Sunday, February 10, 2013

LA BOMBA DE CONCIENCIA

La jueza recorrió toda la calle mirando al suelo, rodeada de diez policías y con el secretario judicial pegado a ella. Todos los insultos inventados y por inventar le llovían encima, pero ella no hacía más que repetirse que era su trabajo, que si la gente no pagaba la hipoteca, había que desahuciarla.
Cuando llegaron a la casa, el dueño, contrariamente a lo habitual, estaba tranquilamente apoyado en la pared de fuera. Sonreía, con un brazo apoyado en la pared y fumando tranquilamente. No era normal. Pero la jueza, demasiado nerviosa para pensar con calma, dijo a uno de los agentes:
— Proceda.
El agente comenzó a romper la cerradura con una maza. Se notaba que tenía experiencia en ello. El desahucidado seguía sonriendo.
La puerta cedió. La jueza dejó que dos agentes entrasen antes, por si acaso. Parecía que no había peligro. Entró ella seguida del secretario, tan timorato como ella. Y entonces... sonó la explosión. Pero no fue una explosión de una bomba o un cóctel, fue una explosión como de aire que estalla. La jueza, el secretario y los cinco policías que entraron con ellos salieron tosiendo y llorando, sí, sobre todo llorando. El desahuciado se reía como un niño. Los vecinos que rodeaban la casa también. La jueza, sacando fuerzas de flaqueza, se encaró al dueño de la casa y le dijo:
— Esto es un ataque a la autoridad... se arrepentirá —amenazó ella llorando.
— Señora —le dijo el desahuciado tirando el cigarro al suelo y pisándolo—. Ya lo he perdido todo. Si me mete en la cárcel, hasta comeré caliente y tendré cama gratis. Solo les he hecho estallar una bomba de conciencia. Por eso usted y sus secuaces están llorando...
Unos minutos después, la médico de urgencias, en la ambulancia, le daba un colirio contra lo que había estallado en el piso. La jueza juró venganza mientras oía fuera las carcajadas de los vecinos, pero algo dentro de ella se lo impedía. No, no podía vengarse... Tal vez aquel desahuciado, efectivamente, había inventado una bomba de conciencia... Tal vez sí... Lejos estaba de imaginar que el dueño de la casa tan solo había hecho estallar una bolsa de simples polvos picapica, pero talvez sí, tal vez los polvos picapica podían llegar a ser una bomba de conciencia porque enseñaban a llorar a quien no sabía.

Frantz Ferentz, 2013

Friday, February 08, 2013

EN EL BAZAR CHINO


Entré en el bazar chino como último recurso. Dos cervezas, una bolsa de patatas grandes...
— ¿Cuánto cuestan las patatas fritas? —le pregunté al chino calvo, el único chino sin pelo en la cabeza que había visto nunca.
— Un eulo ochenta —me respondió.
Cogí las patatas, pues, me acerqué al mostrador. El chino tenía el pan recién sacado del horno.
— Y una barra de pan —le dije.
— ¿Una bala de bang—me preguntó él.
— Sí.
— ¿Segulo que quieres bang?
— Seguro.
Ahora contemplo al chino calvo sonriendo, con su sonrisa idiota, quizás no tan idiota, retenido por un policía, mientras un sanitario intenta que mi corazón vuelva a latir, pues el muy tonto ha dejado de latir a causa de esa bala que me ha atravesado el esternón. Pero lo que más me jode de todo esto es que yo soy profesor de fonética y que este incidente me lo podría haber ahorrado si algún día me hubiera molestado en enseñar al chino a percibir y pronunciar correctamente el español...


Frantz Ferentz, 2013

Tuesday, February 05, 2013

DONDE RADICA EL GLAMUR



Ella abrió la puerta de su casa en calcetines. Él, agudo observador, se percató enseguida del agujero en el calecetín derecho por el que asomaba el dedo gordo sonrosado. Ella se dio cuenta de que él había descubierto aquel agujero embarazoso. 
— Me has pillado en un mal día —dijo ella—. Un agujero en el calcetín no es nada glamuroso, parece que asoma un tomate.
— Al contrario —replicó él—. Es de lo más glamuroso. Fíjate, si parece que tu tomate está a punto de florecer.
Ella sonrió y se miró el agujero. Por un instante le pareció que, efectivamente, su dedo rojizo estaba a punto de florecer, por un instante creyó ver unos pétalos amarillos...


Frantz Ferentz, 2013

Sunday, February 03, 2013

LA FAMA POR UN NOMBRE (O LA HISTORIA DE UN BABOSO)



El autodenominado escritor estaba seguro de que la periodista que lo entrevistaba acabaría en la cama con él si conseguía impresionarla. No en balde, uno de los motivos por lo cuales se dedicaba al oficio de escritor era para tener una vida sexual activa y variada a base de impresionar a las mujeres con su labia.
— Me chocó bastante —le comentó la joven periodista cruzando las piernas comenzando la entrevista— que usted, señor Rodríguez, escogiese el nombre literario de Piter Natura. ¿Es por alguna razón especial?
Piter Natura supo que su momento con la bella periodista había llegado. Tan solo tendría que contarle su secreto:
— Verá usted, guapísima señorita. ¿No es cierto que Pablo Neruda ganó el Nobel de Literatura en 1971?
— Sí, pero no le veo relación con usted...
— Se equivoca. Pablo Neruda buscó su nombre artístico para que rimase con Nobel de Literatura. Observe: Pablo Neruda, Nobel Literatura, ¿lo ve?
— Es un poco...
Pero Piter Natura la interrumpió:
— Por eso, yo me puse Piter Natura, Nobel de Literatura. Así, mi nombre ya es proclive al premio, rima con él.
La joven periodista, ya harta de aquel cretino calvo y con ojos de besugo, le espetó:
— Señor Rodríguez, que sepa que cuando anuncian el premio, lo hacen en inglés, de modo que Piter Natura, no rima con Nobel Prize of Literature.
Dicho lo cual, la joven periodista descruzó las piernas, se guardó la grabadora, se levantó y se fue, dejando a Piter Natura en la encrucijada de si cambiarse o no su nombre artístico por algo que rimase con "lítracha", pero solo se ocurría "cucaracha", que ni siquiera rimaba del todo.

Frantz Ferentz, 2013