Wednesday, June 20, 2012

SUEÑA MIENTRAS PUEDAS (2)

En mitad de la pesadilla, recordó las palabras de su psicólogo: «Cuando estés en medio de la pesadilla, ríete de ella, de la pesadilla». Eso hizo, se rio de la pesadilla mientras caía por un precipicio sin fondo que se había abierto en el cuadrilátero de boxeo donde un gigante de dos cabezas y puños de acero lo estaba moliendo a golpes. Y justo entonces se despertó. Estaba satisfecho de sí mismo, había sido capaz de vencer a la pesadilla. Pero enseguida notó que le dolía un ojo. Se levantó, fue hasta el baño y se miró en el espejo. Lo tenía morado, muy hinchado. Al instante comprendió que la pesadilla tenía muy mala baba y no le iba a permitir que se riera impunemente de ella.


© Frantz Ferentz, 2012

SUEÑA MIENTRAS PUEDAS

Tenía ante sí tres columnas, perfectamente colocadas en el centro de la habitación. Pero no se trataba de columnas de piedra, sino de papel. Y no de cualquier papel, sino de exámenes. Un cálculo rápido, atendiendo a la altura de cada columna, le daba unos  700 exámenes para corregir. Y tendría que corregirlos en tan solo una semana. No pudo evitarlo. Lanzó un alarido inhumano. Se despertó en ese momento, incorporado en la cama, sudando. Su mujer se asustó, le preguntó que qué le pasaba. Él le explicó cuál había sido el sueño. Ella le acarició las sienes y trató de tranquilizarlo. Le recomendó volver a dormir porque, en realidad, le tuvo que recordar que tenía unos 1200 exámenes por corregir para dentro de tres días. Él le hizo caso, tomó un sorbo de agua, se dejó caer en la cama y buscó entre sus recuerdos la pesadilla que lo había atenazado, porque era mucho más llevadera que la realidad que lo esperaba...

© Frantz Ferentz, 2012


Sunday, June 17, 2012

CONSEJOS DE PADRE

— ¿Qué haces, cariño?
— Preparo un examen, papi.
— ¿Y cuándo lo tienes?
— Mañana.
— Vaya, hombre, otra vez estudiando solo la víspera. Desde luego, hija, mira que te lo tengo dicho, no se puede estudiar un examen solo el día antes...
— Pero, papi, si ya sabes que yo quiero llegar tan lejos como tú en la vida, al menos ser catedrática de Derecho como tú.
— Pues estudiando así, no lo vas a conseguir, entérate.
— Cómo que no, pero si la abuela me ha dicho que tú eras igual, que solo estudiabas la víspera de los exámenes, así que...



© Frantz Ferentz, 2012

Sunday, June 10, 2012

PREGUNTAS INDISCRETAS (3)

El día que Alberto cumple ocho años, su madre decide que tiene que llevarlo a la sede del partido conservador, su partido de tres generaciones. Está orgullosísima de él por su madurez.
— Presidente, este es mi hijo Alberto, un futuro dirigente de nuestro partido.
El presidente primero se rasca la barba y luego le acaricia el mentón al niño que mantiene los ojos clavados en él.
— Qué ricura de criatura. Enhorabuena Clara Mari. Y dime, Alberto, ¿tú qué quieres ser de mayor?
Alberto, sin dudar, responde:
— De mayor quiero ser yo mismo, presidente.



© Frantz Ferentz, 2012

Thursday, June 07, 2012

LA FUERZA MÁS PODEROSA DE LA NATURALEZA

No, no intentes luchar contra mí. Déjate llevar, cede a mí, sabes que soy la fuerza más poderosa de la naturaleza, nada se me opone. Ven, sucumbe, déjate arrastrar, te sentirás mejor, ¿ves? Ya lo notas, no luches, no, cae, ven, confía, eres feliz, te diluyes en mí, nada ya te preocupa... Eso es, ha sido fácil, ¿ves?, como todos los días, a esta hora, cuando yo, la hora de la siesta, siempre te venzo...


© Frantz Ferentz, 2012

Tuesday, June 05, 2012

EL PORQUÉ DE MI RELIGIÓN

Siempre me han preguntado cómo una persona como yo se pudo hacer mormón. Bien, podría haberme hecho musulmán, porque la razón sería la misma: la poligamia. ¿Acaso creen que me he casado con seis mujeres por diversidad sexual? Pues no. Verán, la verdadera razón de que yo profese esta fe estriba en mi amor por los idiomas. Fue a raíz de lo que me dijo mi profesor de idiomas en el instituto: "los idiomas solo se aprenden de verdad casándote con una nativa". Y eso es lo que he hecho: para aprender los seis idiomas que sé me he casado con seis mujeres nativas de seis idiomas distintos. Y como estaba prohibida la poligamia en mi religión, me hice mormón, que me permite tener seis esposas y poder practicar seis idiomas distintos en casa... 



© Frantz Ferentz, 2012

EL NIÑO CUBIERTO DE MERMELADA


— Almira, ¿has visto cómo está el niño cubierto de mermelada enterito?
— Sí.
— Pues qué asco, ¿no?
— No es mermelada, es sangre.
— Ah, menos mal, ya me había asustado...

© Frantz Ferentz, 2012

Saturday, June 02, 2012

PREGUNTAS INDISCRETAS (2)


— ¿Y qué quieres ser de mayor?

— Pues gilipollas.

— ¡Pero niño, no digas eso! ¿Cómo se te ocurre?

— Pues porque en el cole siempre me dicen que de mayor me tengo que parecer a mi papá, y cuando le pregunto a mi mamá cómo es mi papá, ella me dice que es un gilipollas...


© Frantz Ferentz, 2012

PREGUNTAS INDISCRETAS



— Huy qué niño tan rico. Dime, guapo, ¿a quién quieres más, a mamá o a papá?
— Doña Roberta, no le haga esas preguntas a la criatura...

— Cállate, qué sabras tú, a lo mejor te llevas una sorpresa y eres una mala madre. A ver, chiquitín, ¿a quién quieres más, a papá o a mamá?
— Yo no tengo papá...
— Pobrecito, ¿eres huerfanito?
— No, es que yo tengo dos mamás.



© Frantz Ferentz, 2012

SIEMPRE ES CUESTIÓN DE ENVIDIA


— Estos gilipollas me tienen envidia, lo sé, por eso nunca me han concedido ningún premio pese a ser un gran artista, porque lo soy...

— ¿Pero tú te has presentado alguna vez a un premio?

— Yo no, ¿para qué?



© Frantz Ferentz, 2012

COSAS BONITAS

— ¿Y a mí por qué nunca me decís cosas bonitas?
— Porque no las entiendes.
— ¿Cómo?


© Frantz Ferentz, 2012

Friday, June 01, 2012

MUJER A LA CAZA


Ella coincidió en pasar por debajo de aquel hotel en apariencia en restauración. Se detuvo un momento en la acera. Sus fosas nasales se abrieron, sus pupilas se dilataron, sus dientes de arriba mordieron sus labios de abajo. Y a continuación buscó la puerta. Aparentemente estaba cerrada. Aparentemente. Dentro una especie de vigilante dormitaba, pero cuando quiso reaccionar ante la entrada repentina de ella, ya era demasiado tarde, porque la mujer subía decidida las escaleras, ágilmente, hasta que alcanzó la segunda planta. Corrió por el pasillo y alcanzó enseguida la puerta donde sabía que encontaría lo que encontraría. La abrió de una patada y, efectivamente, allí se encontró a su marido en plena faena con una prostituta. El marido cazado y la prostituta interrumpieron la fiesta. Otros huéspedes del hotel en restauración, en realidad un prostíbulo en pleno centro, acudieron tímidos a ver qué pasaba.

El marido se levantó y se acercó a ella. Lo que más le fascinaba no es que lo hubiera descubierto, sino cómo lo había descubierto, por eso no se cortó a la hora de preguntarle:
— Vale, soy un putero sin remedio lo reconozco, pero ¿podrías decirme cómo me has descubierto?
Ella se dio la vuelta y se volvió por donde había venido. Se guardaría para sí aquel pequeño secreto: nunca exageraba cuando afirmaba que era capaz de oler el hedor de los pies de su marido a medio kilómetro de distancia.
© Frantz Ferentz, 2012