Friday, February 08, 2013

EN EL BAZAR CHINO


Entré en el bazar chino como último recurso. Dos cervezas, una bolsa de patatas grandes...
— ¿Cuánto cuestan las patatas fritas? —le pregunté al chino calvo, el único chino sin pelo en la cabeza que había visto nunca.
— Un eulo ochenta —me respondió.
Cogí las patatas, pues, me acerqué al mostrador. El chino tenía el pan recién sacado del horno.
— Y una barra de pan —le dije.
— ¿Una bala de bang—me preguntó él.
— Sí.
— ¿Segulo que quieres bang?
— Seguro.
Ahora contemplo al chino calvo sonriendo, con su sonrisa idiota, quizás no tan idiota, retenido por un policía, mientras un sanitario intenta que mi corazón vuelva a latir, pues el muy tonto ha dejado de latir a causa de esa bala que me ha atravesado el esternón. Pero lo que más me jode de todo esto es que yo soy profesor de fonética y que este incidente me lo podría haber ahorrado si algún día me hubiera molestado en enseñar al chino a percibir y pronunciar correctamente el español...


Frantz Ferentz, 2013

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