Sunday, July 08, 2012

EL ARQUEÓLOGO

Los arqueólogos descubrieron una botellita de plástico al lado del cadáver en la cámara mortuoria como una de las pertenencias más queridas del difunto. Debía datar de, al menos, tres siglos atrás. El jefe de la expedición, Dick Smith, se llevó la botellita de color rojizo a su propio estudio, el de casa. La dejó allí, junto al microscopio. Aquella misma noche pretendía comenzar su análisis, pero antes se fue a dar una ducha.
Al acabar la ducha, su mujer ya lo esperaba con la cena preparada, un delicioso arroz al curry con salsa. El olor delicioso del plato hizo que Dick olvidase sus empeños científicos y acudiese a cenar.
— Delicioso como siempre, mi amor  —la felicitó él.
— El mérito no es mío, sino de esa salsa agridulce que trajiste de algún restaurante chino. Le ha dado un sabor estupendo —respondió ella.
Dick Smith no quiso levantarse de la mesa. No quiso ir a ver si seguía en su estudio la botellita de la excavación. Pero de lo que no había duda era de que el contenido de aquel recipiente era, efectivamente, salsa agridulce china del pasado y que, por tanto, ya no necesitaba ser analizado.


© Frantz Ferentz, 2012

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