Saturday, September 01, 2012

LITERALMENTE


— Me fascina que puedas ser el hombre más encantador del mundo cuando estás conmigo y luego, cuando sales por la puerta de casa, seas una bestia despiadada —dijo Maribel en tono divertido a su novio, policía antidisturbios.
Él le dio un trago a su cerveza, acarició tiernamente el cabello de ella y le dijo:
— Es fácil, solo hay que dejar la conciencia en casa... —respondió él lleno de ternura hacia ella.
— No, en serio, dime cómo lo haces —insistió ella mimosa.
— No es ninguna metáfora, cuando salgo de casa, dejo la conciencia aquí... ¿Ves esa cajita de ébano en el taquillón de la entrada? Pues cada vez que salgo, dejo allí la conciencia y cuando vuelvo la recojo... 
Ella se rio a carcajadas. Qué encanto de novio. Pero su curiosidad se la comía. Maribel, al día siguiente por la mañana, después de que su novio saliera a trabajar, fue a ver qué había en la cajita de ébano. La abrió, pero no vio nada. Volvió a cerrarla. Cuánta fantasía tenía. Podía haber sido cuentista...
Por la tarde, el novio antidisturbios volvió del trabajo. Había sido una jornada dura de pegar a manifestantes furibundos. Un rato después de entrar, Maribel oyó desde la cocina los gritos histéricos de su novio que le decía en un tono totalmente desacostumbrado, más propio de su trabajo:
— Pero so cabrona, ¿qué has hecho? ¿A qué has abierto la cajita de la conciencia? Pues se ha escapao. Ahora me pasaré toda la puta noche buscándola por casa.

© Frantz Ferentz, 2012

2 comments:

Sara Lew said...

Genial. Muy bueno. Un saludo.

Frantz Ferentz (Xavier Frías Conde) said...

Gracias por tus comentarios y tu visita. Un abrazo.