Thursday, April 26, 2012

LOS TRES DESEOS (CASI UN CUENTO DE HADAS)


De repente, a Miguel se le apareció un hada madrina. Miguel se la quedó mirando, como era de esperar, pues no es cosa frecuente que un hada madrina se le aparezca a uno de repente, sin avisar, sin, al menos, enviar un correo electrónico previamente. El hada madrina, como era de esperar, era de tamaño diminuto, flotaba en el aire y tenía varita mágica; para completar el cuadro, estaba envuelta en un suave halo de luz. El hada madrina dijo a Miguel:
— Te concedo tres deseos.
Miguel, escéptico, le pidió:
— Demuéstrame que eres un hada —pues tenía dudas de que no se tratase de su fantasía.
El hada agitó la varita y materializó un elefante rosa con zapatillas de balet.
— ¿Te sirve? —le preguntó el hada, y en ese preciso momento, el elefante bramó.
— Sí, sí —respondió él.
— Pero ya has consumido un deseo.
— ¡Mierda!
Pero lo peor vino luego. Tenía que decidir qué otros dos deseos quería y tenía que decidir correctamente. Pensó en pedir una gran mansión junto al mar, pero como sabía de cuestiones inmobiliarias, sabía que Hacienda le haría pagar una cantidad inmensa de dinero por la casa, no la podría prácticamente disfrutar, tendría que malvenderla. Pensó a continuación que eso se resolvería pidiendo un millón, no, mejor, dos millones de euros, pero entonces se dio cuenta de que el Estado también se quedaría con una parte sustancial de ese dinero en cuanto pisase un banco y él no estaba en condiciones de meterlo en un paraíso fiscal. Además, tanto dinero de repente en su cuenta bancaria sería sospechoso y podrían pensar que era traficante de armas o algo peor y podrían embargarle todo. Qué mal rollo. Así que, después de pensárselo un buen rato y tras dejar al hada flotando en el aire con sonrisa de pánfila, le dijo:
— Mira, te agradezco tu interés, pero no quiero más deseos. Adiós y que tengas un buen día.
— ¿Estás seguro?
— Sí —respondió firme Miguel.
Y el hada, que también leía el pensamiento y era consciente de las diatribas o diarreas mentales del hombre, justo antes de desvanecerse, le dijo:
— Lo siento por ti, porque si con tu segundo deseo hubieses pedido la mansión junto al mar y con el tercero que estuviese ya todo pagado a Hacienda, hubieras disfrutado de una casa para toda la vida.
— Eso me pasa por no creer en la magia.
— No, eso te pasa por tonto... 
Y el hada se esfumó dejando a Miguel con cara de idiota.

© Frantz Ferentz, 2012

Monday, April 23, 2012

LA ABDUCCIÓN

Del modo más tonto me había hecho un corte en la mano con un cuchillo. Sangraba profusamente. Me asusté de verdad porque vivía sola en aquel pueblo desde hacía tres semanas, no conocía todavía a nadie. Temblaba. Me envolví como pude la mano en un trapo e hice para presión para intentar frenar la hemorragia. Sin embargo, el trapo estaba cada vez más rojo. Salí a la calle. Tenía terror a morirme sola y desangrada. Sabía que en algún sitio en el pueblo había un centro médico. Tendría que preguntar. Pero la calle estaba vacía del todo. Aquella calle y la siguiente y la siguiente y la siguiente y la siguiente... Todas las calles estaban vacías, no había nadie a las 8 de la tarde. Mi cabeza empezó a llenarse de paranoias. ¿Habrían evacuado el pueblo? ¿Habrían abducido a la gente? ¿O acaso se habían muerto todos y yo era la única superviviente? El trapo que llevaba alrededor de la mano ya estaba totalmente rojo de sangre. de hecho la sangre ya goteaba. Quise llorar, quise gritar... Estaba sola, tal vez me moriría en medio de la calle como un perro, desangrada. Jamás en mi vida había sentido una angustia tal, jamás...Y de repente, cuando ya había caído de rodillas sobre el asfalto, sonó una especie de rugido olímpico colectivo, perfectamente sincronizado: "¡Gooooooooooooooool!".

© Frantz Ferentz, 2012

Wednesday, April 18, 2012

MEDIDAS DE AUTOPROTECCIÓN


Sarkozy en la plaza Concorde, a punto de perder su reloj

El candidato a presidente se quitaba su caro reloj (valorado en 55 mil euros) de oro blanco, regalo de su mujer, cada vez que, durante la campaña electoral, daba la mano a decenas de simpatizantes y militantes de su partido. Al final de la jornada, volvía a colocarse su espléndido reloj de pulsera y se quedaba minutos contemplándolo, extasiado. Hasta la víspera de las elecciones, cuando, al ir a ponerse el reloj ya de noche, se dio cuenta de que sí le habían robado algo durante la maratón de apretones de manos, su objeto más íntimo: sus calzoncillos.


© Frantz Ferentz, 2012 


Monday, April 16, 2012

CUANDO LA CRISIS AGUDIZA EL INGENIO



Buenos días, mi nombre es Alan Eugenio Jonnathan y lo llamo de Euroventas S.A. Es un placer platicar con usted. ¿Podría decirme cómo se llama para dirigirme a usted?
...
Bien, señor Puntosuspensivos, seguro que a usted lo han mandado muchas veces a la mierda, causándole un indescriptible sensación de impotencia, ¿no es cierto, señor Puntosuspensivos?
...
Claro, por eso nosotros le ofrecemos la posibilidad de sentirse resarcido y, además, desprenderse de frustraciones.
...
No se preocupe, señor Puntosuspensivos, lo que le ofrezco por 10 euros es un paquete de mierda fresca humana perfectamente envuelta en papel de regalo lista para enviar dentro de una caja que absorbe olores, para que usted pueda, no mandar a la mierda a la gente, sino mandar mierda a todos aquellos que lo molesten y ofendan, señor Puntosuspensivos. Pero si hace el pedido de tres cajas, solo le costará veinte euros...


© Frantz Ferentz, 2012

Sunday, April 15, 2012

EL SECRETO DEL FOTÓGRAFO


— ¿Cómo haces para que en las fotos de todos estos edificios históricos nunca salga gente alrededor? —preguntó ella llena de curiosidad al fotógrafo.
Él no respondió, solo se palpó, oculto en el bolsillo, aquel extraño aparato que daba la orden de liberar virus mortales y que enseguida avisaba a la policía de ataques bacteriológicos terroristas, lo cual producía evacuaciones masivas de población en cuestión de minutos.


© Frantz Ferentz, 2012

Thursday, April 12, 2012

LA MULTA Y LA PENA

Llovía a rabiar. El cuerpo del agente de la guarda civil era una cascada. Casi sentí pena de él, casi... Mientras acababa de rellenar la multa que me ponía por exceso de velocidad dentro de su coche patrulla (la multa no se podía mojar), yo preparaba mi actuación de dar pena.
— Aquí tiene  —me dijo alargándome la multa.
— Agente, no me haga esto —mi voz sonaba desgarradora—. Si me pone esta multa, no llego a fin de mes. Ya sabe cómo es esto de la crisis. Tengo familia y no puedo dejar de pagar la hipoteca este mes...
El agente me contempló unos segundos, con el diluvio cayéndole encima. Sin decir palabra, se dio la vuelta, abrió el maletero del coche patrulla y sacó una caja bastante grande. Me pidió que abriera la puerta del coche, cosa que yo hice. Luego abrió la caja y pude ver que estaba llena de productos diversos, como los que venden en los vuelos, desde perfumes a cachivaches electrónicos, pasando por peluches y tabaco y licores. 
— Ya sé que la vida está muy dura  —me dijo —, por eso yo ayudo a vender los productos dutifrí a mi mujer, que es azafata de Ryan Air... Si me compra este perfume con esta botella de güisqui, le retiro la multa y además le regalo este llavero de peluche de una foca bebé...

© Frantz Ferentz, 2012

Monday, April 09, 2012

UNA COMPRA ARRIESGADA

La buena musulmana acudió al mercadillo del lunes por la mañana en Ocaña, donde se vendía lo mismo fruta que pantalones, pasando por zapatos y banderolas deportivas y gominolas. La buena musulmana comprobó, al acercarse al puesto de ropa barata del gitano que ningún musulmán estuviera cerca. La buena musulmana era la única en toda Ocaña que vestía rigurosamente islámica, donde no dejaba a la vista más que el óvalo de su cara, no en vano estaba casada con el musulmán más pío de Ocaña y probablemente de Toledo. La buena musulmana entró en el puesto de ropa diversa, toda a 2 euros. El gitano, por su parte, gritaba desgañitándose: "Todo a 2 euros, todo a 2 euros". La buena musulmana revolvió en el montón de braguitas y semejantes. La buena musulmana encontró el tanga que buscaba en aquel montón. Era un tanga minúsculo. La buena musulmana sintió con horror cómo el gitano, todavía gritando, le decía: "Muy buen tanga, ¿eh? Muy buen tanga. ¿Te lo quieres probar?". La buena musulmana miró alrededor por si algún musulmán del pueblo hubiese sido testigo de aquel atropello a su intimidad y a su fe, pero tuvo suerte, ningún musulmán se había percatado de ello. La buena musulmana se sacó una moneda de dos euros del intrincado laberinto que suponía su casto vestido islámico y se los dio al gitano. "¿Te doy una bolsita?", preguntó el gitano, pero ella no dijo nada, se escondió el tanga entre las capas y capas de vestido islámico y salió a toda velocidad del puesto del gitano, quien, por su parte, seguía gritando toda su mercancía.
Cuando llegó a casa, la buena musulmana dejó el tanga encima de la cama. Agradeció a Alá haberla sacado airosa de aquella compra y le pidió tan solo a su dios que ojalá le gustase aquel tanga a su pío marido, aunque, bien mirando, pese a respetar las costumbres de su santo esposo, no conseguía entender por qué a él le gustaba pasearse en tanga por casa...


© Frantz Ferentz, 2012


Saturday, April 07, 2012

EL PEQUEÑO TROL ODIA LAS PRINCESAS


— Mamá, no me gustan las princesas, son unos seres estúpidos, ñoños, no quiero tener ninguna cerca, ¿vale?  —se quejó el pequeño trol a su madre.
La madre, tierna y comprensiva como cualquier madre, sonrió a su retoño, le acarició la cabeza con sus dos mechones de cabellos ralos y amorosamente le dijo:
— Está bien, mi amor, si no te gustan las princesas, no te las comas, pero envuelve bien los caballeros en verdura que tienen muchas proteínas...


© Frantz Ferentz, 2012

Friday, April 06, 2012

CUANDO LA VIDA FILOSOFA EN LA CARRETERA

Los adelantó una mierda de coche de más de 15 años. Como no podía ser de otra manera, a él lo fastidió. Conducía a unos prudentes 120 y el otro lo se atrevía a adelantarlos. Su orgullo se resintió. Estuvo por acelerar y dejar al otro atrás, pero tenía que ahorrar gasolina, se lo había prometido a su mujer. No obstante, unos kilómetros más adelante, se lo encontró parado en el arcén. El conductor del coche viejo estaba mirando el motor que echaba humo. Él, satisfecho, soltó un "que se joda" y le contó a su mujer que era un pecado que aquella chatarra aún circulase... hasta se le quedó mirando por el retrovisor, por lo que no se dio cuenta que se salía de la carretera y se quedó con medio coche colgando en el vacío. Él llamó inmediatamente a su seguro por el móvil para que le enviasen una grúa, pero una amable señorita le indicó que la única libre en aquella zona estaba prestando un servicio, precisamente al coche viejo que se había averiado kilómetros atrás. Él soltó un improperio y le contó la conversación a su mujer. Ella, serena, le comentó: "¿No has entendido el mensaje? La vida te quiere enseñar algo sobre cómo estás reaccionando desde hace un buen rato..." Él, sonriendo, le respondió: "Pues claro que lo he entendido. La vida me dice que esto me pasa por contratar seguros de mierda que te dejan colgado a la mínima..."


© Frantz Ferentz, 2012


Wednesday, April 04, 2012

PODEROSAS RAZONES PARA NO LAVARSE LA CABEZA



— Caballero, ¿no le da vergüenza presentarse aquí con ese pelo sucísimo? Se ve que no se ha duchado usted desde hace años.
—  Señora, cuando llueve, dejo que se me moje la cabeza.
—  Pues lo siento, pero con tanta suciedad en la cabeza, no puedo permitirle la entrada. Tendrá que lavarse la cabeza.
—  Huy, eso no va a ser posible... Mi cabellera es en sí misma un micro-ecosistema único, de flora y fauna, y está protegido por la UNESCO como reserva natural de la biosfera.
 

© Frantz Ferentz, 2012


LA DIGNIDAD ANTE LA TIRANÍA DEL ESTADO

El hombre se apoyó tembloroso con los codos en el mostrador. Le temblaba todo el cuerpo y respiraba con dificultad. Clavó sus ojos enrojecidos en los de la mujer, al tiempo que le decía:
— Ningún gobierno va a coartar mi libertad. Todos mis principios vitales son lo más sagrado que hay en mí. Soy capaz de no comer, de no dormir, por mantener mi integridad moral, por oponerme a la tiranía de un Estado opresor al que no le importo. Pero no me vencerán, soy un hombre íntegro, un hombre libre, aunque le pese al Estado. No voy jamás a renunciar a mis principios. Por eso, señorita, aunque lo hayan subido 25 céntimos, deme un paquete de Marlboro...


© Frantz Ferentz, 2012 



LA INSISTENCIA DEL SUICIDA



Lo intentaba constantemente. Se lanzaba contra autobuses, trenes, tranvías, camiones, autos o metros en marcha para intentar quitarse la vida. Pero era inútil. Por alguna extraña razón que no lograba entender, atravesaba cualquier vehículo como si el tren, el coche o el camión fueran holográficos. Era desesperante, él necesitaba quitarse la vida, quitarse del medio, odiaba su triste, mísera, nefasta existencia. Pero nadie, por desgracia, podía decirle que ya estaba muerto y que, por mucho que lo intentase, no iba a matarse dos veces.


© Frantz Ferentz, 2012




EL MISTERIO DEL HEDOR DEL SEÑOR RODRÍGUEZ



Todo el mundo evitaba acercarse demasiado al señor Rodríguez por aquel mal olor que emitía. Él mismo también era consciente de aquel pestazo, de hecho se duchaba cada tres horas y se bañaba en colonia. Pero era inútil. Era un misterio el origen de aquel ataque olfativo, que ni era ni por su aliento, ni por sus axilas, pero olía peor que una combinación de ambos. Lástima que nadie se diera cuenta de que el hedor penetrante del Sr. Rodríguez no emanaba de su cuerpo, sino de su conciencia.



© Frantz Ferentz, 2012