Thursday, October 24, 2013

EL DÍA EN QUE JOHN WAYNE VIAJÓ EN UNA AEROLÍNEA DE BAJO COSTE

(Historia basada en hechos reales)

Fue durante un vuelo Madrid-Milán. Yo iba sentado en el asiento del pasillo. A mi lado iba un latin lover español y en la ventanilla una italiana con cara de aburrida. Al poco de despegar, mi vecino comenzó a cortejar a la italiana. Él le contaba en español todas las batallitas que se le venían a la boca, mientras ella solo respondía de vez en cuando con monosílabos, la mayoría ininteligibles, por lo que no había manera de averiguar si respondía en español, en italiano o en malayo. 
Al llegar a la altura de crucero, pasaron con el bar ambulante del avión. Una azafata con rasgos indios preguntó a mi vecino:
— Mi scusi, vuole prendere qualcosa?
Mi vecino, todo ufano, respondió:
— Un café en vaso pero con leche templada.
Lo pidió en español porque, como es bien sabido, en Europa, y hasta en el planeta, casi todo el mundo entiende el español, y más aún los italianos.
La azafata, no obstante, se lo quedó mirando. Era inconcebible, pero ella no había entendido. Él le guiñó un ojo a la italiana de los monosílabos y repitió el pedido, pero ahora en inglés y en un tono aún más ufano:
— Coffee with milk, but can you cold her?
Se oyó un ataque de risa alrededor. Mi compañero de asiento debió percatarse, pero no se dio por aludido, porque se había esmerado con la pronunciación; el "her" había sonado a película de John Wayne, todo genuino. La azafata, toda seria, le sirvió un café como le vino en gana. Luego, pasó de largo.
No sé por qué en ese momento me dirigí a él en un tono casi susurrante. No sé si me daba pena o vergüenza ajena por aquello de compartir pasaporte, la cuestión es que le expliqué que "enfriar" en inglés se dice "get cold". Él lo de "get" no lo pillaba. Me confesó que él desde el colegio había tenido problemas con el "get" y me preguntó, en confianza, si se podría usar otro verbo. Le comenté que, bueno, podría usar "be", pero que lo hiciera con cuidado, como si se tratara de un restaurador de cuadros en medio de su faena con la paleta.
Me dio las gracias y siguió atacando a la italiana, que ya ni se molestó en soltar monosílabos el resto del viaje.
Una vez en Milán, yo tenía que coger otro avión a Praga. Al volver a la zona de embarque, me encontré a mi vecino pisándome los talones. Hice lo posible por perderlo de vista. Pasé delante de dos policías femeninas. Mi corazón me dio un vuelco. No pude evitar girar la cabeza. Ellas lo habían parado para pedirle la documentación (no sé qué le verían). Él, todo desbordante de encanto hispano, se quitó la chaqueta, supongo que para ofrecer una mejor vista de sus pectorales, y les dijo en su mejor inglés: 
— Please, let me, I am hot...
Ya no quise ver más. Seguí mi camino y me dirigí directamente al bar a tomar un capuchino espumoso con chocolate. 

Frantz Ferentz, 2013

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