Monday, April 23, 2012

LA ABDUCCIÓN

Del modo más tonto me había hecho un corte en la mano con un cuchillo. Sangraba profusamente. Me asusté de verdad porque vivía sola en aquel pueblo desde hacía tres semanas, no conocía todavía a nadie. Temblaba. Me envolví como pude la mano en un trapo e hice para presión para intentar frenar la hemorragia. Sin embargo, el trapo estaba cada vez más rojo. Salí a la calle. Tenía terror a morirme sola y desangrada. Sabía que en algún sitio en el pueblo había un centro médico. Tendría que preguntar. Pero la calle estaba vacía del todo. Aquella calle y la siguiente y la siguiente y la siguiente y la siguiente... Todas las calles estaban vacías, no había nadie a las 8 de la tarde. Mi cabeza empezó a llenarse de paranoias. ¿Habrían evacuado el pueblo? ¿Habrían abducido a la gente? ¿O acaso se habían muerto todos y yo era la única superviviente? El trapo que llevaba alrededor de la mano ya estaba totalmente rojo de sangre. de hecho la sangre ya goteaba. Quise llorar, quise gritar... Estaba sola, tal vez me moriría en medio de la calle como un perro, desangrada. Jamás en mi vida había sentido una angustia tal, jamás...Y de repente, cuando ya había caído de rodillas sobre el asfalto, sonó una especie de rugido olímpico colectivo, perfectamente sincronizado: "¡Gooooooooooooooool!".

© Frantz Ferentz, 2012

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