempre, mi amor  —la felicitó él.
— El mérito no es mío, sino de esa salsa agridulce que trajiste de algún restaurante chino. Le ha dado un sabor estupendo —respondió ella.
Dick Smith no quiso levantarse de la mesa. No quiso ir a ver si seguía en su estudio la botellita de la excavación. Pero de lo que no había duda era de que el contenido de aquel recipiente era, efectivamente, salsa agridulce china del pasado y que, por tanto, ya no necesitaba ser analizado.


© Frantz Ferentz, 2012

Sunday, July 01, 2012

POR PREVENCIÓN

La procesión transcurría tranquilamente con la imagen del Cristo de las Ligaduras y la orquesta municipal haciendo resonar histriónicamente trompetas y tambores por las calles de aquella solemne villa manchega. Y al final, toda la rista de nazarenos con sus pulcras capuchas blancas. De sopetón, sin que nadie lo esperara, aquel turista afroamericano de Georgia, Estados Unidos, se abrió paso entre el público y disparó cuatro tiros contra los nazarenos, matando a uno de ellos, hiriendo a dos e impactando una bala contra una trompeta. A partir de ahí, caos y confusión. El ciudadano estadounidense salió huyendo con la mirada desencajada mientras gritaba: «No, malditos del Ku-Kux-Klan, no, malditos, vosotros no me mataréis como a mi abuelo».

© Frantz Ferentz, 2012

Wednesday, June 20, 2012

SUEÑA MIENTRAS PUEDAS (2)

En mitad de la pesadilla, recordó las palabras de su psicólogo: «Cuando estés en medio de la pesadilla, ríete de ella, de la pesadilla». Eso hizo, se rio de la pesadilla mientras caía por un precipicio sin fondo que se había abierto en el cuadrilátero de boxeo donde un gigante de dos cabezas y puños de acero lo estaba moliendo a golpes. Y justo entonces se despertó. Estaba satisfecho de sí mismo, había sido capaz de vencer a la pesadilla. Pero enseguida notó que le dolía un ojo. Se levantó, fue hasta el baño y se miró en el espejo. Lo tenía morado, muy hinchado. Al instante comprendió que la pesadilla tenía muy mala baba y no le iba a permitir que se riera impunemente de ella.


© Frantz Ferentz, 2012

SUEÑA MIENTRAS PUEDAS

Tenía ante sí tres columnas, perfectamente colocadas en el centro de la habitación. Pero no se trataba de columnas de piedra, sino de papel. Y no de cualquier papel, sino de exámenes. Un cálculo rápido, atendiendo a la altura de cada columna, le daba unos  700 exámenes para corregir. Y tendría que corregirlos en tan solo una semana. No pudo evitarlo. Lanzó un alarido inhumano. Se despertó en ese momento, incorporado en la cama, sudando. Su mujer se asustó, le preguntó que qué le pasaba. Él le explicó cuál había sido el sueño. Ella le acarició las sienes y trató de tranquilizarlo. Le recomendó volver a dormir porque, en realidad, le tuvo que recordar que tenía unos 1200 exámenes por corregir para dentro de tres días. Él le hizo caso, tomó un sorbo de agua, se dejó caer en la cama y buscó entre sus recuerdos la pesadilla que lo había atenazado, porque era mucho más llevadera que la realidad que lo esperaba...

© Frantz Ferentz, 2012


Sunday, June 17, 2012

CONSEJOS DE PADRE

— ¿Qué haces, cariño?
— Preparo un examen, papi.
— ¿Y cuándo lo tienes?
— Mañana.
— Vaya, hombre, otra vez estudiando solo la víspera. Desde luego, hija, mira que te lo tengo dicho, no se puede estudiar un examen solo el día antes...
— Pero, papi, si ya sabes que yo quiero llegar tan lejos como tú en la vida, al menos ser catedrática de Derecho como tú.
— Pues estudiando así, no lo vas a conseguir, entérate.
— Cómo que no, pero si la abuela me ha dicho que tú eras igual, que solo estudiabas la víspera de los exámenes, así que...



© Frantz Ferentz, 2012

Sunday, June 10, 2012

PREGUNTAS INDISCRETAS (3)

El día que Alberto cumple ocho años, su madre decide que tiene que llevarlo a la sede del partido conservador, su partido de tres generaciones. Está orgullosísima de él por su madurez.
— Presidente, este es mi hijo Alberto, un futuro dirigente de nuestro partido.
El presidente primero se rasca la barba y luego le acaricia el mentón al niño que mantiene los ojos clavados en él.
— Qué ricura de criatura. Enhorabuena Clara Mari. Y dime, Alberto, ¿tú qué quieres ser de mayor?
Alberto, sin dudar, responde:
— De mayor quiero ser yo mismo, presidente.



© Frantz Ferentz, 2012

Thursday, June 07, 2012

LA FUERZA MÁS PODEROSA DE LA NATURALEZA

No, no intentes luchar contra mí. Déjate llevar, cede a mí, sabes que soy la fuerza más poderosa de la naturaleza, nada se me opone. Ven, sucumbe, déjate arrastrar, te sentirás mejor, ¿ves? Ya lo notas, no luches, no, cae, ven, confía, eres feliz, te diluyes en mí, nada ya te preocupa... Eso es, ha sido fácil, ¿ves?, como todos los días, a esta hora, cuando yo, la hora de la siesta, siempre te venzo...


© Frantz Ferentz, 2012

Tuesday, June 05, 2012

EL PORQUÉ DE MI RELIGIÓN

Siempre me han preguntado cómo una persona como yo se pudo hacer mormón. Bien, podría haberme hecho musulmán, porque la razón sería la misma: la poligamia. ¿Acaso creen que me he casado con seis mujeres por diversidad sexual? Pues no. Verán, la verdadera razón de que yo profese esta fe estriba en mi amor por los idiomas. Fue a raíz de lo que me dijo mi profesor de idiomas en el instituto: "los idiomas solo se aprenden de verdad casándote con una nativa". Y eso es lo que he hecho: para aprender los seis idiomas que sé me he casado con seis mujeres nativas de seis idiomas distintos. Y como estaba prohibida la poligamia en mi religión, me hice mormón, que me permite tener seis esposas y poder practicar seis idiomas distintos en casa... 



© Frantz Ferentz, 2012