Saturday, January 05, 2013

HACE TANTO TIEMPO...



— Creo que ya va siendo hora de que nos veamos —comentó él—. Tengo la impresión de que el imán de nevera que te compré de regalo hace tanto, tanto tiempo ya se ha desimantado...
— Vamos, no digas tonterías —dijo ella, consciente de que sí, que al final el tiempo había volado y ellos no se habían visto por culpa suya, de ella—. Venga, quedamos este fin de semana, no se hable más. Te invito a comer y me traes por fin ese suvenir del imán.
Cuando abrió la puerta de la casa, ella casi no lo reconoció a él. Sí, había pasado mucho tiempo. ¿De verdad tanto? Él le tendió un envoltorio minúsculo. El papel de regalo ya estaba descolorido. Ella lo abrió. Se encontró un pequeña imán de nevera con forma de nalgas.
— No creo que ya se te pegue a la nevera —le dijo él.
— Anda, trae... —replicó ella quitándoselo de las manos.
Se lo llevó a la cocina e intentó dejarlo pegado a la puerta del frigorífico. Pero no, él tenía razón, el imán estaba ya desimantado. Efectivamente, había pasado demasiado tiempo. Pero ella no se rindió, no iba a reconocerle que él tenía razón. Se sacó el chicle de la boca, separó un pedazo y lo pegó en la parte trasera del imán. Luego colocó el imán con forma de nalgas en la nevera. Se quedó pegado.
— Ven a verlo —le gritó ella—. ¡Verás como el imán sí se sujeta a la nevera, exagerado!

Frantz Ferentz, 2013

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