Thursday, April 12, 2012

LA MULTA Y LA PENA

Llovía a rabiar. El cuerpo del agente de la guarda civil era una cascada. Casi sentí pena de él, casi... Mientras acababa de rellenar la multa que me ponía por exceso de velocidad dentro de su coche patrulla (la multa no se podía mojar), yo preparaba mi actuación de dar pena.
— Aquí tiene  —me dijo alargándome la multa.
— Agente, no me haga esto —mi voz sonaba desgarradora—. Si me pone esta multa, no llego a fin de mes. Ya sabe cómo es esto de la crisis. Tengo familia y no puedo dejar de pagar la hipoteca este mes...
El agente me contempló unos segundos, con el diluvio cayéndole encima. Sin decir palabra, se dio la vuelta, abrió el maletero del coche patrulla y sacó una caja bastante grande. Me pidió que abriera la puerta del coche, cosa que yo hice. Luego abrió la caja y pude ver que estaba llena de productos diversos, como los que venden en los vuelos, desde perfumes a cachivaches electrónicos, pasando por peluches y tabaco y licores. 
— Ya sé que la vida está muy dura  —me dijo —, por eso yo ayudo a vender los productos dutifrí a mi mujer, que es azafata de Ryan Air... Si me compra este perfume con esta botella de güisqui, le retiro la multa y además le regalo este llavero de peluche de una foca bebé...

© Frantz Ferentz, 2012

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