Wednesday, November 06, 2013

CURSO SUPERIOR DE USO DE UN CAJERO AUTOMÁTICO


El tipo tocaba con parsimnia las teclas en el cajero. Luego se paraba. Volvía a teclear. Hasta que finalmente dejó de teclear. Y solo se dedicó a mirar la pantalla. A veces tecleaba rápidamente con los dedos en la pared del cajero, pero no en el teclado.
Fonso, desde fuera, se estaba poniendo cada vez más nervioso.
"¿Ese hijo puta a qué juega?", le pregunto a su novia Toñi.
Pero Toñi no respondió solo se encogió de hombros e hizo una pompa con el chicle que le estalló en la cara.
El tipo de dentro seguía inmóvil, observando la pantalla, como si nada. Transcurrieron al menos cinco minutos. Fonso había ya soltado toda su retahíla de tacos, por lo que tuvo que volver a empezar. También fuera se iba formando una fila cada vez mayor. Finalmente, el tipo de dentro sacó la tarjeta y retiró unos billetes. Luego, con toda la calma, se dirigió hacia el exterior.
"Ahora no seas una mala bestia", pidió Toñi a Fonso. "No le partas la cara que te conozco".
Fonso quiso demostrar que él era un tipo con clase.
Ironía. Sí, ironía, actuaría con ironía. Cuando el tipo estaba saliendo, con la cabeza gacha, Fonso le dijo:
"¿Qué pasa, colega, que has tardao tanto porque estaban fabricando el dinero?"
Pero el tipo siguió de largo, asintiendo con la cabeza, sin responder, como si aquello no fuera con él.
Fonso entró en el habitáculo del cajero acompañado de Toñi. Metió la tarjeta en el cajero. Se trataba de una caja de más de dos metros de alta por medio metro de ancha y también de honda, pegada a la pared, de un feo color amarillo roñoso.
En ese momento, en el visor del cajero apareció una frase:
«Este cajero está en fase de automantenimiento. Espere unos minutos o acuda al cajero más próximo».
Ahí ya Fonso perdió los nervios.
"¡Unos cojones!", gritó fuera de sí y empezó a dar patadas y manotazos al cajero, al tiempo que lo insultaba.
De repente, una pequeña puerta se abrió en un lateral. Por ella salió un gnomo que llevaba una lente de aumento, a modo de lupa, sobre un ojo y un pincel en la mano. Vestía una bata de pintor, que estaba toda llena de manchas de colores.
El gnomo se plantó ante Fonso al tiempo que le dio una patada en la espinilla, pese a su pequeño tamaño. Fonso se lo quedó mirando sin dar crédito a sus ojos. Luego el gnomo le dijo:
"Pero animal, si das esos mamporros, ¿cómo quieres que fabriquemos el dinero sin que se nos corra la tinta?"


Frantz Ferentz, 2013

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