Sunday, November 03, 2013

SUEÑOS ERÓTICOS CON LA VECINA

Enrique entró en el ascensor con su mujer. 
Justo cuando se cerraba la puerta, entró Quira, la vecina joven y guapa de enfrente. 
Puso el pie entre las puertas y sonrió a modo de saludo y disculpa. 
Luego se colocó de espaldas a Enrique y su mujer. 
Durante el trayecto de descenso, Enrique miraba de reojo aquella espalda que se abría en un generoso escote hasta la mitad y que se le antojaba una estepa salvaje hecha solo para cabalgarla.
Le parecía estar oyendo los gemidos de Quira mientras él le besaba al galope la espalda.
El aroma de ella le resultaba más que familiar, le parecía incluso parte de su vida.
Entonces se dio cuenta de que su mujer lo miraba con cara de perro.
Tal vez adivinase sus fantasías eróticas con la vecina.
Dejaron salir a Quira que se despidió con un suave hasta luego.
Enrique solo le dijo a su mujer cuando ella estuvo ya fuera del portal:
"Te juro que no tengo nada con esa señora, si es lo que estás pensando".
"Ya, pero no será por falta de ganas", le soltó ella.
Salieron juntos.
Una vez fuera, volvió a recordar aquella espalda.
Recordó aquel lunar que él besaba con fruición como si fuese un cráter...
Pero, alto, ¿cómo sabía él lo del lunar?
Enrique, en ese momento, tuvo una pequeña taquicardia.
Ató cabos.
Él era sonámbulo.
Y de vez en cuando, caminando en sueños, viajaba en ascensor en mitad de la noche.
Sospechó, sí, sospechó, que Quira también era sonámbula.
Eso explicaba muchas cosas.
Como que realmente cabalgaba con sus labios la espalda de ella y conocía todos sus recovecos.
Según abría la puerta del coche y sin mirar a su mujer a los ojos deseó en el fondo de su alma despertar la siguiente noche cuando estuviese con Quira en el ascensor.
Deseó que su mujer nunca se enterara y, si fuera posible, despertar una noche en medio del sexo fogoso con Quira.
Ya en el auto, él metíó la llave en el arranque del coche y puso el motor en marcha; mientras tanto, ella sonreía para sus adentros felicitándose por su idea de hacerse pasar por la vecina durante las noches de sonámbulo de su marido.

Aquellas noches tenía el mejor sexo del mundo.

Frantz Ferentz, 2013

3 comments:

Frida said...

¡Qué astuta! Debe ser verdad eso que dicen de que el hambre agudiza el ingenio :-)

Raquel.M.Ponce said...

Ay!! Las cosas que se llegan a hacer por amor...o por sexo??

Xavier Frias Conde said...

Yo, felizmente, tengo una vecina que es un cruce de camella y morsa. Encima vivo en un primero, de modo que el ascensor ni lo uso... ¡Libre de tentaciones!