Saturday, October 19, 2013

IRREALIDAD VIRTUAL

Llovía salvaje, despiadadamente durante el entierro de P. Bell. Solo dos conocidos acudieron al entierro, además del sacerdote de turno y un empleado del cementerio. Uno de ellos era su psiquiatra y el otro era compañero de piso. Ambos sentían remordimientos, de alguna manera se sentían culpables de la muerte de P. Bell, pero ninguno lo iba a reconocer.
— ¿Y usted sabe realmente por qué se ha suicidado? —preguntó el compañero de piso saboreando el agua de lluvia que se le posaba en los labios.
El psiquiatra, bajo un minúsculo paraguas, no dejaba de contemplar cómo un empleado echaba tierra en la tumba. Tardó unos segundos en responder:
— Por culpa de una tecla...
— ¿De una tecla?
— Sí —explicó el psiquiatra—, de la tecla Deshacer. Nunca fui capaz de hacerle entender que la tecla Deshacer solo se usa en la vida virtual, no en la vida real. Él no soportaba la realidad...
El compañero de piso también centró su atención en las paletadas de tierra que caían sobre el féretro. También el compañero de piso se sintió culpable. Nunca debía haber abroncado a P. Bell por querer convertir su habitación en una simulación de torre de ordenador, por querer dormir en un disco duro. Pero ya era demasiado tarde... Sí, era una lástima que en la realidad no existiese la tecla Deshacer, o al menos la de Escape.
Ninguno de los dos podía imaginar que aquel Packard Bell, dentro del féretro, incapaz de moverse, no estaba muerto y, además, lanzaba un chillido inaudible al oído humano diciendo: "¡Que estoy vivo, que estoy vivo!"


Frantz Ferentz, 2013

4 comments:

Vichoff said...

¡Uf! ¡Qué final!
Muy bueno, Frantz.
Seguiré viniendo por aquí.
:-)
Saluti affettuosi.

Xavier Frias Conde said...

Gracias, Vichoff, eres siempre bienvenida. Carissimi saluti

JOSEP Mª Panades said...

Siempre son bienvenidas las sorpresas finales. Te hacen releer la historia para saborear el nuevo enfoque y disfrutar así dos veces de la misma lectura. Un saludo.

Xavier Frias Conde said...

Gràcies, Josep. Una abraçada